EL NOMENCLÁTOR DEL VIARIO URBANO DE LA CIUDAD DE ÉCIJA

En 1816 el Duque del Infantado, presidente del Consejo Real de paso para Cádiz hizo escala en Écija, ordenando al corregidor que procediera a la inmediata división de la ciudad en cuatro cuarteles y dieciséis barrios en atención a ser Écija “una de las primeras y más populosas ciudades de Andalucía, y aun del Reyno”. Según el historiador Juan María Garay y Conde,  en su libro Breves Apuntes históricos descriptivos de la ciudad de Écija, (Imprenta Manuel Salgado) Hasta esa fecha, la nomenclatura de las calles era tradicional y tan confusa que algunas solían  conocerse  por tres y más nombres; así es que la que hoy se denomina de Caballeros, se conocía por éste nombre y además por los de Arco Real del Puente, Misericordia y Juan de Perea y  otras no había azulejos que la designasen. La mal  numeración de las casas era debido a los económicos efectos de una brocha mojada en almagre. Por fin el referido año 1816 se dividió la ciudad en 4 Cuarteles y cada uno de estos en 4 barrios estableciendo otros tantos alcaldes que ayudasen a la autoridad, llevando a efecto sus disposiciones y bandos de buen gobierno. Se sincoparon los larguísimos nombres de varias calles y se pusieron azulejos que designasen no solo aquellos a la numeración de casas sino también las parroquias, conventos, hospitales y demás edificios públicos y la situación de cada cuartel con sus barrios y se les da nombre oficial a las calles y plazas, colocándose losillas y azulejos en la entrada y salida de cada calle con el nombre de Cuartel, el barrio y calle, poniéndose igualmente número a cada casa. Hoy en 2020 hace falta otra orden pues un buen número de calles tienen mutilado los nombres  al haberse desprendido más de una letra, lo que hace a veces tener que descifrar un jeroglífico. A todo ello se le añaden el cruce indiscriminado del cableado  de las compañías tanto de electricidad como la de telefonía. Tal es el caso de la calle Vélez de Guevara, calle que se rotula a uno de los más destacados dramaturgos y novelistas. Pero no solo ocurre con la calle dedicada a uno de los hijos mas ilustres de la ciudad,  también presentan un estado lamentable las calles Tarancon,  Cristo de Confalón, etc.  Y a veces no solo es el cableado el que oculta el rótulo de la vía como es el caso de la Plazuela de  Quintana, sino a la céntrica calle Doctrina le han brotado jaramagos y, así lleva años, ante la pasividad de las autoridades competentes. Juan Méndez Varo Asociación Amigos de Ecija

EL PALACIO DE BENAMEJÍ (O DE LOS CONDES DE VALVERDE) SEDE DE LA COMANDANCIA MILITAR EN ÉCIJA

El Alcalde de la ciudad en sesión celebrada el 25 de diciembre de 1905, expone, y es aprobada la propuesta  “de que en caso de que la Remonta - apruebe la proposición de arrendamiento de varias fincas rústicas, en Ecija se dirija escrito a su coronel ofreciendo Casa Cuartel para las tropas a su mando". El local que en un principio se pensaba ofrecer era el perteneciente al Ex-Convento de Monjas Blancas sito en la calle Mayor, e invitando a dicho coronel para que forme una comisión que inspeccione dicho edificio, con objeto de hacer en él cuantas reparaciones sean necesarias para el mejor servicio y comodidad.

La sesión de la corporación municipal de fecha 24 de febrero de 1906 quedará como fecha histórica en este largo proceso. El Alcalde, con evidentes signos de satisfacción, toma la palabra tan pronto se abre la sesión y dirigiéndose a los señores concejales les informa de la noticia en estos términos: "Señores, tengo una inmensa y verdadera satisfacción como Presidente y como ecijano amante de mi pueblo: El Ministro de la Guerra, General Luque, ha firmado la resolución por la cual se ordena sea trasladado a Écija el Establecimiento de la Remonta de Extremadura, hoy en Morón. La corporación municipal a partir de ese momento pone toda su ilusión y empeño en ofrecer un local decoroso para el Establecimiento de la Remonta.

 A la secretaría del Ayuntamiento llegan propuestas de ecijanos ofreciendo sus casas para este fin.  En una de las sesiones se da lectura a las propuestas presentadas:

* Federico Fernández de Bobadilla ofrece las casas en calle Tetúan números 18, 19 y 21 (hoy Sor Ángela de la Cruz), y una casa en Calle Comandante Cirujada (hoy Ancha), en precio de 32.500 pesetas pagadas al contado, siendo de cuenta del Ayuntamiento los gastos de escritura.

