Al conmemorarse el 150 aniversario de la muerte de Gustavo Adolfo Bécquer (1870-2020), el inmortal poeta y escritor romántico nacido en Sevilla el 17 de febrero de 1836 y fallecido en la misma ciudad el 22 de diciembre de 1870, nuestro compañero de ASCIL, Rafael Fernando Sánchez Pareja, ha dado a la estampa y presentado el libro «Desde Flandes hasta Gelves. La generación perdida de los Bécquer», que cuenta con prólogo del escritor Rafael Salcedo Ramírez.
«Desde Flandes hasta Gelves. La generación perdida de los Bécquer», es una interesantísima obra de investigación genealógica novelada que comienza cuando, en el último tercio del siglo XVI y desde las lejanas tierras de Flandes, dos viajeros, los hermanos Miguel y Adam Bécquer Van der Lep, llegan a la ciudad de Sevilla, considerada por entonces la más importante del mundo, pues era la puerta para poder viajar a las lejanas tierras de América.
Los hermanos Bécquer se establecen en Sevilla para negociar con los tejidos de lana que su familia elabora en su ciudad natal, además de aventurarse en el comercio con Nueva España.
En la ciudad progresaron familiar, social y económicamente, hasta llegar a ser una de las familias más influyentes tanto en Sevilla como en la comunidad de flamencos instalada en la misma, llegando sus descendientes a ocupar puestos de responsabilidad en el cabildo municipal de Sevilla, además de pertenecer a distintas órdenes militares.
La trama se desarrolla durante algo más de trescientos años, en el que su autor va a describir, lo más fielmente posible, los distintos acontecimientos históricos vividos por cada generación de esta familia, tanto en la ciudad de Sevilla como en algunos pueblos de la provincia.
Es precisamente en la villa de Gelves donde se establece, durante el primer tercio del siglo XIX, el personaje que da título y naturaleza a esta obra, en el que, gracias a las investigaciones históricas realizadas por su autor durante cinco años, se demuestra lo que otros autores no han conseguido desvelar, ubicar al citado personaje dentro de este linaje familiar y aclarar el parentesco de otro miembro, pintor y profesor que fue de la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, demostrando como en la actualidad varias familias gelveñas son descendientes de esta rama del linaje de los Bécquer.
Con esta obra, autoeditada por Rafael Fernando Sánchez Pareja, licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla y especialista en Derecho Nobiliario, Premial, Heráldica y Genealogía por la UNED en colaboración con la Real Asociación de Hidalgos de España, se sumerge al lector en una vorágine de emociones que le llevará, en sus más de cuatrocientas páginas, desde la Flandes del siglo XVI hasta los albores del primer cuarto del siglo XX, pasando por cada una de las veintitrés líneas de generaciones de los Bécquer asentados en Gelves, quienes fueron entregando el testigo de su estirpe de raíces holandesas.
Al ser una publicación autoeditada el número de ejemplares disponibles es muy reducido. Quienes estén interesados en la obra podrán contactar con el autor llamando al teléfono 679414225 que ha sido facilitado para pedidos.
El próximo viernes 30 de octubre a las 21 horas en la Capilla de San Gregorio de Alcalá del Río, tendrá lugar la presentación del número 42 de la revistas "La Espadaña", revista que dirije José Castaño, archivero de la hermandad de la Soledad y miembro de ASCIL, y que cada año edita con contenido meramente histórico, con el fin de divulgar las diferentes investigaciones que los miembros del Grupo de Investigación Histórica y Archivo de dicha Hermandad llevan a cabo.
La revista suenta con artículos de grandes historiadores locales y sevillanos que dan a conocer diferente documentación, en su mayoría inédita.
El Museo de la Ciudad de Carmona acoge una exposición sobre la Carmona romana que se puede visitar hasta el 30 de noviembre, dentro del programa de actividades sobre el octubre romano. En la imagen, el 'Mosaico de las Estaciones', una de las piezas arqueológicas más importantes halladas en la localidad en los últimos años y que está expuesta al público en una de las salas principales del museo.
Entre las obras que se exponen en el coro alto de la Parroquia de la Magdalena, un espacio que ha abierto sus puertas al público tras una laboriosa restauración y que el arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo,bendijo el pasado jueves, destaca una conmovedora Inmaculada con el Niño. La pintura atrae la atención del visitante por su belleza, pero también por su novedad: se trata de una donación reciente de la que no pudo dejar constancia la guía breve del patrimonio artístico que custodia la iglesia y que escribieron los profesores José Roda Peña, Pedro Martínez Lara, Pedro Manuel Fernández Payán y Álvaro Cabezas García.
