LLENO DEL SALÓN DE ACTOS DE LA CASA DE LA PROVINCIA EN LA PRESENTACIÓN DE LAS ACTAS DE LAS XIII JORNADAS DE HISTORIA Y PATRIMONIO Y ENTREGA DE LOS PREMIOS ASCIL A LA INVESTIGACIÓN LOCAL EN SU IX EDICIÓN

El pasado sábado 2 de diciembre la Asociación Provincial Sevillana de Cronistas e Investigadores Locales (ASCIL) presentó en el salón de actos de la Casa de la Provincia las Actas de las XIII Jornadas de Historia y Patrimonio sobre la provincia de Sevilla dedicadas a «Las órdenes religiosas y militares en la provincia de Sevilla (siglos XIII-XX)» que recogen las ponencias y comunicaciones presentadas al Congreso celebrado en la ciudad de Carmona en octubre de 2016.

En dicho acto también se entregaron los IX PREMIOS ASCIL A LA INVESTIGACIÓN LOCAL EN LA PROVINCIA DE SEVILLA, que en esta ocasión han recaído en don Juan Luis Ravé Prieto en reconocimiento a toda una trayectoria de estudio, investigación y divulgación del patrimonio histórico y artístico en nuestra provincia, a la Asociación Ben Baso por su defensa y puesta en valor del patrimonio local, a don Clemente M. López Jiménez y don Marcos A. Campillo de los Santos que recibieron el premio a la mejor obra de investigación local en la provincia 2016-17 y al Servicio de Archivo y Publicaciones de la Diputación Provincial por la edición de la obra premiada «Más allá de la ciudad barroca. La morfología urbana de la Écijacontemporánea», sumando ya esta institución cuatro galardones.

Un emotivo y entrañable acto de reconocimiento a personas e instituciones que en palabras de José Antonio Fílter, Presidente de ASCIL, «encarnan toda una gran trayectoria de servicio y trabajo en favor de la cultura y del patrimonio histórico-artístico en nuestra provincia. Ellos son todo un testimonio de militancia activa y comprometida por la CULTURA con mayúsculas. Todo un referente y un ejemplo a seguir.»

1802

 

1803

1804

1805

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1806

 

1797

 

1798

1799

1800

1801

LLENO DEL SALÓN DE ACTOS DE LA CASA DE LA PROVINCIA EN LA PRESENTACIÓN DE LAS ACTAS DE LAS XIII JORNADAS DE HISTORIA Y PATRIMONIO Y ENTREGA DE LOS PREMIOS ASCIL A LA INVESTIGACIÓN LOCAL EN SU IX EDICIÓN

El pasado sábado 2 de diciembre la Asociación Provincial Sevillana de Cronistas e Investigadores Locales (ASCIL) presentó en el salón de actos de la Casa de la Provincia las Actas de las XIII Jornadas de Historia y Patrimonio sobre la provincia de Sevilla dedicadas a «Las órdenes religiosas y militares en la provincia de Sevilla (siglos XIII-XX)» que recogen las ponencias y comunicaciones presentadas al Congreso celebrado en la ciudad de Carmona en octubre de 2016.

En dicho acto también se entregaron los IX PREMIOS ASCIL A LA INVESTIGACIÓN LOCAL EN LA PROVINCIA DE SEVILLA, que en esta ocasión han recaído en don Juan Luis Ravé Prieto en reconocimiento a toda una trayectoria de estudio, investigación y divulgación del patrimonio histórico y artístico en nuestra provincia, a la Asociación Ben Baso por su defensa y puesta en valor del patrimonio local, a don Clemente M. López Jiménez y don Marcos A. Campillo de los Santos que recibieron el premio a la mejor obra de investigación local en la provincia 2016-17 y al Servicio de Archivo y Publicaciones de la Diputación Provincial por la edición de la obra premiada «Más allá de la ciudad barroca. La morfología urbana de la Écijacontemporánea», sumando ya esta institución cuatro galardones.

Un emotivo y entrañable acto de reconocimiento a personas e instituciones que en palabras de José Antonio Fílter, Presidente de ASCIL, «encarnan toda una gran trayectoria de servicio y trabajo en favor de la cultura y del patrimonio histórico-artístico en nuestra provincia. Ellos son todo un testimonio de militancia activa y comprometida por la CULTURA con mayúsculas. Todo un referente y un ejemplo a seguir.»