* Don Santos Martínez y Martínez, propone la casa número dos de la calle Rodríguez Lagunilla, (hoy llamada la Marquesa) en precio de 27.500 pagadas a plazos.

* Doña Elia Fernández Golfín y Murcia ofrece la suya sita en calle Rejón, 7, y solares agregados a la misma en precio de 35.000, admitiendo el pago en plazos y poniendo entre otras la precisa condición de que se ha de firmar la escritura dentro de los ocho días, recibiendo entonces 10.000 pesetas.

*Otra proposición fue la presentada por don Cristóbal, doña María y doña Pilar Martel y del Conde de Valhermoso que proponen la casa palacio de Valverde, situada en calle Cánovas del Castillo, número 18, en precio de 40.000 pesetas, pagándose 30.000 pesetas a la firma de la escritura y el resto cuando justifiquen su participación los señores don Luis y doña Carmen Martel.

Abierta la discusión acerca de las cuatro proposiciones, hace uso de la palabra en aquel acto el Alcalde para manifestar  que desde luego consideraba más ventajosa la proposición referente a la Casa Palacio de Valverde, y además se unía a esto la buena impresión que se llevó la Comisión de la Remonta que la visitó, así como que estaba en el ánimo de todo el pueblo adquirirlo desde hace muchos años, teniendo otras ventajas cuales son, que para el día de mañana, cuando "las circunstancias ignoradas del futuro hagan o puedan hacer que la Remonta no necesite el Palacio, podrá utilizarlo el Ayuntamiento en Escuela, Casa de Correos y demás servicios públicos compatibles con gran economía para el municipio, y ello también, para conservar el mejor edificio de este pueblo".

Puesto el tema a votación, fue aceptada la proposición del Conde de Valverde por 16 votos a favor y uno en contra de José Aguirre que votó en favor de adquirir la casa en calle Rejón exponiendo que, pese a reconocer que el Palacio es  el mejor edificio, la oferta de Elia Fernández era más ventajosa, no solo por el desembolso que tenía que realizar el ayuntamiento, sino que la ofrecía a plazos, mientras del Palacio de Valverde ofrecía algunos problemas, entre ellos, que varias participaciones indivisas pertenecientes a varios señores podrían resultar de difícil adquisición por el ayuntamiento, y que pueden proporcionar a éste serias complicaciones. Efectivamente, la oferta presentada por los señores Martel  se refería a una participación del 73%  del Palacio.  Pese a que el tema fue ampliamente debatido y por el concejal Ostos Angelina se pidiera a la Presidencia la votación del asunto,  pues lo creía bastante discutido, el señor Alcalde argumento “que deseaba oír la opinión de más señores y dar a esta discusión  la mayor amplitud y libertad posible”. Puesta  a votación las diferentes ofertas, resultó aceptada la del Conde de Valverde como queda dicho.

Inmediatamente de este acuerdo, el Ayuntamiento se puso en contacto con el Conde de Valverde y demás copropietarios  a fin de gestionar la transmisión urgente del inmueble. Paralelas a estas gestiones –(a veremos que serán lenta y costosas)  concluyen otras:  En Morón se firmó la escritura de arrendamiento de diferentes fincas rústicas en término de Écija: el Cortijo llamado de la Estrella perteneciente a Montesión; el Cortijo de Alcotrista, con su isla y otras islas llamadas de Villaverde, Ibarra, las Animas y San Bartolomé.

Para hacernos una idea del acoso que recibe el ayuntamiento en este asunto, basta ver la pretensión del citado de Montesión. Después de firmar el contrato de arrendamiento  de sus fincas con la Remonta en Morón, se dirige al ayuntamiento ecijano para  solicitar 5.000 pesetas, importe de la indemnización que ha pagado al arrendatario de su finca "La Estrella” a fin de dejarla libre y desocupada y a disposición de la Remonta argumentando este noble “que esta cantidad debería pagarla el Ayuntamiento”.

La Corporación, en vista de ello, facultó al Alcalde para que se dirigiera a dicho señor a fin de que se le expusiera la precaria situación del erario municipal por los cuantiosos gastos que te nía que hacer para la instalación del Cuartel y, solicitándole que dejara libre al Municipio en ese tema, y que como propietario de la finca pagara él la indemnización por la rescisión del contrato.

