Hace 90 años: Muerte y Terror en los ocho pueblos de la Vega Media del Guadalquivir. 311 Víctimas de la Represión Militar-Fascista en Julio y Agosto de 1936

Ramón Barragán Reina

Entre los días 26 y 30 de julio de 1936, al ser ocupados militarmente los pueblos de la Vega del Guadalquivir, la alianza militar-terrateniente puso en marcha, sin perdida de tiempo, una represión violenta, brutal, despiadada, sistemática, premeditada y perfectamente organizada, con carácter piramidal, aplicando el Bando de Guerra dictado por Queipo de Llano el 18 de julio. Comenzaba para estos pueblos el episodio más dramático, trágico y sangriento de la lucha de clases en España, la Guerra Civil, que se saldó con la derrota total de la clase obrera, especialmente de los obreros del campo, y de todos aquellos que querían que España entrase en una época de libertad, progreso y modernidad.

El día 26 de julio la columna dirigida por los comandantes Rafael Corrales Romero y Francisco Buiza Fernández-Palacios, entró en La Algaba, que ya había sido controlada por la Guardia Civil. Allí procederán a la usurpación del poder local con la constitución de la Comisión Gestora del Ayuntamiento, que fue presidida por Nicolás Carranza Géniz. Pedro Clavijo Cabrera, Alcalde durante la República, fue condenado en 1939 a cadena perpetua, siendo trasladado a Talavera de la Reina para trabajar como esclavo de Franco. En los meses de julio y agosto de 1936, la represión militar-fascista alcanzó a 25 algabeños identificados (se conocen sus datos personales), de ellos, 1 asesinado en el mes de julio en Sevilla y 1 en el mes de agosto en la misma localidad, de ambos conocemos la fecha. Además, otros 23: 20 sin fecha (14 en Sevilla, 3 en Valencina, 1 en Niebla, 1 en La Rinconada y 1 en Guillena) y 3 sin fecha y sin lugar. Todos por la aplicación del Bando de Guerra (BG), asesinando en total a 40 algabeños, por lo que 15 lo fueron en  meses posteriores.

 nas horas más tarde llegaron a Alcalá del Río, que desde el día 25 de julio la localidad estaba ya controlada por la Guardia Civil, al haber huido dirigentes políticos y sindicales, junto a otros muchos vecinos. La C. Gestora municipal quedó preidida por José Velázquez Quiles. José González Delgado, alcalde socialista en 1936, sufrió prisión al terminar la guerra y fue desterrado, no pudiendo volver a Alcalá hasta 1948. En elmes de agostoentre el 3 y 29 fueron asesinados por BG un total 41 alcalareños identificados:  6 con fecha conocida (2 en Sevilla, 2 en Villaverde del Río, 1 en Alcalá del Río y 1 en la carretera de La Algaba, y 35 sin fecha y sin lugar (uno de ellos en Sevilla). En los meses posteriores otros 13 alcalareños serían asesinados por el mismo procedimiento. En total Alcalá del Río cuenta con 54 víctimas de la represión militar-fascista por BG.

Burguillos, a las 18 hora del día 26, fue ocupada militarmente por la columna de Ramón de Carranza Gómez, terrateniente de La Rinconada y Alcalde de Sevilla, nombrado por Queipo de Llano. Delante del Ayuntamiento, mientras una banda de musica recorría el pueblo, realizaron los tres primeros asesinatos, o sea, fueron “pasados por las armas”. Sus cuerpos cargados en un carro para ser enterrados en una fosa detrás del cementerio. Se constituyó en el Ayuntamiento la C. Gestora, siendo nombrando alcalde a Manuel Medina. Manuel Brenes Macedo, Alcalde en 1936, fue asesinado el 28 de diciembre en Sevilla, Pedro Brenes Cantón, alcalde en 1931, falleció en la Colonia Penitenciaria del Dueso (Cantabria) en enero de 1942, y Antonio Pérez Mayo, Alcalde en julio de 1936, estuvo preso hasta 1940. En total 4 burguilleros identificados fueron asesinados en julio por BG: 3 -ya reseñados- y 1 más el mismo día de la ocupación militar y en el mismo lugar. En meses posteriores a otros 7 burguilleros los asesinaron por el mismo procedimiento

Brenes fue controlado por la Guardia Civil el día 26 sin oposición con el apoyo de falangistas y derechistas locales. En reunión presidida por el sargento de la Guardia Civil Francisco Cuevas Rodríguez, se constituyó la C. Gestora, que quedó presidida por Antonio Martínez Durán. Manuel Gálvez Millán, alcalde en 1936, estuvo preso y trabajó como esclavo de Franco en el Canal de los Presos. En total 27 breneros identificados fueron asesinados por BG: 2 en agosto, en Brenes y en Villaverde del Río, y otros 25, de los que de 20 se desconoce fecha y lugar y de 5 solo el lugar: 4 en Sevilla y 1 en Sanlúcar la Mayor. En meses posteriores otros 13 breneros fueron asesinados por el mismo procedimiento. En total Brenes cuenta con 40 víctimas asesimadas por aplicación del del BG.

Villaverde del Río fue controlado por la Guardia Civil el mismo día 26, deteniendo en locales del Ayuntamiento a unos 16 vecinos, entre ellos al alcalde de la localidad, algunos concejales y  dirigentes sindicales. Un día después, procedieron a nombrar la C. Gestora, que quedó presidida por Manuel Lara Vargas, que sustituirá a Baldomero González, alcalde socialista de Villaverde, asesinado el 22 de agosto. El día 30 de julio pasó por el pueblo la columna militar de Gutiérrez Pérez que confirmó lo ya realizado. En total 18 villaverderos identificados fueron asesinados por BG: los 16 detenidos, el día 22 de agosto, fueron asesinados en las tapias del cementerio de Alcalá del Rio y otros 2 sin fecha ni lugar conocido. En los meses posteriores asesinaron por el mismo procedimiento a 2 villaverderos más , siendo 20 el total de villaverderos asesinados por aplicación del BG.

El día 27 de julio, La Rinconada fue ocupada por fuerzas militares al mando del capitán Pedro Castro Lasarte, aunque desde horas antes estaba ya bajo el control de la Guardia Civil, tras huir los dirigentes políticos y sindicales y muchos vecinos. La C. Gestora quedó formada por Rafael Sánchez Fernández, como presidente. En este caso, Antonio Falcón Ariza, último alcalde republicano, tuvo que estar presentes. Terminado el acto, se fue a su casa, pero -temeroso por lo que ocurría- estuvo los tres años de la guerra escondido en el campo o su casa entre paredes, saliendo a algunas horas a escondidas. En 1939 lo detuvieron, fue absuelto, pero enviado al Batallón de Trabajadores de Almoraima en el Campo de Gibraltar por un tiempo indeterminado. En total 18 rinconeros identificados fueron asesinados por BG: 1 en julio en Brenes y 9 en agosto en Sevilla y otros 8 sin fecha ni lugar conocidos. En meses posteriores otros 3 rinconeros fueron asesinados por el mismo procedimiento, por lo que el total de asesinados por aplicación del BG fueron 21.

El 30 de julio de 1936 la columna militar de José Gutiérrez Pérez salió de Sevilla en dirección a Cantillana y Tocina.[1] Cuando los militares sublevados divisaron Cantillana, con un cañón del siete y medio en El Cortijillo hicieron tres disparos: uno dio cerca de la Ermita de la Soledad, haciendo huir a muchos vecinos; otro cayó al inicio de la calle Convento, y un tercero, pasó de largo y llegó cerca del Barquete, lugar por donde se cruzaba el Guadalquivir. Continuaron el avance por la carretera A-436 y cruzaron el río Viar por el vado del antiguo camino para eludir pasar por el puente. Continuaron de forma imparable el pueblo. Se produjo una huida masiva, que ya había empezado con el primer cañonazo. Algunos volverían de noche y otros muchos llegarían hasta Madrid. Cuando llegaron a Cantillana las fuerzas militares actuaron violentamente. Entraron disparando a diestro y siniestro y provocando los primeros heridos y muertos: 2 heridos (uno de ellos, de 21 años de edad, que murió en la ambulancia antes de llegar a Los Pajares, camino de Sevilla, y el otro, de 22 años, con tiro en la cara. Además, mataron, algo más adelante, a un niño  de 12 años y a otro joven de 20 años de edad. En la calle Real matan a otro joven y en la Cuesta Maero otros militares, al médico Diego Sarmiento Infante. Fueron las primeras cinco víctimas de las fuerzas ocupantes. Horas después, efectuaron los primeros fusilamientos extrajudiciales (no menos de nueve personas) en el Barranco. Además 200 vecinos y vecinas fueron detenidos y distribuidos en diversos locales habilitados como cárceles. De esos locales serían sacados para pasarlos por armas en días posteriores. Tras la “pacificación” y “por llamamiento patriótico del Jefe de las fuerzas militares…,” constituyeron la Comisión Gestora municipal, Juan Arias Rivas, volverá a ser el alcalde de Cantillana. José Pueyo Solís, alcalde socialista, estaba detenido y el 5 de agosto sería asesinado en Sevilla. En total entre julio y agosto, asesinaron a 54 cantillaneros (53 identificados y dos sin identificar) por BG: 14 en julio en Cantillana y 40 en agosto,de ellos 13 con fecha y lugar (2 en Brenes, 9 en Sevilla y 2 en Tocina) y 27 sin fecha o lugar conocidos. En los meses posteriores otros 13 fueron asesinados por el mismo procedimiento, siendo un total de 67 asesinados por aplicación del BG.