1802

 

1803

1804

1805

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1806

 

1797

 

1798

1799

1800

1801

SE CUMPLE 160 AÑOS DE LA COMPRA DE UNA CASA PARA TERMINAR LA FACHADA DEL AYUNTAMIENTO DE ÉCIJA

Uno de los objetivos que se marcó, a mediados del siglo XIX,el alcalde de Écija Pablo Coello y Díaz fue terminar y completar el edificio del Ayuntamiento. La primera autoridad municipal en sesión celebrada el 23 de mayo de 1887 llevó al pleno laresolución del Gobernador Civil de Sevilla, por la que se aprobó el proyecto para continuar las obras de reedificación de lasCasas Consistoriales, es decir, la parte comprendida desde el centro de la fachada a la sala capitular. Para llevar a cabo este objetivo era preciso adquirir la casa número 10 de la Plaza Mayor facultándosele en esta sesión para llevar a cabo cuantas gestiones fueran necesarias o convenientes.

El alcalde puso todo su empeñoen esta tarea,tanto es así que, el 6 de junio de 1887 en la sesión plenaria de la Corporación manifestó»que cumplido el encargo que la corporación municipal le confirió en sesión de 23 de mayo pasado respecto a la compra de la casa a tal efecto había mantenido»varias conferencias» con el administrador que la propiedad tiene en esta ciudad, siendo el resultado de ellasel acuerdo para adquirir el inmueble por un importe de 6.500 pesetas». El pleno se mostró conforme y acordó facultarle para que en nombre y representación del Ayuntamiento concurriera al otorgamiento de la escritura pública.Efectivamente el 6 de junio de 1887, comparecen ante el notario de Écija don Manuel García de Soria para llevar a cabo la compraventa de un edificio que tiene la siguiente descripción:»casa sita en Plaza Mayor de esta ciudad, marcada con el número 10, habiendo tenido puerta de entrada por la Plaza de Santa María, lindando: derecha con el ayuntamiento, izquierda forma ángulo a la Plaza de Santa María y espalda, con el Ayuntamiento. Tiene una superficie de 46 m2 y en ella se encuentran tres pisos, contando con agua de pie».

Es de señalar que el inmueble era propiedad de María de los Dolores Baillo y Justiniani, vecina de la villa Campo de Criptana, (Ciudad Real) de 59 años de edad que le pertenecía por herencia de su hermana María Antonia. La compraventa se pactó por un importe de 6500 pesetas, haciéndose constar que dicha compra se hacía a favor del Ayuntamiento de Écija y su caudal de propio, «con destino al ensanche de las Casas Consistoriales como se acredita con la certificación incorporada a la matriz de la escritura de compraventa».

No se hizo tampoco esperar la adjudicación de las obras de reedificación y nuevamente ante el notario de Écija el 12 de agosto de 1887 comparecen, de una parte, don Pablo Coello y Díaz, soltero, alcalde presidente del Ayuntamiento de Écija; y de otra, José María Muñoz Escalera, vecino de Écija, calle Palma, viudo, de 58 años contratista y único postor. El objeto del documento público eraadjudicar las obras de nueva construcción de la parte de parte comprendida entre el centro de la fachada principal y las salas de sesiones; «obras que se ejecutaran, según el pliego de condiciones, en las formas y condiciones de las ya construidas con anterioridad puesto que son una continuación de las mismas».En el documento notarial se recoge punto por punto las obras que había que realizar de forma pormenorizada entre ellas:

«…-Los balaustres serán de barro cocido de las dimensiones y formas marcadas en el plano perfectamente labrados y sentados con solares y antepechos de madera, forrados de sinc.

-las rejas de las ventanas serán de hierro dulce, formado de cabilla, sencillo pero de esmerada labor.
-Las puertas y ventanas se ejecutaran con la mayor perfección, empleándose materiales de primera calidad.
-Las cubiertas de los tejados serán al estilo del país, esmeradamente construido sobre cuarterones de pino flandes.
-Las cornisas serán de ladrillos cortados en limpio…»

Igualmente se pactó que serán de cuenta del contratista el derribo del edificio, «quedando en beneficio del mismo los materiales de dicho derribo quepodrá utilizarlos en las obras siempre a juicio del director». El presupuesto de las obras ascendióa 23.493, 64 pesetascon un plazo de duración de cuatro meses a partir del otorgamiento de la escritura pública.