Urgentemente se acometen las obras necesarias de restauración y de adaptación; obras que no mutilan su distribución originaria pues principalmente se llevan a cabo  la restauración y acondicionamiento de diversas dependencias y que, sin ser de gran envergadura, supuso un importante desembolso. Son diferentes las sesiones donde el Alcalde solicita el aumento de presupuesto de obras y en todas ellas se accede con buen ánimo. En una de ella -sesión de 17 de septiembre de 1906-,  expone que habiendo comenzado las obras, se habían presentado dificultades que no estaban previstas y que motivaron  tener que ejecutar algunas nuevas. La Corporación, en consideración de la urgencia de la solución, las aprobó, facultando al Alcalde para que, en lo sucesivo, ordenara la ejecución de cualquier otro trabajo que fuera necesario. Las obras fueron presupuestadas por el Maestro de Obras del Municipio y en una primera fase ascendieron a 9.866,33 pesetas, solicitándose para ello la declaración de exención de subasta para la ejecución de las mismas en fecha breve.

Por otra parte, el Ayuntamiento remite al Gobierno Civil de la Provincia expediente para su adquisición, y cuya compra fue aprobada el día 2 de Abril de 1906. En dicho expediente se expone en uno de sus considerandos que se pretende la compra de este Palacio por "redundar en beneficio de los intereses generales del vecindario, por los nuevos elementos de vida que aporta a la población, sin que con su realización se lastimen intereses de ninguna clase, toda vez que, anunciado al público en forma no se ha presentado ninguna reclamación y ha sido informado favorablemente por la Comisión Provincial, (expediente que se aprueba con fecha 16 de julio de 1906)

En otra sesión, el Alcalde expone que ya se había otorgado la escritura de compraventa, informando la primera autoridad ecijana, que ya se había concluido con éxito lisonjero la parte más difícil, que como obra humana había producido trabajos y sinsabores, y muy especialmente para el activo Diputado a Cortes señor Serrano Carmona, el cual y como en otras ocasiones, ha demostrado su gran actividad y su cariño hacia nuestra ciudad, por todo lo cual y como elocuente demostración de gratitud del pueblo ecijano para con su dignísimo Diputado, propuso y se acordó rotular con el nombre de Serrano Carmona la calle Comandante Cirujada, ya que este último nombre, si bien muy respetable por ser muy ilustre soldado de la patria, nada recuerda a los ecijanos. Ya dijimos que la adquisición de la totalidad del Palacio sería lenta y costosa. La razón es bien clara, la titularidad del mismo no estaba en una sola persona y varios de los propietarios de participaciones indivisas estaban en paradero desconocido. De tal forma que la primera escritura de compra de participaciones se firma en Ecija el día 28 de Julio de 1906, y la última en 13 de diciembre de 1923, es decir 17 años después de la primera compra, y por esta razón tiene que abonar algo más de 13.000 pesetas en el precio ofertado. En total, el Ayuntamiento abonó por la compra del Palacio la suma de 53.477,22 pesetas.

Finalizadas las obras necesarias, el día 25 de noviembre de 1906, el Notario don Antonio Greppi se constituye en la Casa Palacio de Valverde a requerimiento de don Plácido Ostos Angelina, Teniente Alcalde en funciones de Alcalde-Presidente, para hacer entrega del Palacio al señor Coronel Jefe del Establecimiento de la Remonta llamado de Extremadura, don Luis de los Santos y Fontordera, cesión que se realiza  “nada más que para uso exclusivo de la Remonta, y mientras ésta subsista en Écija”.

Sobra decir que el Palacio de Benameji  -modelo de arquitectura civil en el barroco español y una de las joyas del gran siglo ecijano-  revertió al ayuntamiento y  dicho Palacio se ha destinado para albergar un magnífico Museo Arqueológico, orgullo de todos los ecijanos.

Juan Méndez Varo

LA VIRGEN DEL VALLE SE TRASLADÓ A LA PARROQUIA DE SAN GIL CON MOTIVO DE LA EPIDEMIA DE FIEBRE AMARILLA DE 1800

La ciudad de Écija, como otras muchas ciudades, tiene en su historia fechas de amargo recuerdo: terremotos, inundaciones, sequías. Pero ninguna más desoladora que la realidad de una enfermedad mortal que siega las vidas inexorable y masivamente, sin humana posibilidad de curación como eran las plagas. Al dolor familiar se suceden esfuerzos sobrehumanos por la supervivencia, ruina moral y material.