Tocina, al igual que Cantillana, fue ocupada con extrema violenta, pero con más muertos en las calles. Unos cañonazos anunciaron, hacía las cinco de la tarde del 30 de julio, la llegada de los mismos militares sublevados y sus acompañantes que habían ocupado Cantillana. Una vez en las calles del pueblo, asesinaron a los que encontraban a su paso como si fuesen animales. En esas circunstancias, mataron a un joven de 17 años y a seis vecinos y otros más. Buscaron al dirigente del PCE, pero al no encontrarlo asesinaron a su hermano , de 21 años, y a su padre. Llegaron al Ayuntamiento, donde encontraron sin novedad los 35 detenidos por el Comité Local republicano, y se dirigieron al cuartel de la Guardia Civil, del que salieron tres guardias y un cabo, pues dos guardias y el sargento habían muerto en el intento de fuga del pueblo para no acatar ordenes de la autoridad municipal y el posterior repliegue en el cuartel, donde estuvieron vigilados por trabajadores armados durante diez días. Es de destacar que entre los muchos detenidos, eligieron, con el asesoramiento de derechistas locales, a unas treinta personas, que fueron puestas delante de una metralleta y asesinadas en el paso de nivel, cerca de la estación de FFCC, sin piedad. Fue un acto cruel, inhumano y espeluznante. A últimas horas de la tarde controlaron la localidad y procedieron a la constitución de la Comisión Gestora en el Ayuntamiento. Fue presidido por “el Señor Comandante de la Columna de Operaciones D. José Gutiérrez Pérez (…), que les hizo presente la difícil situación por que atraviesa nuestra querida España”. Fue nombrado alcalde-presidente  Francisco López Toro. El 1 de agosto hubo un intento republicano de retomar Tocina, que fracasó tras una enconada lucha. A Manuel Naranjo Alonso, alcalde de Tocina, le aplicaron el Bando de Guerra el 7 de octubre en San José de la Rinconada y a Manuel Romero Martín, alcalde en 1936, lo condenaron a cadena perpetua y posterior destierro. En total entre julio y agosto asesinaron 124 tocineros identificados (algunos solo por su apodo) por BG: 18 en julio, de ellos 14 en Tocina (1 de ellos por otras circunstancias), 2 en Brenes, 1 en Villanueva del Río y Minas y 1 en La Rinconada, y en agosto con fecha y lugar 12 (10 en Tocina, 1 en Sevilla y 1 en Alanís), otros 40 en Tocina, sin fecha conocida, aunque muchos tuvieron que serlo en Tocina en julio, y 53 sin fecha, ni lugar, aunque es posible que algunos murieran en julio y en Tocina. En meses posteriores otros 7 tocineros fueron asesinados por el mismo procedimiento, siendo el total 151 asesinados por BG. 

Concluyendo: En los meses de julio y agosto 311 vecinos, el 81,2% del total de 383 asesinados por BG y el 61,7%del total de 504 víctimas mortales identificadas de los pueblos de la Vega Media del Guadalquivir, fueron “pasados por armas” en aplicación del Bando de Guerra dictado por el traidor Queipo de Llano, jefe en Andalucía de los militares sublevados y vértice de toda la represión. Es decir los asesinaron de forma extrajudicial, situación que abarcó desde julio del 36 a marzo del 37 para implantar con dureza el terrpr fascista. A partir de marzo de 1937 comienzan a funcionar los Tribunales Militares, posiblemente antes hubiese sido, para ellos, una perdida de tiempo imperdonable para llegar al mismo resultado: tenían mucho “trabajo” y tenían que hacerlo con urgencia, sin engorros burocráticos. Y lo hicieron con total premeditación, pues sabían a quienes tenían que matar: hombres y mujeres que hubiesen tenido algo que ver con el Frente Popular y las organizaciones políticas que lo formaban, con los sindicatos obreros y todos contra los suponían de ideas izquierdistas, son olvidar a sus familiares, por si acaso. Para ello, los miembros de las élites locales en los ayuntamientos nombrados al ser ocupado militarmente cada pueblo, hacían las listas, que eran refrendadas por los Comandantes de Puesto, considerados Comandantes Militares, de cada pueblo. Después los irían sacando de madrugada, poco a poco, para ser asesinados (fusilados en aplicación del Bando de Guerra) por grupos de guardias civiles y falangistas de cada pueblo en cualquier lugar de la provincia, preferentemente las tapias de un cementerio, en el que ya habían abierto una fosa o la abrirían en el acto, como ocurrió en Sevilla (Pico Reja), Tocina, Cantillana, Brenes, La Rinconada, Alcalá del Río, Villaverde del Río, Burguillos, Sanlucar la Mayo, Alanís, Guillena, Niebla o Valencina, que recibieron víctimas mortales de esta comarca.

FUENTES BIBLIOGRÁFICA

-MÁRQUEZ GARCÍA, José María, LAS VÍCTIMAS DE LA REPRESIÓN MILITAR EN LA PROVINCIA DE SVILLA (1936-1963), Aconcagua, Sevilla, 2012; SEMBLANZA DE UNA HISTORIA INCONCLUSA, en Tocina Estudios Locales, Revista de Investigación local, n.º 3, diciembre 2014. pp. 95-126.                                            -

-BARRAGÁN REINA, Ramón, CANTILLANA II REPÚBLICA. LA ESPERANZA ROTA. Muñoz Moya Editores, 2006; y DE LA CLANDESTINIDAD A LA  LIBERTAD CONQUISTADA. Antifranquismo y lucha obrera en la Vega del Gua-dalquivir, Ed. Círculo Rojo, Almeria, 2014.

INVESTIGACIONES PERSONALES

-Investigaciones de Eva RUIZ FERNÁNDEZ sobre Alcalá del Río (2010), a partir de la Lista de Antonio Rosado; de Rafael ESTEVEZ GUERRERO sobre La Rinconada (S/F), y de Juan Carlos VELASCO QUILES sobre Alcalá del Río (S/F)


[1].   Estaba formada formadas por unidades militares, legionarios y fuerzas de orden público, acompañados de voluntarios (falangistas, requetés y otros), con camiones, ametralladoras,  tanqueta, cañón del siete y medio y ambulancia. Además, junto a esta columna iba laHarka Berenguer, unidades irregulares formadas por mercenarios marroquíes.

Un estudio revela cómo el Rosario pasó de la meditación privada a convertirse en la milicia comunitaria del Barroco

El historiador y dominico Carlos José Romero Mensaque analiza en Estudios Marianos la evolución del "rosario a coros" entre los siglos XVI y XVIII como seña de identidad del catolicismo postridentino.

Una investigación historiográfica elaborada por el religioso dominico y profesor de la UNED Carlos José Romero Mensaque documenta la profunda metamorfosis que experimentó el Santo Rosario entre los siglos XVI y XVIII. La plegaria mariana por excelencia pasó de concebirse como un ejercicio meditativo e individual de origen medieval a transformarse en una práctica pública, dialogada y comunitaria conocida como el "rosario a coros", convirtiéndose en una de las principales expresiones de la piedad popular del Barroco.

Del Salterio personal al dinamismo comunitario de Trento

Según detalla el estudio, en sus orígenes monásticos el Rosario —asociado al primitivo Salterio de la Virgen— constituía una devoción predominantemente personal articulada alrededor de la contemplación individual de los misterios de Cristo. Sin embargo, tras el Concilio de Trento y en el marco de la Reforma Católica, la oración adquirió una fuerte dimensión litúrgica y misional, integrando activamente al laicado.

A raíz de acontecimientos como la victoria en la batalla de Lepanto, se creó un nuevo imaginario en torno a la devoción mariana. El Rosario comenzó a concebirse como una auténtica "milicia espiritual", sumamente eficaz por la fuerza de la oración común y utilizado como signo identitario del catolicismo frente a la herejía y las crisis de la época.

