ASÍ FUE LA TRAVESÍA DE LA DEVOCIÓN A LA VIRGEN DE LOS REYES DE SEVILLA HACIA EL NUEVO MUNDO

Por Julio Mayo
Nada más iniciarse la Era de los Descubrimientos en 1492, llegó a las tierras del nuevo continente la singular advocación de la Virgen que se venera en el altar de la capilla real de la catedral –en aquel tiempo situada en un lugar distinto al actual–. Su presencia estaba unida a las claves e identidad de una Iglesia floreciente. Quiso la providencia poner en manos de la sevillana la organización del proyecto misional más ambicioso de la cristiandad: la evangelización del Nuevo Mundo. La Virgen de los Reyes era una de las representaciones marianas más antiguas y emblemáticas de esta urbe, entonces auténtica «Madre cultural de naciones» y «Capital del Mundo», que regentaba el monopolio comercial de todos los negocios de ultramar. Cuando los Reyes Católicos crearon la Casa de la Contratación, en 1503, aglutinaron el poder político, económico y judicial relativos a la Carrera de Indias en esta institución, a la que quisieron otorgarle un marcado cariz religioso. Para ello pusieron todo su control en manos de los canónigos de mayor peso dentro de la catedral. Se prefiguraba, pues, la de los Reyes desde el primer momento como la Reina espiritual de la corte eclesiástica sevillana, con un lugar preeminente reservado a los monarcas, como indica el título de su advocación.

Desde este núcleo portuario del Guadalquivir promovieron la organización de importantes flotas sagaces descubridores como Cristóbal Colón, Pedrarias, Hernán Cortés, Magallanes o Menéndez de Avilés, quienes se apoyaron en la gran tradición navegante, comercial y, sobre todo, piadosa que atesoraba esta plaza. Estos generales no podían dejar de invocar el amparo de la que había resultado principal Valedora de la reconquista cristiana, en 1248. Durante un buen número de años del siglo XVI, la imagen se veneró provisionalmente, mientras se obraba la actual capilla real, afuera en el Patio, cerca de la nave conocida en aquel tiempo como la de los Conquistadores.

El puerto de Sevilla en el siglo XVI

El puerto de Sevilla en el siglo XVI

Nombre de barcos

Del carácter americano de la Virgen de los Reyes no solo dan fe las muchas representaciones artísticas que existen en aquel lado del océano. También lo acreditan el número de embarcaciones que llevaron su bendito nombre. En la cultura religiosa de la época era imposible concebir una empresa tan arriesgada sin la protección de María, en cualquiera de sus advocaciones. Colón, precisamente, denominó a su nao capitana con el nombre de «Santa María», titular también de la propia catedral de Sevilla. Diversos registros documentales del Archivo General de Indias acreditan las muchas idas y venidas de barcos con el nombre de «Nuestra Señora de los Reyes y el Santo Rey», hacia América antes de la segunda mitad del siglo XVII. La propaganda barroca promovida desde el seno de la Iglesia hispalense, con el apoyo de Felipe IV, representaba aparejada la Virgen de los Reyes con el monarca que consiguió restaurar el cristianismo en estos lares. Mucho antes de que Roma terminara declarándolo como santo, los maestres de naos, Juan Rendón y Gabriel Pérez de Chaves, comandaron las naves que hermanaba la advocación mariana a la devoción fernandina, entre 1641 y 1644, reivindicando así la canonización del rey Fernando III que ya había solicitado el sacerdote sevillano Bernardo de Toro, en 1630. Se trataba de navíos de propiedad privada, completamente ajenos a la pertenencia estatal.

En el transcurso del siglo XVIII persistió el empleo de su título devocional en la denominación de más embarcaciones. Dejó de aparecer acompañado del de San Fernando y pasó a hacerlo junto a los de San Sebastián o San Antonio. Entre las naves que participaron en la ruta de las especierías, del «Galeón de Manila», hemos hallado también algunas intituladas Virgen de los Reyes. Hasta una poderosa compañía de seguros recibía, en 1771, el nombre de «Compañía Española de Seguros buxo (sic) la protección de la Virgen María N. Señora con el título de los Reyes».

Vista de Sevilla, siglo XVII. Fundación Focus

Protección real

Dentro del recinto sagrado de la catedral se guardó, desde tiempo inmemorial, un espacio privilegiado a los monarcas. A esta capilla, en la que los miembros de la realeza española le han rendido culto a la Virgen de los Reyes, la han favorecido los titulares de la Corona tanto económica como institucionalmente. De este modo, la monarquía se garantizaba una presencia continuada dentro del gran centro religioso que representó la seo hispalense, al tiempo que mostraba con ello la legitimidad divina de los reyes. Uno de los más asociados a la Soberana ha sido históricamente el rey Fernando III, a quien el pueblo sevillano comenzó a rendirle fervor a través de esta capilla. En el Barroco también se representó con ellos a San Hermenegildo, el rey godo de Sevilla que fue asesinado por su padre al convertirse al cristianismo. Era el modo de enlazar la Sevilla preislámica con la cristiana, posterior al dominio musulmán, gracias a la acción heroica de Fernando III. Convergen en la ilustración realizada por Domingo Martínez, en 1740, tres de las devociones sevillanas más importantes: la Virgen de los Reyes acompañada por dos santos monarcas, San Fernando y San Hermenegildo.