Si no fuera porque todo lo anterior está recogido en documentos públicos, no se puedecreer con que eficacia y rapidez se hacían las cosas antes en nuestra ciudad, y todo ello además de obtener la autorización del Gobierno Civil, el otorgamiento de las escrituras,(compraventa y adjudicación de las obras), la redacción del proyecto, la subasta pública de las obras y, además de los preceptivos acuerdos plenarios.

Juan Méndez Varo

FALSA CASA-MUSEO DE MURILLO

Las fechas conmemorativas son muy oportunas para difundir nuestra historia, pero no deben emplearse para contaminar el pasado de confusiones ni leyendas dañinas. Y lo decimos, porque no es cierto que el pintor sevillano Bartolomé Esteban Murillo viviese los últimos años de su vida, donde el Instituto Andaluz del Flamenco ha establecido su sede. Así reza una placa de acero inoxidable fijada a la pared del zaguán de la casona de color almagra claro, que se halla ubicada en el barrio de Santa Cruz, frente al convento de las Teresas, en cuya fachada predica un óvalo metálico que es la Casa Museo de Murillo. En caso de que lo hubiese sido, que no lo fue, debió serlo un único año. No todos los últimos de su vida.

En el Padrón de las personas que han de cumplir con el precepto de la confesión y comunión en esta Parroquia de Santa Cruz del año 1682, figura afincado en la casa número 3 de la calle entonces denominada de la Puerta pequeña. Junto a él se encontraban avecindados, su hijo Gaspar, en aquel momento clérigo menor aunque luego llegó a ser canónigo, una tal Ana María y un tal José Cano, probablemente personal del propio servicio doméstico. De los cinco hijos y cuatro hijas que había tenido, sobrevivieron pocos. Con él, nada más, se encontraba don Gaspar, pues una de sus hijas había ingresado como monja en el convento sevillano de Madre de Dios. Murillo tenía 65 años y era viudo desde hacía más de veinte. Y aunque se desconoce la causa por la que alcanzó el privilegio de alojarse en esta morada, adyacente a la iglesia filial de la catedral, demolida y trasladada a la calle Mateos Gago en el transcurso del siglo XIX, es muy posible que este paradero reuniera las mejores condiciones para su retiro, después de la gran caída que sufrió pintando un lienzo para la iglesia de los Capuchinos de Cádiz, un año antes, en 1681. No se sabe si el accidente se perpetró aquí en su estudio, o allí en la bahía. Lo cierto es que, tras el golpe, optó por regresar a la collación de uno de los principales centros de su vida mística y espiritual.

La relación estrecha del clan familiar de los Murillos con la institución eclesiástica –pues su primo hermano Bartolomé Pérez Ortiz llegó a ser canónigo y algunos otros tíos suyos fueron frailes dominicos, como fray Bartolomé Murillo–, y los notabilísimos trabajos que el maestro realizó para la catedral, pudieron haber influenciado en las facilidades que los dirigentes clericales le brindaron para instalarse en el barrio preferido para residir por los curas y prebendados de la catedral. Sus calles estrechas, abrigadas por la muralla que va hacia el Alcázar, deparaban un recogimiento mucho más propicio que el inquietante bullicio de otros lugares transitados de aquella populosa Sevilla. Así lo demuestra el hecho de que, en el entorno de sus callejas, se instalase el hospital destinado a acoger a los sacerdotes ya ancianos y venerables. No perdamos de vista que el máximo responsable del cuidado y mantenimiento de los cuatro templos que auxiliaban a la catedral (San Roque, San Bartolomé, Santa María la Blanca y Santa Cruz) fue, entre 1655 y 1682, el canónigo Justino de Neve, amigo personal suyo y promotor de importantes proyectos artísticos.

Murillo y su familia, que habían mantenido una gran relación con Santa Cruz, como feligreses entre 1659 y 1662, vivieron luego casi dos décadas en la calle San Jerónimo, de la parroquia de San Bartolomé. Estando empadronado allí, pintó los cuatro lienzos del hospicio de los Venerables en 1678.

Su funeral se ofició, el 4 de abril de 1682, en la iglesia de Santa Cruz. Según la anotación de su partida de defunción, se enterró en uno de los cañones de bóveda propios de la fábrica, sin más ostentación. Cuentan las crónicas que el sepelio constituyó todo un acontecimiento popular y que portaron su féretro dos marqueses y cuatro caballeros de órdenes militares.