Roma como epicentro e institucionalización formal

La modalidad del rosario a coros se instituyó formalmente en la basílica de Santa María sopra Minerva de Roma. En 1601, el dominico español fray Alfonso Chacón publicó por primera vez este método dialogado —que alternaba las oraciones entre dos coros al modo del Oficio Divino—, contando con la aprobación expresa del maestro general de la Orden de Predicadores, fray Jerónimo Xavierre.

Posteriormente, en 1626, el maestro general Serafín Secchi emitió el decreto oficial que regulaba la práctica, y en el Capítulo General de Roma de 1629 se ordenó su rezo público a coros en todas las iglesias de la orden tres veces por semana.

Misiones populares y salida a las calles

La investigación destaca la figura de fray Timoteo Ricci (denominado por la historiografía como el «segundo Alano»), quien impulsó el salto de esta devoción más allá de los muros de las iglesias. En Nápoles, el rezo comenzó a realizarse públicamente en calles y plazas mediante comitivas organizadas que integraban a frailes y feligreses. Esto derivó en la creación de nuevas congregaciones y cofradías misionales caracterizadas por la fraternidad y la participación de fieles de toda condición social (nobles, plebeyos, hombres y mujeres).

Un hito reflejado en el artículo fue la magna procesión del Jubileo romano de 1625, donde cerca de 50.000 personas caminaron en quince escuadras representativas de los misterios del Rosario, dirigidas por frailes sacerdotes que entonaban las oraciones a coros y leían los puntos de meditación.

Expansión en España y América

El estudio muestra cómo el rosario a coros se difundió con rapidez por Italia, España y las colonias americanas.

  • Felipe IV y la Corona: En 1655, tras la influencia de figuras como fray Cristóbal de Torres (arzobispo de Santafé de Bogotá y apodado "el restaurador del Rosario"), la monarquía española promovió oficialmente la introducción de esta práctica en todas las parroquias y conventos.
  • Sevilla y los rosarios públicos: En ciudades como Sevilla, tras las misiones jesuíticas de Tirso González y las predicaciones de fray Pedro de Santa María Ulloa a finales del siglo XVII, el rosario a coros dio lugar al fenómeno de los "rosarios públicos", en los que las propias corporaciones laicas salían por las noches en procesión callejera rezando a coros.
  • Fundamentos teóricos: La investigación analiza el tratado publicado en 1652 por el dominico peruano fray Antonio de Luque, quien defendió la superioridad de la "oración común de la multitud" por su eficacia teológica, su valor en la defensa de la fe y su fuerza espiritual compartida.

Conclusión

El trabajo del profesor Romero Mensaque concluye que el rosario a coros supuso la única devoción común elaborada a nivel popular por la Reforma Católica, logrando unir la espiritualidad mariana, la articulación litúrgica y un eficaz dinamismo evangelizador que definió la vida comunitaria de la Edad Modernidad.

Referencia bibliográfica:

  • Romero Mensaque, C. J. (2026). El dinamismo comunitario de la oración mariana en la Historia: el rosario a coros en la modernidad (siglos XVI-XVIII). Estudios Marianos, 92, 1-35.

Las hermandades de la Resurrección en la Baja Extremadura: un legado de devoción y tradición oral

En el marco del I Congreso Nacional de Hermandades de la Resurrección, el historiador Carlos J. Romero Mensaque (UNED Sevilla) ha presentado una exhaustiva investigación sobre la realidad de las cofradías de la Pascua en la Baja Extremadura. Su trabajo destaca por el rescate de la memoria oral ante la escasez de fondos documentales en la región.

Un fenómeno en crecimiento y renovación

Según expone Romero Mensaque, aunque históricamente la celebración de la Pascua recaía en manos de vecinos o hermandades de penitencia, actualmente se vive una proliferación de corporaciones dedicadas exclusivamente a la Resurrección. El estudio analiza detalladamente la situación en ocho localidades clave de la provincia de Badajoz:

  • Badajoz capital: La hermandad actual nació en los años 80 de la mano de un grupo de jóvenes. Destaca por su reciente proyecto de un misterio completo de la Resurrección, obra de Israel Cornejo.
  • Fuente de Cantos: Un caso singular donde la cofradía se gestó como una "aventura de niños" en 2002, hoy consolidada como una estructura histórica con un misterio de estilo sevillano (Noli me tangere).
  • Jerez de los Caballeros: Posee una de las imágenes de mayor valor artístico, un Cristo Resucitado basado en un boceto del célebre Luis Ortega Bru, ejecutado finalmente por su hermano Augusto en 1984.

La ceremonia del "Encuentro"

El eje central de estas celebraciones en la zona es el "Encuentro" o la "liturgia de los abrazos". Esta tradición presenta variantes locales llenas de colorismo:

  1. Fregenal de la Sierra: Se mantiene viva la coplilla popular "Que sí, que no, que resucitó el Señor", entonada mientras las imágenes de la Magdalena y San Juan realizan "carreras" para anunciar la noticia a la Virgen.
  2. Ribera del Fresno: La tradición de los abrazos se realiza en tres tiempos, con los portadores poniéndose de rodillas entre una lluvia de cohetes.
  3. Bodonal de la Sierra: El encuentro en la plaza se acompaña del repique de campanas y el uso de cencerros por parte de los niños, recordando antiguas costumbres donde incluso se disparaban salvas con escopetas.

Desafíos para el historiador

Romero Mensaque subraya la importancia de los testimonios de personas de edad avanzada y eruditos locales para reconstruir esta historia. A pesar de contar con fuentes documentales valiosas como el Censo de Cofradías de 1770, el autor advierte sobre la "incuria de los tiempos" y la dispersión de libros de actas que dificultan el acceso a los antecedentes de esta "gran fiesta de la Resurrección".

Esta ponencia no solo pone en valor el patrimonio artístico de la Baja Extremadura, sino que reivindica la Pascua como el colofón necesario e indisoluble de la Semana Santa en la tradición popular.

Las hermandades de la Resurrección en la Baja Extremadura: un legado de devoción y tradición oral

Hace 90 años: José Pueyo Solís, Alcalde Socialista de Cantillana durante la Segunda República, vilmente asesinado en agosto de 1936

José Pueyo Solís nació en Cantillana el 29 de julio de 1901. Hijo de José Pueyo Figueroa y Carmen Solís Márquez. Tenía cinco hermanos: Manuel, Elvira, Pastora, Asunción y Carmen, y vivían en la calle Esperanza, número 3 (actualmente el núm. 8 de la Avda. Andalucía). Le tocó hacer el servicio militar obligatorio en África, cuando los habitantes del Rif, liderados por Abd al-Krim, luchaban por su independencia de España. Era obrero del campo, como su padre y sus abuelo.

Junto a su casa, estaba el Centro Obrero, que todos los mayores recuerdan, revitalizado en 1930, a la vez que la Agrupación Socialista y la Asociación de Obreros Agricultores (FNTT-UGT). Llegó a tener 700 afiliados. José Pueyo, con 29 años, era un líder socialista indiscutible antes y durante la Segunda República. Había recibido la herencia de su padre José y su tío  Antonio, que en 1919 formaron parte de la Junta Mixta de Patrono y Obreros, constituida en junio de ese año, debido a un telegrama, de fecha 13 de mayo de 1919, del Gobernador al Alcalde, para que creara la Junta  de acuerdo al R.D. de 30 de abril. Ambos pertenecían entonces a la Asociación La Regeneración, creada en 1918, de tendencia socialista.[1] En esta herencia se incluye el gusto por la lectura. Fue un autodidacta que había crecido en un ambiente socialista.

Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 Cantillana dio la mayoría a las candidaturas monár-quicas, que obtuvieron 8 concejales, todos ellos miembros de la élite social y económica de la localidad  por ser propietarios de tierras; de los candidatos socialistas y republicanos solo fueron elegidos 5. Estos con-cejales no tomaron posesión de sus cargos, pues las elecciones fueron anuladas por el Gobierno de la República por las protestas o alegaciones contra dichas elecciones en 69 municipios de la provincia de Sevilla. Se repitieron el 31 de mayo del mismo año. Entre ambas fechas, la Comisión Gestora de Cantillana la formaron los socialistas y republicanos, siendo presidida por José Pueyo Solís, el candidato socialista más votado en abril (299 votos). Con su nombramiento, Juan Arias Rivas dejaba de ser alcalde: lo era  desde 1930 y había  sido el primer candidato monárquico del 12 de abril. Comenzaba un tiempo de cambio, que propició la sustitución de la élite gobernante durante decenios por los alejados del todo poder local hasta ese momento.