Una corbeta llamada Delfín, anclaba el 6 de julio del 1800 en el puerto de Cádiz que estaba recién salida de los astilleros de Baltimore vendida en la Habana a una casa comercial española. Durante la travesía, tres pasajeros habían fallecido de una enfermedad epidémica: la fiebre amarilla. Este terrible mal, desconocido en Europa, se propagó rápidamente por Cádiz y la costa atlántica, alcanzando en breves días las risueñas orillas del Guadalquivir (1).

Écija no escapó al azote de esta enfermedad en los albores del siglo XIX.  Situada en una encrucijada de caminos, bañada por el Genil y por numerosos arroyos, con unos veranos prolongados y calurosos, ofrecía unas condiciones propias para el desarrollo de la epidemia. El año 1800 fue estéril: las copiosas lluvias del invierno y el desbordamiento del Genil a finales de enero arruinaron la cosecha. El día 2 de septiembre el Marqués de Quintana de las Torres, alcalde honorífico, comunicó en cabildo el notorio contagio que padecían Cádiz y Sevilla, así como la necesidad de adoptar unas primeras medidas higiénico-sanitarias. En virtud de la proposición del Marqués de Quintana se crearon enfermerías y lazaretos en algunos caseríos y ermitas distantes  de la ciudad; acordonaron éstas poniendo guardas para evitar la entrada a los forasteros y asimismo acordaron “que todos los viajeros que vinieren de aquella carrera, entrasen por los alrededores del pueblo, haciendo en sus extremos la corta parada más indispensable y no parasen tiempo alguno más que aquel indispensable, sin que por eso se negase la hospitalidad a aquellos que no pudiesen caminar…”  también se coloquen bandos “ordenando el aseo de las calles, prohibiendo que los vecinos y pasajeros echen excrementos, perros, gatos y otros animales muertos, pues todos estos  fetóres, infestan los aires y propagan aún más el contagio, debiendo entenderse esta providencia, para todos los vecinos de la Plaza Mayor, que vacían los vasos comunes por los balcones de ella, luego que dan las once de la noche…”  (2).

Ante el fracaso del médico, actúa el sacerdote. Misiones, rogativas, novenas, quinarios y procesiones. Sobradamente conocido es el sentimiento teúrgico de que estaba impregnada la mentalidad del hombre en estos tiempos, para quien la enfermedad era enviada por Dios como castigo a sus inmoralidades. Y, por supuesto, si Dios enviaba la enfermedad también concedía la salud. En los momentos de máxima aflicción o alegría, Écija acudía a su Patrona. Considerada tradicionalmente como especial intercesora ante Dios, se convirtió en el centro de las rogativas y funciones de acción de gracias organizadas en la ciudad con motivo de las epidemias de fiebre amarilla (3) .

A instancia de varios ecijanos el cabildo acordó trasladar la imagen en procesión solemne a la iglesia Parroquia de San Gil. A tal efecto, el día 1 de octubre de 1800 se constituye en el Monasterio de Religiosos de la Sagrada Orden de San Gerónimo, previo requerimiento, el escribano de Écija José Payba Saravia, a fin de redactar la oportuna escritura (4).  En el referido documento se hace constar “que estando en el Monasterio de Religiosos de la Sagrada Orden de San Gerónimo, titular de Nuestra Señora del Valle, extramuros de la ciudad de Écija y   en la celda Prioral, ante mí el escribano de su cabildo y Ayuntamiento y testigos que se expresaran  se juntaron y convocaron a toque de campana con respecto a su instituto y costumbre, el M.R.C. P. don Juan José Calatrava, actual prelado y los RR.PP. Sr. Diego de Córdoba,  Sr. Don Rafael de Miguel, Sr. Luis de la Trinidad, Sr. Andrés de Montachez, Sr. Antonio del Valle, Sr. Juan Galindo, Fray Pedro de San Gerónimo Sr. Antonio de San José Ortega y Fray Alonso de Pareja, todos religiosos, presbíteros y monjes del referido Monasterio, y que se componen su comunidad “.

La Comunidad  prestó su consentimiento para hacer entrega de la soberana imagen para el fin que queda expuesto,  “y otorgan y prestan solemne jurado por Dios nuestro Señor su Divino y Santo Evangelio según fuero y forma, y desde luego se obligan a sacar de este monasterio en la tarde del día de mañana dos del corriente año, si no hay impedimento por razón de lluvia, la soberanas imagen de María Santísima, con el título del Valle su patrona, trasladando a S.M. en procesión general a la otra Iglesia Parroquial de San Gil y colocar y tener en ella con la mayor decencia, culto y veneración como se había practicado en otras ocasiones los días que se tributen rogativas y santidades a las que precisamente han de asistir los señores diputados para que por intersección se experimente la preservación al referido vecindario de esta epidemia. Y el último día, estos señores diputados contraen igual obligación a restituir y traer a la misma soberna Imagen a este Monasterio con igual procesión general decencia y culto debido” (5).