Extraída del Libro de defunción núm. 2 (1679-1750)
del archivo parroquial de Santa Cruz de Sevilla

 

Confusiones sobre el domicilio

Fue el cronista sevillano Félix González de León quien engendró el equívoco, en 1839, al publicar que Murillo vivió los últimos años de su vida y murió en una casa de la calle Santa Teresa, que se encontraba justamente enfrente del convento de las monjas carmelitas, en el libro Noticia del origen de los nombres de las calles de Sevilla. Apoya su tesis en unos apuntes de su propio abuelo, que decían así: «El día 3 de abril de 1682 murió en la casa que está enfrente de las monjas Teresas el famoso pintor don Bartolomé Esteban Murillo. Este pintor fue íntimo amigo de mi abuelo –tatarabuelo del historiador–, por lo que le pintó y regaló el retrato de mi abuela que está en el comedor». De este modo, González de León, rebatió la propuesta planteada por el viajero romántico Richard Ford unos años antes, en 1831. Este escritor inglés, señalaba como vivienda una de la casa de los Alfaros, en la plaza del mismo nombre, que hacía esquina con la actual del Agua. Difundió hasta un dibujo de ella. A partir de entonces, el deán López Cepero, Amador de los Ríos y Gómez Aceves, insistieron en catalogar el palacete de los Alfaro como el lugar donde había fallecido Murillo. Sin embargo, a mediados del siglo XIX, los académicos de Bellas Artes y otros intelectuales románticos, como Tubino y Reinoso, concluyen que la casa está en la plaza de Alfaro, pero en la acera que colinda con la plaza de Santa Cruz. Esta propuesta la difundió también el pintor argentino José Miguel Torre Revello, quien copió el texto de una lápida de mármol que se instaló en el número dos de la plaza de Alfaro. Aunque parecía un hogar demasiado humilde y algo reducido, Santiago Montoto consideró, ya en el siglo XX, como buena la nueva designación del espacio en el que pudiera haberle llegado el óbito.

Pero hace escasas décadas, el profesor Diego Angulo Íñiguez recobró aquella sugerencia iniciática de González de León, que señalaba la casa frontera al convento de las Teresas como emplazamiento de su expiración. El eminente historiador del arte, expresa, en el primer tomo de su estudio sobre Murillo, que ambas teorías son conciliables porque pudo haber fallecido en esta casa aunque no hubiese vivido en ella. La publicación de este voluminoso trabajo, en 1981, a solo un año de la celebración del III Centenario de la defunción de Murillo (1682-1982), colmó de argumentos a la Junta de Andalucía para centralizar en este inmueble, de la calle Santa Teresa, buena parte de las actividades de la efeméride, después de haberlo adquirido en 1972.

Nuevas revelaciones documentales

Antes de que la iglesia de Santa Cruz fuese derribada en las primeras décadas del siglo XIX, su puerta principal se abría hacia la calle Santa Teresa. A partir de ella se articulaba un cuerpo de naves, extendido desde el acerado del consulado de Francia hasta el de las murallas que buscan el Alcázar, aunque sin llegar del todo a aquel extremo. En la parte más oriental de la plaza, hacia el borde de la glorieta ajardinada donde está la cruz de forja, se alineaban la torre y una cupulita que cubría el ábside y el presbiterio, según muestra el plano de la ciudad mandado hacer por Pablo de Olavide en 1771. En este mismo documento cartográfico, se comprueba que el templo estaba rodeado por un carril con salidas hacia la calle Mezquita y plaza de Alfaro, respectivamente. Pero además, desvela que por el lateral de la iglesia discurría una callecita estrecha que comunicaba la calle de Santa Teresa con la plaza de Alfaro. La misma que los padrones llaman de la Puerta pequeña o Puerta chica, en razón del portoncillo que se abría hacia ella desde la iglesia.

Con el objeto de esclarecer qué calle fue aquella de la Puerta chica en la que habitó Murillo, hemos cotejado minuciosamente numerosos libros padrones del archivo parroquial de Santa Cruz. La consulta sistemática de estos censos, de manera secuenciada, nos permite reconstruir la evolución del nomenclátor de la calle y su parcelación inmobiliaria. En los siglos XVII y XVIII mantuvo prácticamente el mismo nombre. De Puerta pequeña, pasó a referenciarse como Puerta chica.