El 1º de Mayo fue la gran fiesta obrera, que unió la alegría por el nuevo sistema político y las reivindicaciones obreras. Fue también el Día del Abrazo Fraternal entre cantillaneros y villaverderos. Según El Liberal de Sevilla de6/05/1931, en su página 3, “más de cuatro mil personas, presididas por la bandera de la Agrupación Socialista, recorriendo las calles más céntricas. Al llegar a la Plaza, la manifestación hizo alto, dirigiéndole la palabra el presidente de la Agrupación, José Pueyo, y el compañero Manuel Barrera”. De acuerdo con la Agrupación Socialista de Villaverde, dirigida por Baldolmero González Parrilla,[2] la manifestación continuó hacia “las afueras de la localidad, a un kilómetro del pueblo,” a Los Pajares, donde se juntaron “con la manifestación obrera del citado pueblo; desbordándose el entusiasmo”. Después de los abrazos de fraternidad algunos dirigentes políticos y sindicales de ambos pueblos se dirigieron a los participantes y “fueron cantadas la Marsellesa  y el himno de Riego”.

El 13 de mayo representantes de los patronos y de los obreros del campo de Cantillana firmaron  las primeras bases de trabajo o convenio colectivo, como se llama ahora. Esta buena noticia fue recogida por El Noticiero Sevillano el día 20. En ellas fijaron los jornales según las actividades agrícolas (remolacha, siega, trilla, arado y otros trabajos), que oscilaban entre las 9 pesetas para actividades los regadores o alimentadores de las máquinas de trillar y las 5,25 pesetas para los aradores. El jornal para los trabajos no tarifados lo estipularon en 6 pesetas. Además de otros aspectos no menos importantes, recogía el pago de 3,50 pesetas en caso de crisis forzosa, por lluvia o calamidad pública, a cada uno de los obreros repartidos entre los patronos. Un hito en la historia sindical de Cantillana.

   El día 31 de mayo, en las elecciones municipales, fueron elegidos 9 concejales del PSOE y 4 del PRR (Partido Republicano Radical). José Pueyo Solís se convirtió en Alcalde el día 8 de junio de 1931. Esta vez había obtenido 622 votos. Los otros concejales fueron: Manuel Quevedo Cisneros, Jesús Espinosa Fernández, Santiago Marroco Carrero, Manuel Lozano Hernández, Basilio Camacho Vázquez, Manuel Barrera Macías, Manuel Macías Cruz, Manuel Solís Borrego, Manuel González Fernández, Simplicio Lafuente Tirado, Manuel Palomo Daza y Benjamín Rodríguez Núñez. Los nueve primeros eran socialistas y los cuatro últimos, republicanos (IR-PRR). Todos los concejales socialistas eran obreros agrícolas, excepto uno que era droguero y fabricante de gaseosas; los cuatro republicanos eran pequeños propietarios o artesanos. Ninguno cobró nada del Ayuntamiento, salvo  el cobro de viajes y dietas por parte del Alcalde, “porque es un obrero que no tiene otros medios de vida que el jornal, producto de su trabajo”, tal como  recoge el acta del pleno municipal.

La libertad tras la proclamación de la II República, daba sus frutos. Se enterraba la época del clientelismo y de sumisión caciquil, tal como había ocurrido en toda la España rural desde la implantación en 1876 del sistema canovista.

Desde su elección hasta septiembre de 1934, el trabajo municipal fue intenso y sus logros cuantificables. Las reuniones eran semanales, los sábados a las diez de la noche. Su actividad fue la propia de un Ayuntamiento democrático que practicó una política reformista, de carácter moderado, muy apegada a los problemas de los vecinos y los obreros del campo, sin rencor, ni revanchismo. De hecho Juan Arias Rivas y otros patronos agrícolas participaron en las comisiones de Colocación Obrera, de Laboreo forzoso, de la Décima Contributiva y el Jurado Mixto local, por ejemplo. Muy pronto tuvieron que nombrar a Blas Infante Pérez, como abogado del Ayuntamiento, con el que mantuvieron una estrecha relación: envío de documentos, reuniones, etc. para resolver contenciosos, representar al ayuntamiento y asesoramiento jurídico.

Entre los principales asuntos tratados en las reuniones del Ayuntamiento, que fueron objeto de debates y acuerdos, destacan: la aprobación de los presupuestos, que entre 1930 (110792,52 ptas.) y 1936 (173737,14) crecieron en un 56,81%; la beneficencia, con un gasto cada vez mayor, pues llegaron a estar inscritos casi 400 vecinos; la “crisis obrera”, a la que más tiempo tuvieron que dedicar por la necesidad imperiosa de buscar soluciones (cobro de un arbitrio del 1,2% sobre productos recolectados de la tierra; el recargo de una décima a la contribuciones territoriales e industriales (la décima contributiva), que permitían los decretos de julio de 1931, para dar trabajo a los que lo necesitasen; la petición de un préstamo al INP y Cajas colaboradores de 240.000 ptas., que pudieron aprobar el diciembre de 1933; la petición, propuesta por la UGT provincial, que elevaron al Gobierno para poder realizar la distribución de obreros en proporción a las tierras que posean cada propietario agrícola, y la concesión de solares en Los Pajares y en La Fuente para obreros sin casa. Precisamente, por la situación de los obreros del campo, el 16 enero de 1932 se produce la dimisión de Manuel Barrera[3], Basilio Camacho, Manuel Solís, Manuel Macías y Jesús Espinosa, al considerar que hacían falta respuestas rápidas y eficaces. Fueron sustituidos, tras elecciones parciales, por tos socialistas Manuel Lozano Quevedo, José Ramos Rodríguez, Antonio Castaño Castaño, Antonio Tirado Santana y Manuel Corro Sánchez, obteniendo mas de mil votos.

Junto a la crisis obrera, la enseñanza fue otra cuestión muy importante, llegando a solicitar al Ministerio de Instrucción Pública la construcción de un Grupo Escolar de Escuelas graduadas, que reuniese a todos los alumnos y alumnas en doce unidades, con cuatro duchas, local de reconocimientos médicos, comedores y casa para el conserje. El proyecto fue aprobado por los Ministerios de Instrucción Pública y el de Hacienda con la concesión para su realización 192.000 ptas. Las 87.000 ptas restantes, necesarias para su construcción, las consiguieron gracias al préstamo de 240.000 pesetas. La distribución de este préstamo (149.000 pesetas para pavimentación de diversas calles por obreros en paro y 87.000 para la construcción del Grupo Escolar) fue sometida a referéndum el 6 de mayo de 1934, según bando municipal publicado en el BOP (Boletín Oficial de la Provincia) del día 13 de abril de dicho año. Este proyecto quedó paralizado en 1934 y no pudo concluirse en 1936. Se hizo realidad en Cantillana en 1963, casi treinta años después de cuando estaba previsto por José Pueyo y los concejales socialistas y republicanos.

El día 24 de septiembre de 1934, José Pueyo fue sustituido en la alcaldía por Manuel Sánchez Ortiz, alias Copete, que era corredor, y no había salido elegido en mayo de 1931. Pertenecía al PRR, ya bastante  derechizado. Esta sustitución, impuesta por el Gobernador provincial, siguiendo las instrucciones del ministro Salazar Alonso (PRR), amigo de terratenientes, afectó a todos los pueblos con ayuntamientos de izquierdas, llevándose a cabo el mayor atentado posible contra la democracia que había traído la República: la destitución de los Ayuntamientos elegidos en 1931 y su sustitución por Corporaciones municipales del PRR, de la CEDA o del PAE. Todas las medidas y procesos democráticos emprendidos quedaron paralizados. Esta operación de sustitución de los ayuntamiento comenzó en diciembre de 1933, tomó un fuerte impulso con Rafael Salazar Alonso como Ministro de la Gobernación desde marzo de 1934; se incrementó a partir de julio, a raíz de la huelga de junio, convocada por la UGT en el campo, y culminó con las destituciones realizadas tras el fracaso de la Huelga General Revolucionaria de octubre, que solo se llevó a cabo en Asturias. Estas actuaciones gubernamentales forman parte de las múltiples medidas llevadas a cabo entre 1933 y 1936 por los gobiernos del PRR, con apoyo de la CEDA, siendo  llamado el “bienio negro” de la República.