La comunidad religiosa prestó su consentimiento al traslado de la Virgen del Valle, pero además de solicitar de las autoridades locales la mayor decencia y fervor en el traslado, impone fuertes condiciones, que van más allá de exigir  esa debida decencia y fervor,  pues obliga al cabildo ecijano a garantizar la restitución de la Imagen al Monasterio, tan pronto concluyan los actos y, se pactó expresamente, lo siguiente: “A cuya firmeza y cumplimiento sujetaron los bienes propios y rentas de esta M.N. ciudad presentes y futuros y dan el competente y poder a la Justicia y Jueces  S.M.  a cuyo fuero y jurisdicción se someten  y renunciando a todas las leyes  fueros y privilegios.

En prueba de conformidad firmaron la escritura de recibo de la imagen del Valle, el dia 1 de octubre de 1800, siendo testigos Francisco Castro, Francisco  Antonio Castro,  Francisco Gómez y José Coello, vecinos de esta ciudad.

  1. HERMOSILLA MOLINA, Antonio. Epidemia de fiebre amarilla en Sevilla en el año 1800. Sevilla 1978
  2. OSTOS Y OSTOS, Manuel ¡¡alfajores de Écija!!. Sevilla. 1909. Págs. 292-203.
  3. 3  MARTIN OJEDA, Marina, Epidemias de fiebre amarilla en Écija. Años 1800 y 1804. . Écija en  la Edad Contemporánea. Actas del V. Congreso de Historia.  Excmo. Ayuntamiento de Écija. 2000.
  4. MÉNDEZ VARO, Juan. Amigos. Hermandad del Resucitado.  1993. Págs. 154-155
  5. Archivo Notarial del Distrito de Écija. Notaría de José Payba Sarabia. 1800.
  Juan Méndez Varo

LA CRISIS DE 1708-1709 EN SEVILLA A LA LUZ DE LA NUEVA DOCUMENTACIÓN

(I). Noticias manuscritas y estampas de protección y (II). Las certificaciones parroquiales. En Congreso Internacional Andalucía Barroca. II. Historia demográfica, Económica y Social. Actas, Consejería de Cultura - Junta de Andalucía, 2009, pp. 259-268 y pp. 269-277. En el invierno de 1708 Europa occidental padeció una grave epidemia de gripe que fue seguida en muchas regiones por sucesivos brotes de tifus. Los contemporáneos no lograron ponerse de acuerdo sobre el origen y causas de este mortífero catarro que afectó también a las tierras de las colonias americanas con enorme violencia. Aún hoy se discute la etimología de la fiebre maligna, así como el alcance y duración de su impacto, si bien los datos disponibles apuntan a un ciclo trienal (1708-1710) y un escenario atlántico. (...) Andalucía había contribuido con hombres y caudales a sostener la causa borbónica desde el principio de la contienda y este desgaste mermó, sin duda, la capacidad de reacción frente a la adversidad natural, azote imprevisto que sobrevino en noviembre de 1708. Por si fuera poco, las razzias portuguesas fustigaron la frontera onubense en varias ocasiones entre 1706 y 1710, siendo el ataque de julio de 1708 uno de los más devastadores y persistentes. En semejantes circunstancias, hubiera bastado el infausto golpe de una cosecha exigua para derribar, como un castillo de naipes, las frágiles energías que aún se mantenían en pie. Pero el destino deparaba algo peor: la sucesión ininterrumpida de fuertes huracanes, lluvias torrenciales y heladas persistentes, entre octubre de 1708 y febrero de 1709, que fueron seguidas por una devastadora plaga de langosta que acabó con lo poco que había sobrevivido de la cosecha, antes de que el tifus exantemático, conocido como tabardillo, se cebara con una población que se moría de hambre por las calles. Corría el mes de abril de 1709. Las noticias que tenemos de la situación en el reino de Sevilla, ámbito preferente de este estudio, coinciden en lo sustancial. El invierno de 1708 se distinguió por los incesantes temporales. Y la primavera no fue más caritativa, pues dio un parto de hambre, muerte y desolación para los andaluces. (...) Crisis 1708-1709. Sevilla Jaime García Bernal y Francisco Javier Gutiérrez Núñez  
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