Es en el año 1800 cuando aparece asentado un nuevo nombre para la vía: calle de Santa Cruz. Curiosamente el mismo que posee, signado ya, en un padrón militar del Archivo municipal, fechado en 1714. Desde las últimas décadas del siglo XVII, eran tres casas las que integraban la referida calle de la Puerta chica. La primera de ellas estaba dentro de la propia iglesia y las demás en el corto tramo de la calleja. Los padrones de inicios del siglo XIX, cuando la iglesia ocupaba aún gran parte de la plaza y no había sido demolida, registran todavía anotados los mismos tres inmuebles que enuncia el padrón de 1682, cuando falleció Murillo, con la particularidad de que los sitúa, lógicamente, en la calle de Santa Cruz, pero separándolos claramente de los descritos en la «Plazuela de Alfaro» y «Callejón de Alfaro». Se comprueba así que el artista, antes de fallecer, no ocupó ningún inmueble de la calle de Santa Teresa ni de la plaza de los Alfaros.

Registro del padrón del inmueble núm. 3 de la calle Puerta pequeña

Murillo vivió dentro del mismo inmueble que ocuparían años después otros sacerdotes emblemáticos de Santa Cruz. Francisco de Paula Baquero, Cartaya del Barco y hasta el propio Félix José Reinoso, se domiciliaron en esta misma casa que pertenecía a la propiedad del cabildo catedralicio, tal como testimonian diversos documentos del Archivo de la catedral y el propio Padrón de fincas urbanas de 1795, localizado en el Archivo Histórico Nacional de Madrid. Este documento urbanístico nos ha servido de igual modo para acreditar que la casa ocupada por Murillo, en 1682, tuvo que hallarse enclavada en la manzana de casas del tablado flamenco de Los Gallos, formada entre las plazas de Santa Cruz y Alfaro. Su casa estaba muy cerca de la que muestra ahora, en su fachada, las letras de bronce puestas por la Academia de Bellas Artes el año 1858, en recuerdo de su enterramiento en la iglesia destruida de Santa Cruz.

Al final, pasará como en Madrid. La Administración reunió a tropecientos arqueólogos para que sondeasen el paradero de los huesos de Cervantes en la iglesia del convento de las Trinitarias Descalzas, mientras que la búsqueda de la exhumación en legajos se la encomendó solo a un historiador. Pero con una limitación. Que lo hiciera en dos días. Antes de que el Ayuntamiento sevillano hubiese designado el edificio de la calle de Santa Teresa como centro oficial para acoger los actos del IV centenario del nacimiento de Murillo (1617-2017) –van y eligen donde dicen que falleció–; lo lógico es que, con anterioridad, hubiese promovido un trabajo serio de investigación documental que ratificase, o descartase, si ciertamente el genio llegó a vivir tantos años en este palacio de la Junta de Andalucía. Este tratamiento no lo merece uno de los máximos exponentes de la pintura barroca del Siglo de Oro español, que tuvo la habilidad de colmar, a un mismo tiempo, las apetencias de las élites y el pueblo llano, al que conquistó profundamente, quien por excelencia y aclamación popular es el Pintor de Sevilla.

  LEER ARTÍCULO COMPLETO EN PDF

 

PRESENTACIÓN DE LIBRO DE FERNANDO PESSANHA EN LA CASA DE LA PROVINCIA

1173«Tras las presentaciones en Vila Real de Santo António, Faro, Tavira y Madrid, esta vez, «A Musa / La Musa» del escritor y pianista portugués Fernando Pessanha viaja hasta Sevilla.

Esta obra de contornos misteriosos que relata la historia de un poeta obsecionado con su musa, fue traducida al castellano por el poeta Uberto Stabile y editada por CanalSonora, y será presentada por primera vez en la capital andaluza, donde el autor ya presentó otros de sus trabajos.

De acuerdo con la pagina web de PILO Literary Agency, Fernando Pessanha «se está conformando como una de las voces más prometedoras de la narrativa portuguesa. Encontramos en él un escritor versátil y seductor que destila un estilo elegante y certero. Se permite jugar con múltiples elementos buceando a través de la Historia, los viajes y la música, para ofrecernos piezas de ficción en las que su experiencia vital aflora con una fuerza tan intensa que nos traslada a sus paisajes evocándonos siempre aromas desterrados. Es compositor de piano y suele acompañar las presentaciones de sus libros tocando alguna pieza de su propia obra para amenizar los eventos, convirtiéndolos en algo totalmente sui géneris dentro del panorama literario y cultural».

La presentación de «A Musa / La Musa» en Sevilla, que será conducida por la Agencia de Servicios Editoriales «CreaturasLiterarias» y por el «Colectivo Surcos de Poesía», tendrá lugar en la «Casa de la Província», el viernes 3 de marzo, a las 19 horas».