En 1936 el Frente Popular no triunfó en Cantillana, pero el 20 de febrero de 1936 se produce la vuelta de José Pueyo Solís y todos concejales socialistas elegidos en 1931 y un concejal republicano, que solo asistirá a las primeras reuniones. Los otros tres concejales republicanos  no se incorporaron a las tareas municipales. Entre dicha fecha y el 18 de julio, la actividad fue frenética: como si quisiesen recuperar un tiempo ya irrecuperable. El equipo municipal de José Pueyo reanudó su actividad con las mismas constantes anteriores y un fuerte deseo de dar respuesta al paro, la crisis obrera, haciéndose, a su vez, presentes los problemas por los que atravesaba la República en aquellos momentos, manifestándose un nuevo lenguaje, propio de las circunstancias que se vivían en toda España. Para colmo, las Hermandades de la Asunción y de la Pastora escondieron fuera de la iglesia las imágenes de ambas vírgenes: se manifestaron en contra y decidieron crear una comisión para hablar con el Gobernador, pues creaban una “alarma social innecesaria e injustificada”. El 11 de julio tuvo lugar el último pleno del Ayuntamiento democrático de Cantillana, en el que tomaron importantes acuerdos que se quedaron sin realizar. Les tocaba hacerla el sábado 18 de julio, pero la sublevación militar ya estaba en marcha... Ya no había tiempo para nada, solo era tiempo de actuar frente a lo que se les venía encima. Así, a pesar de los tímidos planes de defensa, puestos en marcha por el Comité Antifascista de Defensa de la República, el 30 de julio de 1936 la columna de la muerte de José Gutiérrez Pérez ocupa militarmente Cantillana, tras tres cañonazos desde El Cortijillo, a dos km del pueblo, y con una violencia extrema desde que entran en el pueblo, provocando la muerte de cinco vecinos en distintas calles, tres de ellos en la calle Esperanza (actual Avda. Andalucía), y un grupo, elegido al azar en el cuartel , fueron asesinados (ejecutados extrajudicialmente) por aplicación del Bando de Guerra en el Barranco.[4] Además, 200 cantillaneros eran convertidos en prisioneros, entre los que estaban José Pueyo Solís y su hermano Manuel.

A continuación, las “autoridades” ocupantes, “de las fuerzas que vienen a España, evitando la anarquía que venía existiendo, como se dice en el borrador de acta del 30 de julio, lo primero que hicieron, “por llamamiento patriótico del Jefe de las fuerzas...” fue nombrar a Juan Arias Rivas como nuevo Alcalde y como gestores a otros diez miembros de la tradicional élite cantillanera, que vuelve al poder municipal tras el paréntesis de la Segunda República, rompiendo todas las esperanzas puestas en ella por el pueblo español.

José Pueyo estuvo preso en la Administración de Consumo, uno de los locales habilitados, en la actual calle Egido para albergar a los presos del día 30 de julio, cuando la cárcel local y los locales de la CNT estaban ya llenos. Allí estuvo hasta la madrugada del día 5 de agosto. En la mañana de aquel día, su sobrina, Francisca Regalo Solís, la Frasca, fue a llevarle el desayuno, como en días anteriores. Al llegar a la cárcel fue informada que allí ya no estaba, que se lo habían llevado por la noche. Ya no se supo más de él: no existe acta de defunción en el Registro Civil de Cantillana, ni en ningún otro registro en el cementerio. Su nombre solo aparece en el Apéndice del Padrón de Habitantes de 1936, en la lista de difuntos de su Sección 1ª (Bajas) del AMC (Archivo Municipal), señalado con una cruz en el margen izquierdo, lo que atestigua que fue asesinado. Lo hicieron en las tapias del cementerio de Sevilla y enterrado, con toda probabilidad, en la fosa común Pico Reja, que llenaron de cadáveres de víctimas de la brutal y cruel represión desatada por Queipo de Llano y sus secuaces, a partir del 18 de julio de 1936, de Sevilla y pueblos de la provincia.

Su hermano Manuel fue asesinado también el 5 de agosto de 1936. José intercedió por su hermano, pero sus verdugos no solo no tuvieron en cuenta sus suplicas, sino que lo asesinaron antes que a él, ante sus propios ojos, rematándolo con tiro de gracia para causar el máximo dolor posible al que había sido hasta entonces el Alcalde de todos los cantillaneros, según comentarios oídos con posterioridad a los hechos. Sus restos han reposado en la fosa Pico Reja del cementerio sevillano, junto a los de su hermano, hasta 2022, año en el terminó la exhumación de dicha fosa. Solo queda esperar a su identificación, si esta se llegase a producir. Además de ellos, otros 65 (hombres y mujeres) fueron asesinados por el mismo procedimiento (Bando de Guerra), estando sus restos mortales en fosas de Sevilla, Alcalá del Río, Brenes, Tocina y otros lugares. La represión en Cantillana acabó en total con la vida de 84 personas.

José Pueyo sigue siendo recordado en Cantillana como un buen alcalde, que se preocupó por todos. Cuentan que era una gran persona, abnegada y entregada a su tarea pública, cercano a los trabajadores y vecinos, sin importarle posibles recompensas. En los días previos a la ocupación militar de Cantillana, me aseguran los que vivieron aquellos días, que “trató bien a los guardias civiles, los cuales decidieron quedarse en el cuartel sin salir, pero después se comportaron mal con él”. No había posibles acusaciones, ningún derechista, ningún patrono habían sufrido malos tratos. Solo un forastero falangista, llegado a Cantillana antes del 18 de julio, había sido detenido y puesto en libertad por el Ayuntamiento el 30 de julio. No obstante, para los nuevos (viejos) jefes locales, usurpadores del poder municipal, José Pueyo había ido a Villanueva del Río por dinamita que serviría para volar el puente del Viar. Una acusación que nunca fue probada. Lo mataron por ser socialista, de izquierdas, como a tanto otros, y haber luchado a favor de la clase obrera como sindicalista y como Alcalde toda su vida. Aunque su asesinato se produjo hace 90 años, su ejemplo y su recuerdo debe permanecer para siempre y ser conocido por las nuevas generaciones.

14 de enero de 2026   

Ramón Barragán Reina                                                                                                                

FUENTES PRINCIPALES

-BARRAGÁN REINA, Ramón. CANTILLANA II REPÚBLICA. LA ESPERANZA ROTA. La brutal represión franquista en un pueblo sevillano, Ed. Muñoz Moya, Brenes, 2006, pp. 38, 55, 57-59, 62-64, 67, 71-75, 81, 84, 86, 92, 96, 103, 105, 116, 124-127, 136, 143, 146, 150, 165, 269, 272.

-AMC (Archivo Municipal de Cantillana) y ADPS (Archivo de la Diputación Provincias de Sevilla)

ANEXO:

Se considera, según las investigaciones realizadas,  que en la fosa de Pico Reja se encuentra los restos mortales de 54 personas de la comarca de la Vega Media del Guadalquivir: 3 de Alcaĺá del Río: Vicente Bastante Olaya, Rafael González Arévalo y Manuel Zambrano González; 15 de La Algaba: Agustín Aguilera Ortega, Emilio y Federico de la Bandera Serero, José Bermudo Bermudo, Antonio Cabrera Agüera, Manuel Castaño Sanabria, José Clavijo Cabrera, José Antonio Cruz Tristán, Miguel Molina Romero, José Penedo Banda, José Antonio Prieto Rodríguez, Diego Romero Banda, Eduardo Seco Jiménez, Antonio Suero Serrano y Ramón Tabares Vega;  4 de Brenes: Dolores Molina Morón, Dolores Ocaña De La Cuadra, José Rodríguez Morón y Encarnación Rodríguez Roldan, secretaria del Sindicato de Aceituneras; 22 de Cantillana: Dolores “La Boleca”, Silveria Blanco González y su hijo Antonio López Blanco, Salvador Carrión Huerto, Francisco Cazorla García, Asunción Díaz Núñez, José Domínguez Rodríguez, Gonzalo Hurtado Manito y sus hijos Mariano y Salvador Hurtado Cabrera, Manuel Lozano Hernández (concejal), José Martínez García, José Montero Moriano, Joaquín Naranjo Rodríguez, Manuel de Jesús Núñez Palomar, Diego Orellana Terrón,José Pueyo Solís (Alcalde) y su hermano Manuel, Antonio Rodríguez Machuca, Dolores Sánchez Sánchez, Manuel Sarmiento Infantes y Manuel Solís Villalón; 9 de la Rinconada: Manuel Ferrero Plata, Antonio González Ruiz, Manuel Guerra Mellado, Antonio Martín Durán, Francisco José Mercado García, Enrique Molina Montoro, Manuel Pachón Fuentes, José Quintana Leal y Cristobal Rodríguez Castaño; y 1 de Tocina: Baldomero García Puyol, maestro.

Las demás victimas mortales de esta comarca, hasta un total de 504, se encuentran en otras fosas o en lugares conocidos o aún desconocidos.