Este último investigador atribuye esta Inmaculada con el Niño a Francisco Pacheco (Sanlúcar de Barrameda, 1564 - Sevilla, 1644). Y, a su juicio, no se trataría de un trabajo menor en la extensa trayectoria del artista, sino de una creación de madurez. "Cuando vi la imagen del cuadro me quedé impresionado", confiesa Cabezas García, doctor en Historia del Arte por la Universidad de Sevilla y especialista en pintura sevillana. "No es casual que en la Magdalena lo hayan colocado en un lugar destacado. El otro día, en la prensa, se veía al arzobispo delante de esta obra. Y hablamos de una parroquia que tiene zurbaranes y documentos únicos vinculados al bautismo de Murillo o el enterramiento de Martínez Montañés", señala el estudioso.
Cabezas García, que quiere publicar más adelante "un análisis científico, detallado y riguroso, en una revista especializada", considera que Pacheco abordó esta Inmaculada en su etapa de plenitud, cuando exhibía ya una altura artística incuestionable. "Se trata de un nombre muy conocido, pero se le recuerda más por haber sido suegro de Velázquez o por publicaciones como el Arte de la Pintura o el Libro de los Retratos, que por su obra en sí. Siempre se le ha criticado por sus nociones de anatomía o por lo plano que representa a los personajes", analiza el investigador. "Pero en su trayectoria se da una mejora, especialmente después de que viajara a Toledo y conociera a El Greco, tras ir también al Escorial, donde estaba la gran escuela de pintura de la Corte. Después de esas experiencias Pacheco regresa a Sevilla con una madurez sobresaliente".
'Inmaculada con el Niño'. / Pedro Martínez Lara
Es en esos años en los que afianza su estética cuando Pacheco acoge en su taller a Velázquez y a Alonso Cano, un tiempo en el que en la ciudad se avivan las disputas teológicas en torno a la Inmaculada Concepción, un tema que defendían con vehemencia "algunas órdenes religiosas como los franciscanos, frente a los dominicos, que estaban en contra de lo que en el futuro sería declarado dogma", expone Álvaro Cabezas. Pacheco se posicionará claramente en el primer bando y volverá en repetidas ocasiones a esta representación de la Virgen.
Para el historiador del arte, que cree "serían los franciscanos, muy devotos de la causa, los que le encargarían esta pintura a Pacheco", el cuadro que acoge la Magdalena es superior a otras creaciones del maestro, como La Inmaculada con el retrato de Miguel Cid que pertenece a la Catedral de Sevilla y está fechada en 1619, la Inmaculada con el retrato de Vázquez de Leca (1621) o la Inmaculada del Palacio Arzobispal de Sevilla. Cabezas García ve "más relacionable" la pieza con otras cumbres en la producción del autor, la Inmaculada de la Parroquia de San Lorenzo o La Virgen y él Ángel del Rectorado de la Universidad de Sevilla.
Una singularidad de la pintura de la Magdalena es el hecho de que la Virgen sujete al Niño entre los brazos. "Se suele representar la visión que ofrece San Juan en Patmos, cuando escribió el Apocalipsis, esa Virgen vestida de sol con la luna a los pies", apunta Cabezas. "La otra versión procede de Juan Duns Scoto, un fraile escocés que ofreció la explicación teológica de la Inmaculada Concepción de María. En una ocasión, la Virgen se le apareció a Scoto mientras oraba en la iglesia, poniendo en sus brazos al Niño Jesús, tal y como había sucedido con San Antonio o San Félix de Cantalicio en otros milagros, y como él, pudo acariciarlo y adorarlo", detalla el investigador.
El artista, prosigue Cabezas, "no participa mayoritariamente" de la iconografía de la Virgen que sostiene al Niño, pero "la da por válida". En su Arte de la pintura se decanta por la otra variante, más extendida: "Sin poner a pleito la pintura del Niño en los brazos, para quien tuviere devoción de pintarla así, nos conformaremos con la pintura que no tiene Niño, porque esta es la más común", escribió.