El decente sostenimiento del culto era una constante preocupación de la Corona, que nombraba a los capellanes encargados de gestionar el culto a la Santísima Virgen. A causa de ello, se suscitaron no pocos enfrentamientos entre el cabildo de la catedral y sus capellanes mayores, como fue el caso del famoso licenciado Pacheco a finales del quinientos. Como benefactores importantes de la imagen se han distinguido varios reyes y reinas, como Isabel la Católica que realizó grandes donaciones para su ajuar. Si bien otros monarcas han concedido gracias y privilegios. Sirva como paradigma la Real cédula dictada por Felipe IV, el 17 de agosto de 1628, durante los días de la celebración de su festividad y feria que antaño registraba la asistencia multitudinaria de peregrinos.

Besamanos de la Virgen de los Reyes en la Capilla Real / M. J. RODRÍGUEZ RECHI
Además, luce el pecherín denominado de las amatistas, la corona de filigrana de oro, de Manuel González Rojas en 1876. Una pieza antigua y segunda presea quizás de más valor de la Virgen de los Reyes después de la portentosa joya que luciera en su sien el 15 de agosto. Una de las novedades del ajuar que va a lucir en estos días está en el tocado, de encajes de Bruselas, una mantilla de un gran valor que por primera vez porta la Virgen de los Reyes.

Capital indiano

A finales del siglo XVII se acometieron en la capilla real varias remodelaciones con motivo de la fabricación de la urna de plata, destinada a acoger el cuerpo incorrupto de San Fernando. Entre 1685 y 1719 se documentan diversas anotaciones contables en el seno de la Casa de la Contratación, cuyo fondo se conserva en el Archivo de Indias.

Desde la Corona se le pidió a esta institución estatal que financiase la confección de un vestido brocado para la hoy Patrona. Para ello se ordenó que pudiese tomar el caudal necesario, extraído de varias partidas, procedentes de las Indias. El capital indiano supuso la principal fuente económica con la que se saldaron todos aquellos gastos. En 1689, el rey Carlos II instó también a la Casa de la Contratación a que solicitara a generales de flotas y galeones, así como a marinos mercantes, que reuniesen el mayor número de limosnas con las que poder abonar las referidas obras. Según ha publicado nuestro admirado historiador, el doctor Salvador Hernández, la monarquía fue la encargada de reunir todo el dinero necesario para sufragar la urna que realizó el prestigioso platero, Juan Laureano de Pina, en la que se veneran los restos de San Fernando. En la petición dirigida por Carlos II al Virrey del Perú, puntualiza que la demanda de limosnas se encargue «también a todos los arzobispos y obispos de las iglesias metropolitanas y catedrales de esas provincias, para que cada uno en su diócesis cuiden de que se pidan dichas limosnas, pues de más de ser obra tan del servicio de Dios nuestro Señor, será para mí de particular agrado la aplicación que en esto pusiéredes». En la construcción de los virreinatos y las nuevas sociedades de las Indias se tomó muy de cerca el modelo de Sevilla. En muchos casos, quienes marcharon a América para asentarse como nuevos pobladores, o gobernantes, procuraron recrearla a su imagen y semejanza.

El caudal de fervor que recibió la Virgen de los Reyes en la Edad Media fue diluyéndose con el paso de los años. Al trasladarse la ubicación de la capilla real al interior del gran templo, en 1579, el acceso a la imagen quedó mucho más restringido. Acaso a sectores más elitistas, persistiendo entre sus grandes devotos los distintos ministros eclesiásticos de la catedral. Lo proclama así el himno que entonan los sacerdotes invocando el bautismo de Cristo: «Pueblo de Reyes, asamblea santa, pueblo sacerdotal, pueblo de Dios, bendice a tu Señor». Sin embargo, pese a ese afán de preservar su halo especial de majestad, por su vinculación con la monarquía, la Virgen de los Reyes ha terminado universalizándose y formando parte del acervo devocional del pueblo sevillano. Por derecho propio, también encarna el alma de Sevilla.

Grabado de las coplas de la Virgen de los Reyes / BIBLIOTECA NACIONAL

SIGLO Y MEDIO DE LA RIFA DEL COCHINO 1869-2019

Fuentes de Andalucía celebra en los próximos días su centenaria feria, una fiesta a la que está ligada íntimamente la tradición de la rifa de un cerdo vivo, promovida por la Hermandad de la Humildad de la localidad. Una iniciativa que en el presente 2019 cumple su 150 aniversario.

– Francis J. González Fernández –
Investigador local

Las rifas o sorteos son una práctica comúnmente extendida en nuestra sociedad actual, y de todos es conocido su funcionamiento, pues no implica más que la adquisición de papeletas o boletos numerados consecutivamente por un precio fijado, con un procedimiento de sorteo determinado y expresado en el boleto. Extraído el número que determina el ganador en la fecha publicitada, el poseedor de la papeleta se hace acreedor del premio estipulado.

Una práctica de obtención de recursos económicos que está generalizada en el tejido social, pues es una habitual fuente de ingresos para asociaciones, clubes deportivos, hermandades… incluso para personas particulares que han subsistido con la celebración periódica de rifas.

Para la población de Fuentes de Andalucía, habituada a esta práctica por iniciativa de las entidades que dan cuerpo a su tejido social hay, sin lugar a dudas, una rifa que aparece marcada cíclicamente cada año en el calendario, y que a pesar de su cotidianidad, le avala siglo y medio de historia.