-MÁRQUEZ GARCÍA, José María, LAS VÍCTIMAS DE LA REPRESIÓN MILITAR EN LA PROVINCIA DE SeVILLA (1936-1963), Aconcagua, Sevilla, 2012.

-BARRAGÁN REINA, Ramón, CANTILLANA II REPÚBLICA. LA ESPERANZA ROTA. Muñoz Moya Editores, 2006; y  DE LA CLANDESTINIDAD A LA  LIBERTAD CONQUISTADA. Antifranquismo y lucha obrera en la Vega Media del Guadalquivir, Ed. Círculo Rojo, El Egido-Almeria, 2014.


[1].  Fue durante las movilizaciones y huelgas entre 1918-1920, en el llamado trienio bolchevique, cuando aparece el sindicalismo socialista de la UGT en el campo andaluz, puesto que hasta entonces la tendencia existente era solo la anarquista (DÍAZ DEL MORAL, Juan. Historia de las agitaciones campesinas andaluzas, Capítulo 10: “El trienio bolchevique (1918-1920)”.

[2].   Baldomero González Parrilla fue Alcalde de Villaverde del Río durante la República. Asesinado, junto a su hermano Manuel y otros villaverderos, en agosto de 1936 en Alcalá del Río, al igual que otros siete vecinos de Cantillana, dos de Alcalá del Río, dos de La Rinconada y una mujer de Castilblanco de los Arroyos. Esta fosa ha sido exhumada parcialmente en 2019, pudiéndose recuperar los esqueletos de 14 víctimas de la represión franquista, estando pendiente su identificación en base al ADN de sus familiares y la continuación de la exhumación. Faltan por localizar a otras 14 víctimas que no han aparecido en las exhumaciones reralizadas.

[3].   Manuel Barrera Macías,se convirtió en el líder de la CNT de  Cantillana, en la que también participaron algunos de los otros  dimisionarios. Era amigo de Pedro Vallina Martínez (Guadalcanal, 1879-Veracruz (México), 1970). Su madre era cantillanera. En 1923 había creado el Sanatorio Vida cerca de Cantillana para atender a los enfermos de tuberculosis de la  provincia. Vivía allí en 1932. También vivía en el Sanatorio, reponiéndose de su enfermedad, Antonio Rosado López (1889-1978) que fue un destacado militante sindicalista, nacido en Morón de la Frontera, y era  Secretario de la Federación del Campo de la CNT.

[4].  Aunque los cantillaneros hablan de 10 hombres que fueron llevados al Barranco, solo he podido identificar a 8 que fueron  asesinados, uno de ellos uno que pudo escapar, aunque días después corrió la misma suerte junto a las tapias del cementerio de La Rinconada. Llamamos Bando de Guerra al bando dictado por Queipo de Llano al inicio de la represión militar en la provincia y en Andalucía.

Hace 90 Años: Manuel Barrera Macías: Sindicalista Cantillanero Defensor de los Trabajadores del Campo, asesinado en Brenes

Manuel Barrera Macías nació en Cantillana en 1892, hijo de Manuel Barrera Vela y Juana Macías Palma, estaba casado con Antonia Díaz Lozano. Tenían su domicilio en la calle San Bartolomé, núm. 80 y tuvieron cuatro hijos. Trabajaba en el campo como jornalero y líder anarcosindicalista de Cantillana.

La proclamación de la Segunda República tuvo una acogida popular formidable, con gran entusiasmo para la mayoría del pueblo, a pesar que en la elecciones del 12 de abril de 1931 Cantillana dio la  mayoría a las candidaturas monárquicas, que obtuvieron ocho concejales, todos ellos miembros de la élite social y económica de la localidad por ser propietarios de tierras; de los candidatos socialistas y republicanos solo fueron elegidos cinco, entre ellos Manuel Barrera. Estos concejales no tomaron posesión  de sus cargos, pues las elecciones se repitieron el 31 de mayo del mismo año, tal como ocurrió en 69 municipios de la provincia de Sevilla, que habían planteado protestas o alegaciones contra las elecciones del 12 de abril. Se formó una Comisión Gestora formada por los socialistas y republicanos, siendo presidida por José Pueyo Solís, el candidato socialista más votado en abril (299 votos). Juan Arias Rivas, representante de la élite cantillanera, dejaba de ser alcalde. Comenzaba un tiempo de cambio de libertad y esperanzas.

Cuando llegó el 1º de Mayo, Manuel Barrera participó activamente en la gran fiesta que se celebró,  en la que se unieron la celebración del nuevo sistema político con las reivindicaciones obreras. Fue también el Día del Abrazo Fraternal entre cantillaneros y villaverderos. La noticia, aparecida en página 3 de El Liberal de Sevilla el 6 de mayo de 1931, recoge que “la Agrupación Socialista y el sindicato UGT[1] (la Sociedad de Obreros Agricultores), tuvieron la iniciativa de organizar una manifestación pública que pusiera de manifiesto la sensatez y cordura de un pueblo culto.  A la hora señalada partió la imponente manifestación, compuesta de más de cuatro mil personas, presididas por la bandera de la Agrupación Socialista. Al llegar a la Plaza, donde dirigieron la palabra el presidente de la Agrupación, José Pueyo, y el compañero Manuel Barrera”. Posteriormente, la manifestación se dirigió hasta Los Pajares, a unos dos kilómetros de Cantillana, donde también llegó la manifestación de los socialistas villaverderos. Después de los abrazos de fraternidad, fueron cantadas la Marsellesa e himno de Riego, improvisándose una tribuna desde la que hablaron  José Pueyo Solís y Baldomero Parrilla González, Alcaldes de Cantillana y de Villaverde del Río, junto a otros cantillaneros, entre los que estaba Manuel Barrera, y otros compañeros villaverderos. Termina la noticia con estas palabras: “Este acto fue la nota más brillante de la fiesta. Todos los oradores hicieron resaltar el espíritu propio del obrero manumitido.

En las segundas elecciones municipales del 31 de mayo, salió elegido de nuevo Manuel Barrera, junto con otros ocho socialistas y cuatro republicanos del PRR. José Pueyo Solís fue elegido alcalde[2]. Definitivamente se produce la sustitución de la élite gobernante durante decenios por los alejados del todo poder local hasta ese momento.

En el nuevo Ayuntamiento, una vez constituido el 6 de junio, Manuel Barrera asistió a todas sus reuniones   las eran semanales, los sábados a las diez de la noche, hora habitual de las reuniones. La actividad municipal no puede calificarse de revolucionaria, fue un Ayuntamiento democrático, que practicó una política reformista, de carácter moderado, aunque muy apegada a los problemas de los vecinos, a los que intentaba beneficiar por todos los medios legales o con visos de  legalidad, y que sin rencor, ni revanchismo, contó con todos a la hora de gobernar y formar las comisiones municipales, en la que participaron también la patronal agraria.

En las reuniones semanales del Ayuntamiento, el tema de la crisis obrera, por el paro estacional sufrido por los trabajadores del campo, a pesar de ser tratado con mucha frecuencia con las soluciones que eran posibles en cada momento, provocó una crisis en la vida política municipal, debido, posiblemente, a la radicalización de las posturas ante esta situación por la falta de respuestas rápidas y  eficaces y por los obstáculos encontrados. El 16 de enero de 1932 dimiten, por éstas y otras causas no expuestas en el acta de ese día, Manuel Barrera, Basilio Camacho, Manuel Solís, Manuel Macías y Jesús Espinosa. Las dimisiones fueron aceptadas en el Pleno del día 23 del mismo mes y, en virtud de la consulta efectuada al Gobernador Civil de la provincia, se realizaron elecciones parciales en día 28 de febrero del mismo año. Fueron elegidos cinco nuevos concejales socialistas.

Los dimisionarios, excepto dos, desvinculados del PSOE, decidieron la reorganización de la  CNT en Cantillana. Esta organización sindical, tuvo una fuerte implantación en Cataluña, Levante y Andalucía, y muy especialmente en Sevilla. En Cantillana el anarcosindicalismo estuvo presente desde 1914, al haber constancia de la existencia de una asociación de Agricultores y Oficios Varios  “Armonía,” cuyo objeto era “la defensa de intereses de la clase obrera”. Era un Sindicato Único local, tal como correspondía a localidades pequeñas dentro de la organización cenetista. De esta forma a partir de 1916, en Cantillana existirán ya los dos sindicatos, CNT y UGT, pues ese año se organiza en Cantillana la asociación El Progreso, con la finalidad de “mejora de la clase”, de orientación  socialista, la cual en 1918 se transforma en el Centro Obrero de Agricultores y Oficios Varios “La Regeneración”, adscrita ya a la UGT. Fue en 1916 cuando la UGT y la CNT convocaron la primera huelga general con la participación delos obreros del campo de esta comarca. En 1919, el anarcosindicalismo estaba implantado en todas las localidades de la Vega Media, por lo que estuvieron presentes en el Congreso de la Comedia de la CNT.  Jacques Maurice (1990), con motivo del II Congreso de la CNT en Madrid, proporciona los datos de afiliación a las organizaciones cenetistas en la comarca: Alcalá del Río contaba con 130 afiliados; La Algaba, 140; Brenes, 550; Burguillos, 150; Cantillana, 400; La Rinconada, 140; Tocina, 300, y Villaverde del Río,  400. Posteriormente, la Dictadura de Primo de Rivera llevó a cabo una brutal represión contra  la CNT, que lleva a la clandestinidad y desorganización de muchas de sus organizaciones locales, como como fue el caso de Cantillana.