El arzobispo, en la bendición del coro alto de la Magdalena, con la pintura a un lado. / Juan Carlos Muñoz
En su composición, en la que esa figura materna se antepone a un paisaje, Pacheco no es "absolutamente original, se inspira en Durero", revela el estudioso. La Virgen y el Niño sobre la luna creciente, que alberga el Metropolitan Museum Art, y La Virgen y el Niño sobre la luna creciente con una diadema serían los referentes de los que partió el autor. "Esto era habitual", aclara Cabezas García. "En el Renacimiento y el Barroco los artistas buscan libros de grabados y estampas en las que basarse. Pacheco, además, es alguien que tiene una gran biblioteca, unos conocimientos muy avanzados de lo que se está haciendo en Europa". Fue Benito Navarrete, "cuando le comenté mis impresiones sobre Pacheco, el que me planteó el modelo de Durero y me animó a estudiar la pintura. Con él tenemos una voz de autoridad en este tema", continúa el investigador.
La pintura que cuelga ahora en el coro alto de la Magdalena tiene, explica Álvaro Cabezas, "problemas de conservación, algunas lagunas que se extienden por toda la superficie del lienzo, pero se aprecia muy bien el conjunto. Se ve, por ejemplo, cómo el Niño sujeta una manzana, símbolo del pecado original que su madre, con su inmaculada concepción, está derrotando". Ahora, el interés que suscite la atribución a Pacheco tal vez ayude a devolver el esplendor a una obra que, ya en su estado actual, asombra y emociona.
La Real Parroquia de la Magdalena es la sede canónica de cinco hermandades de la Ciudad, y en el nuevo Museo está previsto en el futuro la exposición de obras pertenecientes o gestionadas por las mismas.
En la jornada de ayer, jueves 22 de octubre de 2020 se inauguró el nuevo museo creado en la Real Parroquia de Santa María Magdalena de Sevilla coincidiendo con la conmemoración anual de la consagración del Templo. Al final de la Santa Misa, que daba comienzo a las 20.00 horas, el Arzobispo de Sevilla Asenjo Pelegrina bendijo este espacio expositivo que se ubica en el coro alto del antiguo convento dominico de San Pablo el Real de Sevilla.
El promotor de este proyecto ha sido el Cura-Párroco de la Magdalena Don Francisco Román, que ha buscado la financiación para la restauración y puesta en valor del coro alto de la Parroquia y coordinado las labores de convertirlo en una sala de exposición permanente, incrementándose con ello la oferta cultural que ofrece la ciudad de Sevilla.
La intervención en los paramentos verticales y en las bóvedas de las naves ubicadas en la zona del coro alto de la Parroquia decoradas con yeserías, aplicaciones de madera y pinturas murales, ha tenido “como finalidad la restauración de los valores estéticos de la decoración, así como la recuperación de este espacio como área expositiva, donde mostrar algunas de las obras de gran interés histórico y artístico que atesoran la Parroquia y sus hermandades”.
“La intervención ha consistido básicamente en:
-Limpieza general y eliminación de los restos de hollín y polvo acumulados e incrustados, durante siglos, en muros y yeserías. En dicha limpieza han dado unos excelentes resultados la aplicación de geles rígidos de Agar Agar.
-Repasado y sellado de todas las grietas de las bóvedas.
-Consolidación de las capas de enlucido de mortero en peligro de desprendimiento.
-Reintegración volumétrica de las pérdidas en las pinturas murales y yeserías.
-Puesta en valor de la reja, facistol, tenebrario, solería y expositores.
Tras la restauración, se puede apreciar la luminosidad de los muros, la blancura de sus yeserías, así como la intensidad de color en los elementos policromados, proporcionándonos una percepción más auténtica de cómo era la iglesia y como quedará finalmente cuando podamos disfrutar algún día de su restauración integral”. El equipo de la restauración ha estado dirigido por los restauradores Agustín Martín y Antonio Gamero junto con el arquitecto Miguel Ángel López.
Las obras artísticas y los documentos expuestos son de primer orden en la Historia del Arte español con cuadros de Zurbarán, Pacheco, Llanos Valdés,… y documentos originales de Martínez Montañés, Murillo, Roldán, Zurbarán,…
Las obras de arte y documentos que se pueden ver en este museo que abre sus puertas son de primer orden en la Historia del Arte español. El museo se encuentra articulado en tres salas, siendo la central y más grande el propio coro alto de la parroquia. El discurso museológico que se ha empleado no es el definitivo, por lo que en un futuro está previsto que cambien las piezas a exponer, así como la museografía del espacio. La intención principal ahora mismo es exponer la restauración, recuperación y puesta en valor del espacio como contenedor museístico.