Existen determinadas imágenes que están ligadas íntimamente a la tradición y que, el correr del tiempo, no ha querido borrarlas de su espacio. Pasan los años, y los acontecimientos se van adaptando a las distintas épocas históricas que, una tras otra, se van sucediendo. Pasan las generaciones, y las costumbres y hábitos se modifican según las circunstancias sociales, económicas, políticas, etc. de la sociedad. Pero hay cosas que no cambian, que afortunadamente las mantenemos como señas de identidad, con su propia idiosincrasia.

La Feria de Fuentes de Andalucía –originariamente denominada Fiesta de la Ermita–, ha ido sufriendo a lo largo de su dilatada vida una serie de modificaciones sustanciales, de fines, de denominación… pero hay dos características peculiares que se han mantenido en el tiempo: el emplazamiento de su celebración, en el entorno de la ermita de San Francisco y de ahí su denominación primitiva; y desde 1869, la rifa del cochino de la Humildad, como popularmente se le conoce.

Y es que la vida e historia de esta Hermandad está íntimamente relacionada y unida a los anales de la Feria. Los comienzos se remontan a mediados del siglo XVIII, cuando la Hermandad de Nuestra Señora de Consolación y el Señor de la Humildad se encargaba de celebrar la fiesta del Dulce Nombre de María, el día 12 de septiembre, teniéndose los primeros datos documentales en 1758. Se trataba de un conjunto de celebraciones religiosas y lúdicas que dieron origen a la Fiesta de la Ermita y que celebraban en honor de su primera Titular, la Virgen de Consolación, en el arrabal del Postigo, junto a la Puerta del Carbón.

A partir de 1890, el ayuntamiento estableció coincidiendo con esta fiesta una feria de compra-venta de ganado, y en 1948, la Fiesta de la Ermita perdió oficialmente su denominación y pasó a ser Feria y Fiestas de Fuentes de Andalucía. Ya en la década de 1960, la celebración pasó de septiembre a agosto, como se mantiene en la actualidad.

Aprovechando dichas celebraciones, la citada Cofradía, entidad organizadora por aquellos tiempos de la fiesta, puso en marcha una rifa como medio de recaudación de fondos para el sostenimiento de la propia Hermandad y el desarrollo de los fines que le eran propios. Esto ocurrió por primera vez en 1869, año en el que se decidió rifar una mula, y a partir de 1870 se introduce la figura del cerdo.

El día 13 de junio de 1869 «Serreunió la hermandad de el Señor de Humildad / en el sitio de costumbre ermita de S.n Francisco / de Así y seacordo q.e secomprara una bestia mula / para rifarla por dichos hermanos q.e se ayara presente / para q.e coste [conste] cofirmamos todo los concurrentes / en el día de la fecha» [1].

El acuerdo fue rubricado por los oficiales Manuel Labella, José Giménez, Francisco García, Antonio Rivero y Juan de Flores, este último, hermano mayor.

Según los libros de cuentas, la celebración de esta primera edición de la rifa repercutió positivamente en la economía de la hermandad. A pesar de no encontrarse detallados los conceptos, la cofradía ingresó en septiembre de 1769 un montante de 1.912 reales [2], que difería considerablemente con la cifra de 150/200 reales que eran los ingresos habituales al mes en conceptos comunes de donativos o cuotas de los hermanos.

Los óptimos resultados propiciaron que la entidad continuara con la acción emprendida, y al año siguiente, en el cabildo celebrado el 12 de junio de 1870 «Sereunio la ermanda del S.n de la / humirdad en el sitio de costumbre / Ermita de S.n Fran.co de Asi se acordo / q.e cerifase el cochino y seis fanega / de trigo incluso los dos y para q.e / coste [conste] lo firmamos…» [3].

Desde esta fecha, las referencias a la rifa de la Fiesta de la Ermita son habituales en los libros de acuerdos, cuentas… de la Hermandad de la Humildad, conservándose varios boletos correspondientes a distintas épocas.

Hemos de hacer mención que aunque por lo general el agraciado recibía un cerdo vivo, en contadas ocasiones, como lo ocurrido en algunos años de la década de 1940, se sustituyó el animal por un regalo en metálico de 500 pesetas, premio más goloso en aquella época histórica de penuria y necesidad.

Cada tarde/noche de los días de fiesta, un grupo de hermanos sacaba el cerdo de los corrales de la ermita a la calle, colocando una mesa petitoria en la que dispensaban las papeletas, haciendo sonar una característica campana de mano para llamar la atención. Y así se sigue haciendo, ciento cincuenta años después de la primera vez, aunque ya el cerdo no se haya presente, perdiéndose un atractivo para niños y mayores. La remodelación de la huerta de la ermita con motivo de las obras de ampliación de la residencia de ancianas de las Hermanas de la Cruz, acometida hace unos años, produjo la desaparición de los corrales y, por tanto, de un lugar adecuado para acoger al cochino los días de feria, una vez que la Hermandad recogía la mesa de venta de papeletas.

Pero a pesar de ello, –como cada año– se sigue manteniendo esta centenaria tradición y todas las noches de Feria los hermanos se siguen sentando haciendo sonar su campana y vendiendo papeletas frente a «la puerta del campo» de la huerta de la ermita, en la fachada de la nueva caseta municipal.

Y como cada año, el último día de la fiesta, se efectúa el sorteo públicamente. Todas las matrices de las papeletas vendidas son introducidas en el tradicional barril, que a modo de bombo de sorteo, alberga todas las oportunidades y del que, una mano inocente, extrae el número agraciado que se llevará el cochino de la Feria.