  Manuel Barrera, a partir de 1a reorganización de la CNT local en 1932, se convierte en su líder, admirado y querido por el pueblo. Era amigo de Pedro Vallina, médico,[3] y de Antonio Rosado[4], y como ellos, vivió y practicó un anarcosindicalismo de tipo humanista, alejado de toda violencia innecesaria. La  CNT tuvo su sede en la  Plaza  del Reloj (la que después de llamó “de los Caídos”),  casi enfrente del Ayuntamiento viejo. Atrajo a muchos que antes frecuentaban el Centro

Obrero socialista o habían pertenecido a las organizaciones cenetistas del pueblo, recuperándose la tradición anarcosindicalista del municipio, llegando a tener 413 afiliados.

 Manuel Barrera era un gran orador, según todos los que lo recuerdan. Se reunía frecuentemente con Pedro Vallina y con Antonio Rosado en el Sanatorio Vida, según testimonio de familiares de Rosado, que por aquellas fechas vivían en Cantillana. Otros cenetistas destacados fueron: Francisco Palomar (Paco el Tate), Jesús Espinosa Fernández (Aceituno), Lorenzo Lozano Espinosa (el Pelón), José Plata Pérez (Comino), que en 1936 era el secretario de la organización, y Joaquín Naranjo, que lideraba las Juventudes Libertarias y era panadero. La sede de las Juventudes Libertarias debió estar en el mismo local de la CNT.

Cuando se produjo el intento fallido de golpe de Estado del 18 de julio de 1936, que inicia la guerra civil,  y Queipo de Llano se hizo con el control de la capital sevillana, el pueblo de Cantillana, al igual que ocurrió en los demás pueblos, siguió mayoritariamente al Comité Antifascista de Defensa de la República que se constituyó el mismo 18 de julio, cuando llegó la noticia que lo cambiaba todo a partir de aquel  momento. Los miembros del Comité fueron: José Pueyo, Manuel Barrera, Jesús Espinosa, Manuel Corro, Lorenzo Lozano, José Marroco, José Plata, Santiago Marroco y Benito Camacho. Hombres comprometidos con el pueblo, que procedían de todas las organizaciones obreras de Cantillana: fue un Comité unitario, que aglutinaba los sentimientos e ideas de todos los demócratas.

Además de la constitución de patrullas para vigilancia y para requisar las armas que pudieran estar en poder de vecinos, especialmente los más ricos, la Ermita de San Bartolomé se convirtió en el economato municipal, pues –ante el temor del momento– las tiendas habían cerrado, por lo que decidieron garantizar el abastecimiento de la población. Antes, el 20 de julio, un grupo numeroso de vecinos sacaron las imágenes de la ermita, consiguiendo Manuel Barrera, dado su prestigio popular, y otros vecinos, entre ellos Antonio Ferrera Ríos y Francisco Merino Campos, que las de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Ntra. Sra. del Consuelo fuesen respetadas y llevadas a las casas de los mayordomos de sus respectivas Hermandades. Otras imágenes, las llevaron a la Alameda, y allí desaparecieron destrozadas o quemadas. Sin embargo ningún derechista, ni miembro de la élite cantillanera sufrió malos tratos, ni fue detenido.

Años más tarde, en 1940, las autoridades municipales franquistas describen el hecho, dándole fecha de 20 de julio de 1940, de la siguiente forma, que copio literalmente sin enmendar las faltas de ortografía: “Por las ordas marxistas fue destruida todas las Imágenes; retablos, objetos de culto, hornamentos y demás enseres de la Ermita de San Bartolomé, que fueron incendiado en el campo a la Espalda de dicha Ermita, sin que sufriese desperfecto el edificio, el cual fue convertido en Economato de las fuerzas revolucionarias para surtir de biberes a la localidad”. Así consta en la llamada Causa General, mandada a hacer por Franco. No se enumeran personas sospechosas, pues se dice expresamente, en el documento citado, que “se ignora”, y no se menciona nada sobre imágenes que fueron respetadas, ni nada sobre los tres cantillaneros que lo consiguieron, aunque, eso sí, habían sido victimas de la represión militar-fascista en 1936.

El 30 de julio de 1936 Cantillana fue violentamente ocupada por la columna militar de José Gutiérrez Pérez: la muerte y el terror se hacían presentes en un pueblo donde las autoridades y los vecinos habían respetado la vida de todos, pues ningún derechista, ningún terrateniente habían sufrido malos tratos. En la entrada al pueblo por la Carretera de Lora (calle Esperanza entonces, actual Avda. Andalucía), los soldados matan a dos vecinos, de 12 y 20 años, y dos fueron heridos, de los cuales uno muere en la ambulancia que los llevaba a Sevilla. En calles interiores matan a tiros otros dos, uno de ellos el médico Diego Sarmiento. Mientras ésto ocurría unos 200 detenidos llegaban al cuartel de la Guardia Civil, ubicado junto a la Ermita de la Misericordia, donde eligieron a 10 hombres, siendo asesinados (ejecutados extrajudicialmente) en el Barranco nueve de ellos, pues uno logró escapar, aunque posteriormente sería asesinado en La Rinconada. Todos los demás detenidos fueron encerrados en locales convertidos en cárceles, uno de ellos la sede de la CNT junto a la Torre del Reloj y otro en la Administración de Consumo. El pánico se apoderó de todos los vecinos. Muchos de ellos ya habían huido y otros lo hicieron entonces, uno de los huidos fue Manuel Barrera. Se escondió cerca de Cantillana, en Fuente Luenga. Su hermano Joaquín, conocía el lugar e iba cada dos o tres día a llevarle comida y ropa y le informaba. No obstante, quedarse escondido, sin huir a lugares más lejanos, era una temeridad, porque sabía que lo buscaban. Todos los días grupos armados de Falange, acompañados de cazadores y su perros, recorrían Viar en busca de fugitivos. Y en más de una ocasión lo hicieron junto a falangistas de otros pueblos de la sierra para que la batida tuviese mayor amplitud y profundidad. Oír tiros a lo largo de la ribera del Viar era corriente en aquellos días, según testigos presenciales. Por esas y otras razones, muchos vecinos de Cantillana, más de noventa, se marcharon a los pueblos de la Sierra Norte u otras localidades andaluzas para comenzar desde allí una aventura que les llevó a Madrid y otras localidades de la zona republicana y a la incorporación, en su mayoría, a las Milicias Antifascistas de las organizaciones obreras y al Ejército Popular de la República posteriormente. Manuel, no lo hizo, volvió a Cantillana, después de algunos días de temor y dudas, creyendo que no le iba a ocurrir nada, tal como todos en su familia creían, incluso su hermano,  pues los falangistas les habían hecho llegar ese mensaje, pero no fue así: fue encarcelado y, posteriormente, asesinado sin ninguna piedad, aunque todos reconocían su valía y admiraban su personalidad, su forma de ser. Este engaño fue muy doloroso para toda la familia, que nunca comprendieron la villanía y la traición de los que les dijeron que respetarían su vida.

Fue en la madrugada, como era habitual, del día 27 de agosto, cuando le llegó el turno a Manuel Barrera Macías: lo sacan de la cárcel habilitada del pueblo, lo trasladan a Brenes y en el cementerio viejo de dicha localidad lo asesinan por aplicación del Bando de Guerra, dejando su cuerpo expuesto para que lo vieran todos, sin permitir que nadie lo enterrara, ni siquiera a un miembro de su familia, que así lo solicitó. Tenía 44 años. Fue enterrado en en una fosa común junto a otros siete hombres: cinco vecinos de Brenes: Juan Cervera Rueda, Miguel López Robles (natural de Cantillana), José Martínez Rodríguez, Manuel Rodríguez Castellano y Genaro Romero Cortés; otro vecino de Cantillana: José Ferrera Ríos, y uno de La Rinconada: Juan Ramos Mestranza. Actualmente no existe ya ninguna fosa visible, pues todo el solar del cementerio viejo está ocupado por casas y calles que conforman una barrida de Brenes, por lo que es imposible la exhumación de los restos mortales de los que allí fueron enterrados, después de ser asesinados (ejecutados extrajudicialmente) por aplicación del BG.