El acceso al espacio expositivo se realiza a través de la Capilla que hay a los pies de la nave de la Epístola, donde se encuentra ubicada la pila de bautismo en la que fue bautizado Murillo en 1618, subiendo las escalera, (el único problema que plantea el nuevo Museo es que no tiene ascensor y resulta complicada su visita a personas con dificultad de movilidad). En la primera sala, o Sala del Reloj por encontrarse en ella la maquinaria del antiguo del Convento, se exponen documentos originales representativos de los tres sacramentos recibidos y recogidos documentalmente en la parroquia: El asiento de bautismo de Murillo, las amonestaciones y matrimonio de Francisco Zurbarán y el asiento de la defunción de Martínez Montañés. La selección de los documentos expuestos se debe a la archivera de la parroquia Aurora Ortega López, que en los últimos años ha realizado una gran labor catalogando el riquísimo archivo parroquial de la Magdalena y poniéndolo en valor, las piezas documentales que se exhiben en esta muestra son bastante acertadas y significativas.
En el coro alto, presidido en el centro por el facistol, se puede ver el antiguo tenebrario del convento de San Pablo, ambos recientemente restaurados. El criterio que se ha seguido a la hora de hacer la selección de pinturas a exponer ha sido el de exhibir obras de autores relevantes y piezas recientemente restauradas o de nueva adquisición.
Sobre el muro oeste de la instancia se encuentran ubicadas tres importantes obras de Zurbarán, las dos escenas de gran formato pertenecientes a la serie sobre la vida de Santo Domingo de Guzmán, realizadas para el Convento de San Pablo en 1626 y el cuadro de la Exaltación del Santísimo Sacramento.
En el testero norte de la sala se encuentra una Piedad de Escuela sevillana de finales del siglo XVII, recientemente restaurada y la obra de Llanos Valdés de la Alegoría de la Orden Dominica, de en torno a 1670.
En el muro del testero Sur del coro se pueden ver la Virgen del Rosario de Pacheco, La Virgen de la Clemencia obra del siglo XVII restaurada este año por Antonio Gallardo Montesinos y una obra de nueva adquisición recientemente donada a la parroquia, se trata de un interesante oleo sobre lienzo, que aparece en la cartela como obra anónima y que en mi opinión claramente presenta características próximas a la obra de Pacheco, que se ha titulado como Inmaculada con el Niño Jesús.
En la tercera sala que se encuentra sobre la nave del Evangelio de este templo, se exponen documentos originales tan notables como las inscripciones de Pedro Roldán y su familia en el Libro de Padrones de la parroquia, (vecinos de la calle de la Muela, hoy O´Donnell), así como el asiento de bautismo de su hija Isabel Roldán, apadrinada por Juan de Valdés Leal en 1658, también el asiento de defunción del bordador Manuel María Ariza y Campelo de 1877.
Otro documento notabilísimo expuesto es el libro de reglas de la Hermandad del Rosario, fundada en el Convento de San Pablo por Fray Alonso de Ojeda en 1479, y que es el segundo libro impreso más antiguo del Mundo, (el libro impreso más antiguo que se conoce se encuentra en la ciudad alemana de Colonia), es un dato este muy sobresaliente pero poco conocido por los sevillanos.
En esta sala se exponen dos varas de acompañamiento de la Hermandad Sacramental de la Magdalena, obra de Fernando Cruz de 1953, así como varias piezas de arte textil como una capa pluvial y un juego de dos dalmáticas con bordados de la primera mitad del siglo XVII o una casulla de finales del siglo XVIII con bordados rococó.
FUENTES:
-Nota de prensa, “Avances de la intervención coro alto (Parroquia de Sta. Mª Magdalena, Sevilla)”, de la Delegación Diocesana de Patrimonio Cultural de la Archidiócesis de Sevilla. Sevilla, agosto de 2020.
-CABEZA GARCÍA, A., FERNÁNDEZ MUÑOZ, P.M., MARTÍNEZ LARA, P.M., RODA PEÑA, J.: Real Parroquia de Santa María Magdalena: Guía breve de su patrimonio artístico. Sevilla, 2017.
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.
Más información