Siglo y medio haciendo lo mismo, perseverando una costumbre con solera que la Hermandad mantiene desde el siglo XIX y que perdura en el tiempo cumpliendo fielmente su fin principal: ser una fuente de ingresos para el sostenimiento de la Cofradía.

El Postigo, la Ermita, la Feria, la Humildad, el cochino, sus papeletas… una serie de elementos inseparables que son origen y tradición al llegar cada año está más que centenaria fiesta en Fuentes de Andalucía, y una de cuyas señas de identidad este año está de aniversario.

A la feria, fontaniegos, al Postigo, a disfrutar, y que compren muchas papeletas para que les toque el cochino.

NOTAS:

1] (A)RCHIVO DE LA HERMANDAD DE LA (H)UMILDAD DE (F)UENTES DE ANDALUCÍA. Libro delos Cavildos dela Hermandad de Nuestra Señora de Conzolacion zita Enla Hermita de Nuestro Padre San Franco de esta villa de Fuentes. Año de 1732, f. 72-72 r.

2] A. H. F. Libro de Data de la Hermandad de Nuestra Señora de Consolación y Nuestro Padre Señor de la Humildad. 1803, Cuentas de 1769. Folio sin numerar.

3] A. H. F. Libro delos Cavildos…, f. 75.

LAS NIEVES Y EL LIENZO DE PABLO LEGOT

Hasta los escultores Martínez Montañés y Gaspar de Ribas tuvieron que venir a la parroquia de Los Palacios, en 1631 y 1645 respectivamente, para peritar los trabajos realizados por el ensamblador Martín Moreno, en la construcción de un nuevo retablo que acogería distintas pinturas del artista flamenco Pablo Legot. El viejo estaba en unas condiciones precarias, y el señor provisor del Arzobispado mandó construir otro, de nueva factura, que ocupase todo el testero del altar mayor, después de la ampliación del arco toral en 1619. El diseño arquitectónico no se realizó en torno a la purísima advocación de Santa María la Blanca, como titular del templo del mismo título. Aquel proyecto se focalizó sobre un lienzo de grandes proporciones, que representa la «Adoración de los Pastores», concebido con el fin de concentrar la atención de los fieles (de Villafranca de la Marisma, por un lado, y Los Palacios, por otro, antes de que se uniesen en un solo municipio, en 1836).

Entonces se suscitó cierto desajuste entre el encargo y la escultura medieval de la Virgen de las Nieves que ya existía. En un pequeño nicho dispuesto sobre el sagrario del altar mayor, continuó recibiendo culto aquella efigie gótica, de talla completa, vinculada al antiguo templo que conoció el cura Andrés Bernáldez, cronista de los Reyes Católicos. Aquella misma que estuvo tan estrechamente relacionada con la familia Ponce de León, como propietaria señorial de la villa de Los Palacios que pertenecía al ducado de Arcos. Varios documentos del siglo XVII la revelan como Patrona de la villa de Los Palacios, muy seguramente por las continuas intermediaciones milagrosas dispensadas sobre nuestros vecinos en momentos de grandes adversidades. Su unción sagrada tuvo que propiciar el crecimiento del culto a la imagen y el aumento del número de fieles, aunque haberlo recibido dentro de un templo parroquial pudo haber frenado mayor desarrollo de su fenómeno devocional.

Usos de la imagen

Pese a las normas correctoras dictadas por la Iglesia contra el uso inadecuado de las imágenes devocionales, la de nuestro pueblo era ataviada con ropajes de la época, si bien estaba completamente tallada en madera. Por un testamento, fechado en 1530, sabemos que ya era vestida en aquel tiempo. A mediados del siglo XVI, criticó muchísimo aquellas prácticas San Juan de la Cruz, quien consideraba una auténtica profanación aderezar con vestimentas, pelucas y zarcillos a la Madre de Dios. Entre las constituciones del Sínodo de Sevilla celebrado en 1604, se prohíbe a los sacristanes de las parroquias de los pueblos que vistiesen a las imágenes con este tipo de ornamentos. Sin embargo, la antigua imagen de las Nieves continuó revistiéndose con tejidos a lo largo de todo el Seiscientos.

«Ricamente vestida»

Las descripciones de varias visitas pastorales la retratan así, desde 1654 a 1699, año en el que el señor visitador, el licenciado don José Morales de Varejón, reseña que «está ricamente vestida». Una curiosísima narración de 1705 precisa que en el «cuerpo principal de este altar está colocada una imagen de Nuestra Señora, casi de cuerpo entero, vestida y con el Niño en las manos, y es su advocación Santa María la Blanca». Según esta cita, es muy posible que ya se hubiese realizado una pequeña adaptación de la imagen para poder acoger los vestidos, con mayor decoro.

Resulta muy sintomático que a la Virgen María de la pintura de Legot, que atiende al recién nacido, se le añadiese sobre el lienzo barroco un creciente, de plata de ley, con la intención de resaltar su divinidad. Por distintas anotaciones contables del Archivo parroquial, hemos documentado que la media corona plana se fundió con otras más, para hacer un gran copón de plata, en 1731. El clero, con esta nueva coronación, trató de llamar la atención hacia la otra, distinta a la patrona, en su pretensión institucional de enaltecer, desde el altar mayor, devociones universales no vinculadas al ámbito local. Por esta razón se realizaban grandes retablos con magníficas imágenes y atractivas pinturas en la mayoría de las iglesias parroquiales. Una fórmula pastoral muy propia de la época, para encauzar convenientemente la piedad popular.

Las transformaciones de imágenes de talla para ser vestidas obedecen a la pretensión de hacerlas más cercanas y familiares para sus devotos, como ponen de manifiesto los distintos trabajos de Palma Martínez-Burgos. Anteriormente, hemos referido que el cuerpo de la primitiva talla de las Nieves había sido algo adaptado, en el transcurso del siglo XVII, para cubrirlo con vestiduras de tejidos. En cambio, parece que mantuvo la apariencia de su antiguo semblante durante varios siglos. En enero de 1777, fue alterado con la sustitución de sus ojos por otros de cristal, según recientes investigaciones nuestras. Dos décadas más tarde, concretamente en 1796, coincidiendo con unas obras del edificio, fue cuando se reemplazó la primitiva talla gótica por otra nueva, para la que se fabricó su correspondiente esqueleto, con un bastidor de madera, así como su cabeza y las dos manos. Esta nueva imagen contó con una gran bienhechora en la persona de doña María Noguera, quien enriqueció su ajuar con importantes joyas de plata y la donación del Niño en 1809.

Fracaso de la Ilustración

Entre 1792 y 1796 permaneció cerrada al culto la iglesia parroquial y se realizó la gran obra neoclásica de remodelación, bajo las directrices del arquitecto Fernando de Rosales. Se amplió la altura del altar mayor y el antiguo retablo de Pablo Legot necesitó ser reajustado. No obstante, se mantuvo el hueco en la pared del testero para venerar a la Virgen de las Nieves, cuya imagen pasó entonces a ser de candelero, con el fin de emplearse con mayor boato en rituales de piedad popular, tales como procesiones y funciones religiosas de distinta índole. Precisamente todo lo contrario, a lo recomendado por la Ilustración.

La actual imagen debe su actual impronta al quehacer escultórico del imaginero sevillano Gabriel de Astorga, quien la efigió en 1864. Hoy resulta paradójico que, en nuestro pueblo, no podamos desligar el contenido pictórico que encarna la «Adoración de los Pastores» de la iconografía propia de la imagen titular de Santa María la Blanca. Esta representación mariana tan dulce, engalanada para el culto con una vestimenta propia de una gran dama, ha conseguido eclipsar la percepción y calidad artística del lienzo, erigiéndose como la auténtica vencedora del conflicto originado, durante el Barroco, entre la escultura devocional y la pintura. Y, sobre todo, ha contribuido a consagrar el símbolo cultural que personifica la Virgen de las Nieves y la devoción que le profesa a su Narduela el municipio unido de Los Palacios y Villafranca.

Precisamente hoy volverá a renovar su devoción a la patrona de la localidad en la función principal de instituto, que tendrá lugar en la parroquia de la localidad a partir de las 11.30 de la mañana, y en su recorrido procesional acostumbrado a partir de las 21.30 horas.

Fuente: https://sevilla.abc.es/sevilla/sevi-nieves-y-lienzo-pablo-legot-201908050723_noticia.html

EL ROCÍO, HERRAMIENTA PASTORAL PARA LA EVANGELIZACIÓN DEL PUEBLO

Y hablando de caminos. Una senda importante que condujo el Rocío hasta la consecución de la Coronación, con el respaldo de Roma y toda la jerarquía eclesiástica, fue el secreto de su gran éxito devocional entre tanta gente de clase humilde, y su capacidad integradora de reunir a pueblos distintos, en convivencia. Nuestra Señora del Rocío, venerada durante siglos mayormente por ganaderos y personas del campo que transitaban el entorno del coto de Doñana, se alzó en el principal símbolo de unidad tanto de los almonteños como de los vecinos de otras localidades limítrofes. Caracterizaban al Rocío la alegría, la fiesta, pero también la penitencia emanada de la gran devoción que le profesaban los fieles a la Santísima Virgen.

En el transcurso del siglo XIX, creció muchísimo el fervor popular rendido a Ella, cuando paradójicamente comenzó a decaer la Iglesia a consecuencia del anticlericalismo. La titular se convirtió en un auténtico referente, que recibía culto de masas. Su inusitado poder milagroso atraía la encomienda de promesas desde todos los lugares. Se celebraba en su honor una importante fiesta de encuentro entre paisanos de distintos pueblos, que venían hasta su ermita peregrinando en cortejos romeros, después de recorrer tierras del aljarafe sevillano y el condado onubense. También, las orillas de la desembocadura gaditana del Guadalquivir. A inicios del siglo XX, el Rocío hermanaba tres provincias andaluzas (Huelva, Cádiz y Sevilla), pues distintas hermandades filiales concursaban en la romería, función y procesión de la Virgen. Era ya la que mayor número de romeros congregaba de toda España.

La Coronación tuvo lugar el 8 de junio de 1919, hace ahora justamente cien años. En pleno trienio bolchevique, nuestro país se había consagrado al Sagrado Corazón de Jesús, el 30 de mayo de 1919, escasos días antes del histórico acontecimiento rociero. Ya había concluido la Primera Guerra Mundial, pero no cesaban las huelgas ni las protestas en nuestro campo andaluz. Había un enrarecido ambiente de conflictividad social. Además, sobrevinieron corrientes ideológicas contrarias a la fe católica y la Iglesia sentía la amenaza de la revolución rusa, tal como ya había vaticinado la Virgen, en Fátima, el 13 de mayo de 1917.

En aquella coyuntura emergió la Virgen del Rocío como valedora y defensora de la fe. El principal símbolo que mejor podía mantener la unidad del pueblo. No cabe duda de que la Iglesia se valió del importante predicamento que, entre el pueblo llano, atesoraba la Reina de las Marismas. Una imagen capaz de hermanar a personas de clases sociales distintas, o enfrentadas por otras cuestiones de la vida. El prestigio de la efigie se extendió con mayor facilidad a raíz de la producción de artículos de recuerdos. Entonces comenzaron a acuñarse medallas, se imprimieron estampas, postales, fotografías –como la oficial de Alcañiz–, y franquiciaron comercios fuera de Almonte (en ciudades como Sevilla), donde se pusieron a la venta multitud de objetos piadosos relacionados con la Virgen del Rocío.

Huelva y Sevilla

En el pasado fueron prácticamente una misma tierra, pues localidades como Almonte pertenecieron al antiguo reino de Sevilla. Pero en 1833, el ministro Javier de Burgos promovió la división territorial de las provincias españolas. Huelva y Sevilla quedaron delimitadas, civilmente, como se conoce en la actualidad. Sin embargo, permanecieron unidas en el ámbito espiritual bajo la archidiócesis sevillana hasta la creación del obispado de Huelva, en 1954.

Pese a recibir culto en una ermita situada en el campo, alejada de la urbanidad, la Virgen del Rocío se erigió en la principal mediadora que podía evitar desencuentros. Por ejemplo, el originado entre las provincias de Huelva y Sevilla, puesto de manifiesto en el preámbulo de la Coronación por el sacerdote Jurado Carrillo al reivindicarse este como su primer mentor. De su idea, hizo la causa de Huelva frente a Sevilla.

El clero se agarró a la Virgen del Rocío para sensibilizar al pueblo ante el avance del laicismo, propugnado por las revoluciones sociales de aquel tiempo. Es el caso del protestantismo en Huelva, tierra que acogía a los ingleses que regentaban las Minas de Riotinto. Merced a la Virgen del Rocío, muchas familias no son hoy ateas. Esta sabia convivencia de idearios religiosos y políticos la retrató, años más tarde, el genial periodista Manuel Chaves Nogales, en un reportaje titulado La Andalucía Roja y la Blanca Paloma, que publicó el diario madrileño «Ahora» el 4 de junio de 1936.

Por eso recobran plena vigencia la hermosa invocación dedicada a la Virgen por el entonces cardenal de Sevilla, don Enrique Almaraz, en la homilía de la Coronación. Ahora hace un siglo que se escuchó decir en la aldea, desde aquel altar provisional instalado en el Real, que Nuestra Señora del Rocío era la patrona de la paz y de la justicia social.

Julio Mayo

Fuente: https://sevilla.abc.es/rocio/sevi-rocio-2019-rocio-herramienta-pastoral-para-evangelizacion-pueblo-201906070752_noticia.html

LA CANDELARIA DE TRIANA

LA CANDELARIA TENÍA UN ALTAR EN EL CONVENTO DOMINICO DE SAN JACINTO, DONDE RESIDÍA LA HERMANDAD

Julio Mayo

El origen del nombre popular de la peregrinación extraordinaria que realiza la hermandad del Rocío de Triana, al margen de la romería de Pentecostés, se encuentra en una antigua tradición religiosa del propio barrio. Esta hermandad residió desde 1819 hasta hace escasas décadas, en el templo conventual de San Jacinto, en cuyo altar mayor hubo en siglos pasados una imagen pequeña de la Virgen María, en su advocación de la Candelaria. Aquella efigie, hoy retirada del culto, fue la titular de la ermita que dio lugar a la fundación del convento. Cada 2 de febrero, los frailes dominicos celebraban la festividad litúrgica de la Presentación del Niño Jesús en el templo, con el ritual de la luz de las candelas. Tanto el vecindario del arrabal como los rocieros se identificaron con el acto religioso y acabaron integrándolo en el calendario de sus propios cultos.

A inicios de la década de 1960, en pleno crecimiento del fenómeno rociero, un grupo de hermanos adoptó la costumbre de acudir a caballo hasta la ermita del Rocío el domingo más inmediato a esta fiesta. A la vuelta de pocos años, el grupo de romeros aumentó muy considerablemente, surgiendo así esta otra peregrinación complementaria al camino de Triana, que sirvió como un cauce más de acercamiento a la vida de la Iglesia.

El perfil de los primeros jinetes que de modo privado comenzaron a acudir a la aldea, en torno a la Candelaria, esboza el retrato de unos hombres relacionados económicamente con el sector agropecuario y el mundo de las haciendas y cortijos sevillanos. Entre ellos, encontramos a Juan Guardiola Soto, conde de Jimera de Líbar, que luego llegaría a ser hermano mayor; un matrimonio de Huelva que mantenía gran amistad con Manuel Ruiz Torrent, Pepe Fal, Esteban Torres González-Camino, marqués de Casa Ulloa, Joaquín Haro de Roda y José García Carranza. También llegaron a participar algunos otros más que se sintieron atraídos.

En enero de 1959, la hermandad matriz de Almonte aceptó una petición de la filial sevillana, en la que solicitaba rendir visita a la Virgen del Rocío dos días al año, con independencia de la gran romería de Pentecostés: el 1 de noviembre, en la festividad de Todos los Santos, como venía haciéndolo desde hacía algunas fechas, y un domingo próximo a la Candelaria. Aquel año de 1959, la hermandad trianera organizó su peregrinación el 11 de enero.

Inicio en 1949

Pero recientemente hemos podido documentar que diez años antes, en 1949, la hermandad de Triana solicitó al secretario de la matriz almonteña, Vicente Díaz de la Serna, celebrar una misa en la antigua ermita un domingo de enero. La petición se enmarca dentro del contexto de las peregrinaciones extraordinarias que las filiales comenzaron a promover a lo largo del año. Piadosa costumbre iniciada, en 1948, por la hermandad de La Palma, que siguió la trianera de inmediato.

Otro precedente de estas peregrinaciones lo hallamos en las que se rendían cuando la Virgen del Rocío era trasladada a la parroquia almonteña de la Asunción, como la de 1930 y otros años más. Es muy célebre la peregrinación de oración y penitencia organizada por Triana el 12 de febrero de 1950, con el carácter extraordinario de la estancia de la patrona en Almonte.

En aquellos primeros caminos, no venían a caballo desde Triana. El trayecto lo iniciaban el sábado por la mañana en Villamanrique de la Condesa, desde donde los caballistas emprendían el camino cruzando la Raya real para llegar a Palacio y alcanzar así la aldea del Rocío atravesando Matagorda y el puente del Ajolí. El domingo tenía lugar una misa solemne a las plantas de la Virgen, a la que acudía un gran número de hermanos y devotos que marchaban en vehículos particulares y autobuses fletados por la hermandad desde Sevilla. Luego, a la conclusión de la celebración religiosa, el grupo disfrutaba de una jornada de convivencia. Los caballistas regresaban el lunes desde El Rocío paando por Villamanrique, donde los convidaba a almorzar doña Esperanza de Borbón.

Con el tiempo, aumentó el número de peregrinos y esta peregrinación adquirió un auge inusitado, hasta el extremo de que su hermandad dejase de organizarla a finales de la década de 1990. Desde hace años, Triana ha procurado recuperar la idiosincrasia de aquellos primeros caminos, aunque el peregrinaje se inicia desde los terrenos de su propiedad en Pozo Máquina. Fiel a sus señas de identidad, la hermandad vela porque en el cortejo solo participen los vehículos indispensables que garanticen la seguridad y limpieza del entorno natural.

A inicios de los años sesenta, la hermandad de Triana se encargaba ya de organizar oficialmente estas peregrinaciones con la autorización de la hermandad matriz de Almonte. Entre las Candelarias ha quedado en el recuerdo de los rocieros el merecido homenaje tributado en 1963 a Armando Herrera, hermano mayor honorario y perpetuo, así como hermano número 1.

Donativo en 1967

Otro de los grandes hitos vividos en la Candelaria tuvo lugar el 5 de febrero de 1967. Los trianeros hicieron entrega del donativo que permitió costear el importe de la pavimentación del nuevo santuario. Con la construcción de la nueva carretera, en 1960, se facilitó el acceso a los peregrinos y estas peregrinaciones comenzaron a alcanzar niveles de participación muy elevados, hasta entonces desconocidos. El incremento de visitas terminó demandando una mejora de las instalaciones de la antigua ermita. Comenzaron muy pronto las obras del nuevo santuario, concebido en consonancia con las nuevas necesidades litúrgicas y pastorales de la Iglesia, y la magnitud que el Rocío había alcanzado tras la gran eclosión de aquellos años, al consagrarse su romería como acontecimiento religioso de relieve regional y nacional.

Durante los años que duraron las obras del nuevo santuario, se solemnizó en la puerta de la iglesia provisional que acogió la imagen del Rocío, una misa de campaña a la llegada de los peregrinos trianeros en la Candelaria. Esta función religiosa, que llegaron a presidir obispos tanto de la recién creada diócesis onubense como de la archidiócesis hispalense, también se ofició delante del monumento dedicado de la Virgen en el Real el año 1919, donde en la actualidad se realiza el pontifical de Pentecostés.

Desde hace varias décadas esta fiesta ya no recibe el nombre oficial de la Candelaria. Se trata de la peregrinación de invierno de la hermandad del Rocío de Triana, desligada de la fiesta de la Luz, que oficialmente organiza la hermandad matriz de Almonte el primer fin de semana de febrero, encuadrada dentro del calendario de cultos que su hermandad y el pueblo de Almonte dedica a su milagrosa patrona.

Una de las señas de la cultura andaluza es la estampa devocional de la hermandad de Triana caminando hacia el Rocío, porque con la aportación de distintos valores de índole cultural y etnográficos a este fenómeno devocional, como el de haber servido como ejemplo en la dignificación de los cortejos romeros, ha contribuido a que muchos de los ingredientes del Rocío formen parte de la imagen por la que España es conocida en el mundo.

Cuando Sevilla y Huelva eran la misma tierra, Triana se introdujo en el corazón de los pueblos que integraban el núcleo primitivo de las filiales más antiguas que hicieron posible hablar del Rocío como la gran romería de Andalucía.

Fuente: https://sevilla.abc.es/pasionensevilla/actualidad/noticias/la-candelaria-triana-139941-1548534511.html

LA VISITA DE FELIPE V EN 1730 AL GRAN PODER POR LA EPIFANÍA

El primer Borbón, durante el llamado «Lustro real en Sevilla», se postró ante el Señor de Sevilla el 6 de enero de 1730

Entre los poderes milagrosos del «Divino Leproso» figuran también todas las gracias reportadas a reyes como Felipe V. En el apretado programa de actos oficiales que desarrolló el primer Borbón en el trono de España cuando convirtió a Sevilla en capital y corte durante el llamado «Lustro real», el monarca estipuló visitar al Señor el 6 de enero de 1730, fiesta de los Reyes. Después de inaugurar el año con unas jornadas de cacería en la Sierra Norte sevillana, Felipe V regresó el 5 de enero al Alcázar, en cuyo palacio real se hallaba establecido, junto a su esposa, Isabel de Farnesio, sus hijos y la corte que le acompañó aquí en Sevilla, de forma permanente, entre 1729 y 1733. Curiosamente, el Nazareno del Gran Poder ya había salido de forma extraordinaria en 1706 en acción de gracias por el «buen suceso» del propio Felipe V en la guerra librada para acceder al trono. Esta visita real se interpreta como el agradecimiento del monarca católico al Gran Poder por la lealtad institucional que la ciudad le dispensó a lo largo de su carrera sucesoria, así como el reconocimiento también hacia algunos de los cofrades de la hermandad más allegados a los gremios del comercio, de los que recibió gran apoyo. El encuentro de Felipe V con el Gran Poder terminó insertando al Señor de Sevilla entre las imágenes del devocionario particular de los reyes, y consagrándolo como una de las efigies más prestigiosas del Barroco.

Era la primera navidad en que la corte borbónica residía en Sevilla, y en la Capilla Real de la Catedral no existía aún la tribuna desde la que los reyes honrarían a la Virgen de los Reyes cada 6 de enero. En esta ocasión iban a visitar al Gran Poder. El séquito real se puso en marcha hasta la parroquia de San Lorenzo, donde se veneraban los titulares de la hermandad en una capilla recién remozada, y bien equipada con hermoso altar y meritorios enseres. Vestidos de gala los miembros de la familia real, se postraron ante la impresionante representación de Jesús con la cruz a cuestas, la antigua dolorosa del Traspaso y San Juan Evangelista. Ya los habían contemplado en la Semana Santa de 1729, al paso de la cofradía por la plaza de San Francisco, en la tarde del Jueves Santo, que era el día de su estación penitencial.

El ritual de la incorporación del rey como hermano distinguido de la hermandad del Gran Poder se cumplimentó con el juramento solemne de las reglas, en el transcurso de una ceremonia de gran boato, después de que el monarca hubiese notificado su decisión de ingresar como cofrade a la corporación municipal y al cabildo de la catedral. Acompañaba al rey el cardenal Borja, vicario general de los ejércitos reales, quien, precisamente, el día anterior había bendecido los estandartes de las tres compañías de guardias de corps.

Llamaba especialmente el protagonismo excesivo que acaparaba en todos los actos la reina, doña Isabel de Farnesio, ante las limitaciones de un rey un tanto excéntrico. Si bien, el vecindario se embelesaba con las infantas, los infantes y el príncipe de Asturias, futuro rey Carlos III, a quienes veían discurrir con frecuencia por el paseo de la Alameda de Hércules.

En documentos de inicios del siglo XVIII, la hermandad se hace llamar ya de «Jesús del Gran Poder». Consta así cuando arribó a la parroquia de San Lorenzo el 16 de abril de 1703, a la luz de aportaciones documentales reveladas por Ramón Cañizares. Constan estrechos vínculos de algunos hombres dedicados a negocios de ultramar. El indiano Francisco Javier Costilla, mandó dinero desde América, en donde el Gran Poder había llegado a alcanzar una trascendencia universal. Solo un año después de la visita regia, en 1731, la gran influencia de algún cofrade suyo propició que la capilla del Señor, ubicada en San Lorenzo, quedase agregada temporalmente a la basílica de San Juan de Letrán.

Aquella insólita estampa de la adoración del primer rey Borbón al Gran Poder se asemejó, en cierta forma, a la rendida por los Reyes Magos al Niño de Dios en Belén. Felipe V pretendía afianzar su autoridad. Según la mentalidad de la época, quien verdadera y únicamente podía otorgársela al monarca era la divinidad. Y en Sevilla, Dios es el Gran Poder.

Epifanía del Señor

En el Archivo Histórico Nacional de Madrid se conservan las reglas que elaboró el mayordomo don Tomás Díaz de Benjumea, encuadernadas en terciopelo rojo, y aprobadas por la autoridad eclesiástica en 1724. Hace bastantes años, las estudió el profesor Antonio José López Gutiérrez. Advirtió que, entre los pasajes de los evangelios, figura el de la adoración de los Reyes, según San Mateo. Este texto sagrado cumple dentro de las reglas una clara función litúrgica, enfocada al uso de algún tipo de culto. Es posible, por tanto, que la hermandad celebrase ya la festividad de la Epifanía en aquellos años iniciales del setecientos, de algún modo u otro. Aunque tampoco tiene nada de extraño que la conmemorase desde mucho antes. Casi todo el cuerpo textual de las reglas de 1724 fue tomado de otras anteriores, fechadas en 1587 y 1570 respectivamente. En aquellos años finales del siglo XVI la cofradía de sangre del Traspaso residía en el convento franciscano del Valle, actual santuario de los Gitanos, cuando ni tan siquiera Juan de Mesa había tallado su actual titular en 1620. En el transcurso del siglo XVIII fue concretándose el nacimiento de la novena, alrededor de la solemnidad de la Epifanía.

Fuente: https://sevilla.abc.es/pasionensevilla/actualidad/noticias/la-visita-felipe-v-1730-al-gran-poder-la-epifania-138956-1546970601.html