  En su acta de defunción, registrada el 9 de septiembre de 1939, a instancias de su viuda, aunque respetando, como en todos los casos, la fecha de su muerte, de su vil asesinato, constando como causa aquello de “en la lucha nacional contra el marxismo”, tal como aparece en otras actas de defunción. Su mujer, Antonia Díaz,  como tantas otras mujeres, tuvo que trabajar para sacar adelante a sus hijos.

Manuel Barrera será siempre recordado en Cantillana como un buen hombre íntegro y cabal, siendo muy querido por el pueblo, por los trabajadores, pues a la defensa de sus intereses consagró su vida, de forma pacífica, con la dialéctica de la palabra: era un excelente orador y su lema era la unidad de la clase obrera: “El día que los obreros estemos unidos, nadie podrá con nosotros”, me dicen que repetía una y otra vez. No solo era querido y admirado en Cantillana, sino en Villaverde, Carmona y otros pueblos, donde lo llamaban para los mítines: sabían de su capacidad de convencimiento, de su claridad de ideas en la lucha a favor de la clase obrera y de lo que había que decir en cada momento.

Cuando se subía al escenario, “hablaba a la gente sin papeles y el escenario se venía abajo”, como muestra del entusiasmo que causaba en los que lo oían. Su valentía y su inteligencia estaban más que probadas: en sus acciones y en sus palabras. En cambio a sus asesinos no le importó nada: era un dirigente sindical, un anarquista. No hubo misericordia ni justicia alguna. Tampoco la hubo para otras 66 víctimas de la barbarie militar-fascista, que fueron asesinadas por aplicación delbando de guerra, sin juicio previo. Además de estos 67 asesinados (62 hombres y 5 mujeres), la represión en Cantillana acabó con la vida de 84 personas, pues a los anteriores hay que sumar 3 desaparecidos o en paradero desconocido, 6 muertos en prisión o al salir de ella, 7 soldados republicanos y uno, por otras circunstancias. Todos ellos merecen nuestro reconocimiento y el recuerdo permanente, pues lucharon y murieron por la libertad y la democracia.

FUENTES PRINCIPALES:

-BARRAGÁN REINA, Ramón. CANTILLANA II REPÚBLICA. LA ESPERANZA ROTA. La brutal represión franquista en un pueblo sevillano, Ed. Muñoz Moya, Brenes, 2006, pp. 55-59,64,71,103-104.130-131, 139, 151, 157, 269, 257, 273-274.

-MAURICE, Jacques, El anarquismo andaluz. Campesinos y sindicalistas, 1868-1936, Crítica, Barcelona, 1990, pp. 52-57.

-VALLINA MARTÍNEZ, Pedro, Mis memorias, Centro Andaluz del Libro, Sevilla, 2000.

-AMC (Archivo Municipal de Cantillana) y ADPS (Archivo de la Diputación Provincias de Sevilla)


[1].   La organización obrera más antigua, que existía desde antes de la proclamación de la II República, es el Centro Obrero de la UGT. Su sede estaba en la calle o barrio de la Esperanza, actual Avenida Andalucía, 6 (Carretera de Lora), su líder fue José Pueyo  Solís.

[2].  Ver artículo JOSÉ PUEYO SOLÍS, ALCALDE SOCIALISTA DE CANTILLANA DURANTE LA SEGUNDA REPÚBLICA, VILMENTE ASESINADO EN AGOSTO DE 1936, publicado por TuPeriodicoSoy el 14/01/2026.

[3].     Pedro Vallina Martínez nació en Guadalcanal (Sevilla) el año 1879 y murió en Veracruz (México) en 1970, después de dedicar los últimos veinte años de su vida a curar las enfermedades de los indios mexicanos. Su madre era cantillanera y en Cantilana, en 1923 creó el Sanatorio Vida para atender a los enfermos de tuberculosis de la  provincia. 

[4].     Antonio Rosado López (1889-1978) fue un destacado militante anarcosindicalista, Secretario de la Federación del Campo de la CNT. Sufrió cárcel en numerosas ocasiones. Fue responsable de la organización de las colectivizaciones andaluzas durante la Guerra Civil. Amigo de Vallina y su familia. Desde 1923 vivía en el Sanatorio con su mujer e hijos, reponiéndose de su enfermedad (flebitis), aunque tenía que desplazarse constantemente por razones del cargo en el sindicato. Vivió allí hasta la ocupación militar de Cantillana en 1936. Huyó con Pedro Vallina. Su última estancia en Cantillana se produjo entre abril y mayo de 1939, en la cárcel vieja, después de terminada la Guerra Civil.

Ramón Barragán Reina

San Jacinto: El «laboratorio» del Vaticano II en Triana y su histórica tensión con las cofradías

Un estudio histórico analiza la transformación del templo dominico de Sevilla desde su erección como parroquia en 1966, destacando su papel como paradigma de la renovación eclesial y sus conflictos con la religiosidad popular tradicional.

Durante la segunda mitad del siglo XX, el convento de San Jacinto en Triana no fue solo un centro de culto, sino un verdadero campo de experimentación pastoral bajo los nuevos aires del Concilio Vaticano II. Según la investigación de Carlos J. Romero Mensaque, la evolución de este enclave dominico estuvo marcada por una profunda renovación social, el auge de los movimientos juveniles y un sonoro desencuentro con las hermandades locales.

El nacimiento de la parroquia (1966)

Ante el crecimiento demográfico de Triana y la necesidad de dividir las feligresías de Santa Ana y la O, el Cardenal Bueno Monreal erigió la parroquia de San Jacinto el 23 de abril de 1966.

  • El acuerdo: Se firmó un convenio entre el arzobispo y la Provincia Bética de los Dominicos, nombrando a Fray Agustín López como primer párroco ecónomo.
  • Primeros cambios: La comunidad tuvo que adaptar su vida conventual a las exigencias parroquiales, buscando compaginar la observancia religiosa con la labor pastoral. Se realizaron mejoras materiales, incluyendo una pila bautismal regalada por la Hermandad de la Estrella.

La "Revolución" Conciliar y el Club de Jóvenes

A finales de los años 60, con la llegada de Fray Pedro León Moreno como prior y párroco, San Jacinto experimentó un cambio radical de paradigma.

  • Enfoque social: Se pasó de una pastoral de culto y devoción a una centrada en los problemas sociales del barrio y la juventud, inspirada en una incipiente teología de la liberación y el compromiso político del tardofranquismo.
  • El "Club": Se creó una comunidad o "club" de jóvenes que organizaba actividades formativas, teatro y un famoso coro con instrumentos modernos, convirtiéndose en el "buque insignia" de la renovación. Las homilías de Pedro León, descritas como "épicas" y directas, atraían a multitudes y, en ocasiones, multas gubernativas.

El conflicto con las Hermandades

Uno de los capítulos más tensos fue la relación con las corporaciones de la feligresía, el Rocío y la Estrella, que no encajaron en el nuevo modelo de "pobreza" y sencillez litúrgica promovido por los frailes.

  • El caso del Rocío: La tensión estalló en 1970 cuando la parroquia emitió normas prohibiendo altares teatrales que taparan el retablo y exigiendo que la liturgia se centrara en la eucaristía y no en el Simpecado. Tras una fuerte polémica en prensa y la intervención del Cardenal, la Hermandad abandonó San Jacinto en 1982 tras 167 años de estancia.
  • La Estrella: Aunque la relación fue más cordial, la hermandad optó por construir su propia capilla, trasladándose definitivamente en 1976 para evitar conflictos litúrgicos y ganar autonomía.

Estabilización y propiedad del templo

Tras las convulsiones de los 70, las décadas siguientes trajeron una estabilización pastoral bajo párrocos como Francisco Collantes.

  • Cesión de propiedad (1990): Un hito fundamental fue la cesión oficial de la propiedad de la iglesia y dependencias a la Orden de Predicadores por parte del arzobispo Fray Carlos Amigo Vallejo, resolviendo una situación jurídica que venía de la desamortización.
  • Final de siglo: La parroquia se consolidó con consejos pastorales y económicos estructurados, manteniendo una fuerte implicación laical y una comunidad de frailes dedicada a labores sociales, como la atención a personas sin hogar.

El estudio concluye señalando que, tras 2015, se inició una nueva etapa de acercamiento y normalización de relaciones con las hermandades históricas del barrio.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad