PARA BAÑARSE EN EL RÍO GENIL SE NECESITABA AUTORIZACIÓN MÉDICA

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Hablar de los múltiples beneficios que aporta y que nos ha aportado el río Genil a través de los siglos es obvio. Ya alrededor de los siglos I a III de nuestra era se puede documentar la importancia de Astigi, como centro productor y envasador de aceite en el Imperio romano que se transportaba a través del río.

Según Pedro de Molina, en su libro Grandezas y Cosas Memorablesde España, en el siglo XVI existían numerosas norias movidas por el ríoGenil que elevaban el agua a grandes alturas para regar algodón, huertas yplantaciones de cáñamo y escribe que indudablemente, eran de origenmusulmán. Este sistema se utilizó incluso para elabastecimiento urbano, pues ya en el siglo XVI existía en Écija una gran noriacon un acueducto construido por Hernán Ruiz, que aprovechaba el Genilpara surtir a la Ciudad de las Torres de agua para consumo doméstico.

Además de las norias en ambas márgenes se ubicaban batanes y un buen número de molinos harineros. Algunos de éstos se transformaron posteriormente en fábricas de energía eléctrica, siendo el Molino de “Cortés” el primero que suministró luz eléctrica a la ciudad. Tal es así que 1932 se constituye una compañía mercantil denominada “Hidroeléctricas del Genil,” para la producción y explotación de energía eléctrica. Esta empresa acomete los trabajos en la fábrica “Don Calixto” y el aprovechamiento de otro salto del rio titulado “El Batán”, en su margen derecha. También integraba en su objeto social la de fábrica de harina y electricidad titulada “La Giralda”.

Los molineros harineros llegaron a ser muy importantes para la economía y el abastecimiento de la ciudad y tomamos como ejemplo los conocidos como los Molinos de Escalera. Hasta cuatro se situaban aprovechando la importante azuda levantada paralela al famoso puente que da acceso a la ciudad: “El Batanejo”,”LaArbasa”, “Cuatro Piedras” y “Malvecinos”. Estos dos últimos fueron reformados, a comienzos del siglo XX, en una moderna fábrica de harina llamada “Nuestra Señora del Rosario”; el Molino del Batanejo, se transformó posteriormente en una popular fábrica de hielo que abastecía a los establecimientos de hostelería de la ciudad, y también,a las viviendas que tenían nevera, en aquellos tiempos un lujo.

Pero lo cierto es que el rio Genil ha servidotambién de disfrute y regocijo a los ecijanos, especialmente en la época estival, donde familias enteras gozaban de sus cristalinas aguas para refrescarse y tener unas jornadas de encuentro y convivencia.Los baños en el río Genil estaban regulados por las ordenanzas municipales. Siendo alcalde Pablo Coello y Díaz, con fecha 24 de diciembrede 1888, se modifican las ordenanzas (vigentes desde el año 1875) y se mandaron imprimir en la imprenta sevillana Establecimiento Tipográfico de “El Progreso,” situada en la calle San Eloy.

0092Según dichas ordenanzas corresponde al Ayuntamiento la concesión de las licencias para el establecimiento de baños en la ribera del rio Genil, señalado “que la temporada de baños en el río, durara desde el primero de julio hasta el ocho de septiembre. A tal efecto la alcaldía señalaba, con la debida antelación, los sitios convenientes para los baños gratuitos, determinando los “que correspondan a cada sexo.” Igualmente las ordenanzas prohibían terminantemente “la reunión de personas de diferente sexo. En cuanto a los niños menores de diez años no podían bañarse solos, “pudiendo hacerlo cuando estén acompañados de persona interesada que cuide de ellos”.

Con el objetivo de cuidar el buen orden y del mantenimiento de la moral pública estaba regulado que “todos los bañistas usaran, según su sexo, el traje que la decencia prescribe”.Igualmente se regulaba “entrar en los baños a toda persona ebria o privada de razón y se prohibía toda clase de juego y alboroto dentro del agua, como también todo dicho ó hecho ofensivo la moral”.

En el artículo 344 de dichas ordenanzas se recogía expresamente “que después de la fecha señalada para el baño, es decir, desde primero de julio hasta el ocho de septiembre antes o después de las fechas, solo podrán bañarse los que justifiquen por certificación facultativa, la necesidad de tomar esta clase de medicamento, adquiriendo al efecto el competente permiso de la alcaldía”. Indudablemente si los facultativosexpedíancertificaciones para bañarse en el río Genil eran conscientes del estado de sus aguas, y ello era otro beneficio más que aportaba el rio a los ecijanos.El río Genil pues ha ofrecido un amplio y variado abanico de manifestaciones,usos y actividades de carácter público y social que a todos nos compete seguir manteniendo.

Juan Méndez Varo.

LA FERIA DE FUENTES DE 1890, SUSPENDIDA POR LA AMENAZA DEL CÓLERA

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La Feria de Fuentes de Andalucía remonta sus orígenes al siglo XVII, en aquellas primitivas Fiestas de la Ermita en honor a la Virgen de Consolación, de la Hermandad de la Humildad. En 1890 el ayuntamiento –a iniciativa de un grupo de vecinos– decidió engrandecer y dar un impulso considerable a la velada con la instauración en los mismos días de una feria de compra-venta de ganados. La amenaza del cólera, que décadas atrás había causado estupor en el vecindario fontaniego, dejó aquel nuevo concepto de feria y fiestas en un mero propósito. 

Francis J. González Fernández
Cronista oficial de la villa de Fuentes de Andalucía


Si el 2020 será una fecha histórica por la pandemia del coronavirus Covid-19, cuya crisis sanitaria ha provocado la significativa suspensión de la feria de agosto, ésta no es una circunstancia plenamente inédita, pues a lo largo de los siglos de existencia de esta fiesta fontaniega ha habido otras circunstancias de considerable entidad que provocaron la no celebración de la popular Fiesta de la Ermita. Epidemias tales como el temido cólera morbo o más recientemente la Guerra Civil Española (1936-1939) provocaron que las calles de El Postigo no vivieran sus días grandes en determinados años.

El germen de la Feria de Fuentes se remonta a fechas lejanas del siglo XVII, ya que desde entonces la Hermandad de Nuestra Señora de Consolación, filial de la de Utrera y que radicaba en la Ermita de San Francisco del arrabal de El Postigo del Carbón, celebraba la fiesta del Dulce Nombre de María, el día 12 de septiembre, con función religiosa y procesión de la Virgen, con mayor o menor solemnidad según los recursos económicos de los que dispusiera la hermandad.

En las primeras reglas conocidas de la cofradía, que datan de 1658 [1], ya se recogen la fiesta a celebrar cada septiembre, aun cuando su origen puede ser anterior, ya que la Hermandad existía al menos desde 1622 [2], constando en esa fecha como la decimosexta en antigüedad entre las filiales de Consolación de Utrera.

Sin lugar a dudas, la fiesta se hallaba concebida de una forma muy diferente, ya que se basaba en una celebración meramente religiosa a la que con el paso del tiempo –para su mayor esplendor y disfrute de los vecinos– añadirían fiestas de carácter lúdico a lo largo del siglo XVIII, y en las que el ente municipal comenzó a implicarse.

En 1836, el ayuntamiento en sesión plenaria acordó

«… que en atención a estar próxima la Velada llamada de la Hermita, se establezca ésta en el mismo paraje que se acostumbra estableciendo las tiendas y puestos en la calle Cruz, lo que arreglarán los diputados de fiestas poniéndose un auto de buen gobierno por el Alcalde primero Constitucional en el mencionado punto para que sin impedir el regocijo público se conserve el orden y la tranquilidad bajo las penas penitenciarias que imponga por defectos menores, y que se encargue a los comandantes de la Milicia Nacional Local de ambas armas bajo su más estrecha responsabilidad la conservación del buen orden de dicha velada estableciendo las correspondientes guardias la infantería y patrullando de noche y día los de caballería pie a tierra» [3].

Esta implicación en la organización de los festejos lúdicos fue creciendo y el ayuntamiento asumió progresivamente su papel como ente promotor de la fiesta.

«Con motivo de celebrarse el próximo domingo nueve del corriente mes la velada de la Ermita se acordó por unanimidad autorizar a la Comisión del ramo para que disponga los festejos que estimase necesarios a efecto de que dicha fiesta se celebre en la forma más conveniente sin perjuicio de dar cuenta a la Corporación para que resuelva el abono de los gastos que se ocasionen».

Durante la segunda mitad del s. XIX [4]y buena parte de la siguiente centuria, era habitual que la música corriera a cargo de la banda del municipio, que estaba financiada por el ayuntamiento:

«… del abono de los honorarios a la Banda de Música del importe correspondiente por los servicios prestados durante los jueves y domingos de la temporada de verano, así como por sus actuaciones en la Velada de la Ermita celebrada los días 15, 16 y 17 de septiembre de 1889 bajo la dirección de Antonio Blanco Valenzuela» [5].

Y junto a la música, otros atractivos habituales eran carreras de cintas o eventos taurinos, tales como la corrida de novillos que, a propuesta de la Comisión de Fiestas y Beneficencia, organizó el ayuntamiento a beneficio del Hospital de la Caridad en 1894, eliminando el pago del impuesto de degüello de reses a las carnes de las que se lidien en dicho espectáculo [6].

Otra de las preocupaciones constantes del ayuntamiento con motivo de la Fiesta de la Ermita era el estado el que se debían encontrar las calles del entorno de San Francisco, donde acontecía la celebración. Son frecuentes las referencias en las actas municipales para el arreglo de las mismas:
«Ante la próxima celebración en septiembre de la Velada de la Ermita, el ayuntamiento acuerda, ante su necesidad imperiosa, la composición del empedrado de las calles en donde la fiesta se establece, o sea un trozo de la calle Lora, otro de la calle Cruz y de la calle Humildad» [7].

O autorizando el abono de los trabajos realizados:

Por «el reempiedro practicado en las calles Lora, Humildad y San Francisco, donde se celebra la velada de la Ermita en esta población» [8].

LA SOÑADA FERIA DE GANADOS DE 1890

Uno de los impulsos más significativos a la fiesta se planteó a finales del siglo XIX, acordándose por una amplia mayoría social de la localidad el establecimiento de una feria de ganados coincidiendo con la celebración de la Fiesta de la Ermita. En sesión plenaria celebrada el 24 de mayo de 1890, el alcalde José María de Llera y Díaz manifestó

«se le habían acercado varios vecinos haciéndole ver lo útil y beneficio que sería a esta población el establecimiento de una feria de compra-venta y cambio de caballerías, celebrándose en el mes de septiembre de cada año, teniendo en cuenta la situación topográfica de la misma, su riqueza y demás que se necesita para ello. El ayuntamiento después de discutir detenidamente la proposición del Sr. Presidente y considerando que la mencionada feria ha de producir grandes beneficios al vecindario, se asoció a ella, acordándose en su virtud, que para llevarla a efecto con el mejor acierto posible, se oiga antes a la Junta Municipal, y un gran número de mayores contribuyentes, para que explicándole el pensamiento del asunto expongan su parecer y en su vista acordar en definitiva» [9].

De este modo, se convocó la expresada reunión para el inmediato día siguiente, y en la tarde noche del domingo 25 de mayo la sala de juntas del edificio municipal acogió al Ayuntamiento Constitucional, la Junta Municipal y un nutrido grupo de los mayores contribuyentes de la población, llegándose a concentrar sesenta y seis personas que rubricaron por unanimidad el acuerdo.

Expuesto el motivo principal por el que habían sido convocados, y después de tomar la palabra varios de los presentes

«… exponiendo las dificultades que habían de presentarse para llevar a cabo una determinación tan importante y los medios que debían tomarse para salvarlas, por unanimidad se acordó: dar un voto de confianza al Sr. Alcalde-Presidente para que en unión del Ayuntamiento, pueda llevarse a efecto el establecimiento de la referida feria, salvando si posible fuese las dificultades y obstáculos que puedan presentarse tanto en la preparación de los pastos y abrevaderos, como en las demás que reclame el asunto, facultándose para hacer los gastos necesarios y que sean imprescindibles, del capítulo de imprevistos del presupuesto, designándose para la celebración de dicha feria los días diez y seis, diez y siete y diez y ocho de septiembre de cada año, procurando a ser posible, que principie en el actual, poniéndolo en conocimiento del Ilmo. Sr. Gobernador Civil de la Provincia, para que le conste, y dándole la mayor publicidad a el acto por medio de los Boletines Oficiales y periódicos de mayor circulación para que llegue a conocimiento de las personas que deseen concurrir» [10].

El entusiasmo era máxime, e inmediatamente los responsables municipales emprendieron –durante el verano de 1890– las gestiones precisas y comenzaron a planificar y dotar de las infraestructuras necesarias para la celebración del mercado.

Tras la siega del cereal, el alcalde se había provisto de más de 700 fanegas de tierras de pastos para el ganado [11], se adquirieron dos bombas rústicas para sacar agua de los pozos y se construyeron dos cañerías para conducir el agua y un depósito para su acopio, del que se surtiría la feria, empedrando los alrededores de éste para su mejor conservación [12].

Así mismo se había construido una presa o estanque en la corriente del arroyo de Las Barandillas para recoger agua y se llegaron a efectuar los cimientos para levantar un pilar en el sitio llamado de la Cerca, a la salida de la calle Mayor, también con objeto de dar de beber al ganado de la feria programada. Por último, se emprendió la reparación y prolongación del pozo público conocido por el Ancho, situado a la salida de la calle Carrera, todo ello bajo las directrices del maestro de obras Francisco Ruiz Tesoro [13].

Pero las ilusiones pronto se verían amenazadas por la aparición de un nuevo brote de cólera en España. Aun cuando los preparativos seguían adelante, en la sesión plenaria celebrada el 28 de junio de 1890 se dio cuenta de la circular del Gobernador Civil de la provincia en la que instaba a los alcaldes a ejercer la mayor vigilancia posible en previsión de «cualquier caso sospechoso que pueda ocurrir de la enfermedad que se padece en la provincia de Valencia», así como de las medidas que se habían de tomar para prevenir la propagación de la epidemia [14].

El temido cólera se expandió por diversas zonas geográficas de España, y aun cuando no había ningún caso localizado en la provincia de Sevilla, –en sesión celebrada el 9 de agosto de 1890– el ayuntamiento decidió convocar de forma extraordinaria para el día 15 de agosto a la Junta Municipal y los mayores contribuyentes, para obrar de común acuerdo y después de oír su dictamen, acordar lo que mejor procediera y fuera más beneficioso para la localidad, vistos los riesgos sanitarios existentes [15].
Y de este modo, ante la concurrencia que acudió a la convocatoria, el alcalde José María de Llera y Díaz manifestó a los presente la posibilidad

«de aplazar o no, por causa de la epidemia colérica, la feria proyectada para el diez y seis del mes venidero. En este estado y abierta discusión respecto al particular y después de haber usado de la palabra varios de los expresados Sres., por unanimidad de los concurrentes, se acordó: se suspenda por este año el establecimiento de la mencionada feria, por los temores que hay pueda presentarse la enfermedad colérica, de la que estamos amenazados, pudiendo el Sr. Presidente subarrendar los terrenos de pastos, que para dicho objeto tiene adquiridos, a la persona o personas que tenga por conveniente, y a los precios que crea oportunos, a fin de poder reintegrar en parte los fondos, que para ello, ha sido preciso abonar» [16].

Así, la amenaza del cólera en el verano de 1890 provocó la suspensión de la Fiesta de la Ermita y de la proyectada feria de compra-venta de ganados y caballería, ambas coincidentes y previstas para el mes de septiembre.

NOTAS:
1] ARCHIVO DE LA HERMANDAD DE LA HUMILDAD DE FUENTES DE ANDALUCÍA. Copia íntegra y literal de la Regla de la Hermandad de Nuestra Señora de Consolación. Año 1749.
2] GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Francis J. Consolatrix afflictorum: Nuevos datos sobre la fundación de la Hermandad de Nuestra Señora de Consolación y Santísimo Cristo de la Humildad de Fuentes de Andalucía. Revista de la Semana Santa de Fuentes de Andalucía 2014. Fuentes de Andalucía (Sevilla): Ilustre, Pontificia y Muy Antigua Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santa Cruz en Jerusalén y Nuestra Señora de la Merced, 2014, núm. 20, p. 51-55 y CARO, Rodrigo: Santuario de Ntra. Sra. de Consolación y antigüedad de la villa de Utrera. Osuna: 1622. Reedición Excmo. Ayuntamiento de Utrera, 2005.
3] ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE FUENTES DE ANDALUCÍA (AMF). Sección Gobierno. Libro de Actas Capitulares nº 16, 1829-1836. Folio sin numerar. Sesión 6 de septiembre de 1836.4] AMF. Sección Gobierno. Legajo de Actas Capitulares nº 4, 1890-1896. Libro 1894, folio 13v. Sesión 1 de septiembre de 1894.
5] AMF. Sección Gobierno. Legajo de Actas Capitulares nº 3, 1885-1890. Libro 1889, folio 68v. Sesión 21 de septiembre de 1889.
6] AMF. Sección Gobierno. Legajo de Actas Capitulares nº 4, 1890-1896. Libro 1894, folio 17r. Sesión 15 de septiembre de 1894.
7] Ibídem, folio 10v. Sesión 18 de agosto de 1894.
8] Ibídem, libro 1891, folio 20r. Sesión 12 de septiembre de 1891.
9] AMF. Sección Gobierno. Legajo de Actas Capitulares nº 3, 1885-1890. Libro 1890, folio 127v. Sesión 24 de mayo de 1890.
10] Ibídem, f. 128r – 129v.
11] Ibídem, folio 1v. Sesión 5 de julio de 1890.
12] Ibídem, folio 2r. Sesión 5 de julio de 1890.
13] Ibídem, folio 14r – 15r. Sesión 16 de agosto de 1890.
14] Ibídem, folio 135v. Sesión 28 de junio de 1890.
15] Ibídem, folio 12r. Sesión 9 de agosto de 1890.
16] Ibídem, folio 13r. Sesión extraordinaria 15 de agosto de 1890.

ESTABLECIMIENTOS LOCALES (I)

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Los comercios tradicionales del casco histórico de la ciudad de Écija, como también en otras ciudades, son negocios familiares que poseían un local en propiedad y con una clientela bastante fiel. La falta de continuidad en sus herederos, la fuerte competencia de las marcas nacionales e internacionales y el auge de las ventas en plataformas de internet están poniendo la piqueta de este formato que, requiere de planes directores que lo preserven.

Pero su presencia se hacía especialmente fuerte en la zona del centro histórico: calle Conde, Cintería, Mas y Prat, Santa Cruz, José Canalejas y San Francisco. Cabe destacar en este enclave Gómez Amador que es  la única tienda de ultramarinos que queda en todo el ámbito de estudio.  Hay que recordar la fuerte presencia de establecimientos como el Gon,  y las tiendas de tejidos como Valpuesta,  Planelles,  Juanito Martínez, Desiderio, la X4,  Galerias Maza, Berral, Tejidos Daniel mas popularmente conocido como la tienda del Moreno; relojería del Marco, la ferretería Valseca, etc. También hay que recordar las cafeterías y bodegas, como la de los “Pelones” que no han logrado sobrevivir en un entorno fuertemente transformado.

Lo cierto es que el final de una parte de nuestro comercio tradicional ha afectado de lleno a la estética de nuestras calles. El cierre de los locales ha ido acompañado por un cambio de sus portadas, eliminando su diseño tradicional por modelos más modernos.

En la calle Zapatería, actual calle Más y Prat, también se encontraba el popular  establecimiento de Casa Campoy, anteriormente  ALMACÉN LA CIUDAD DEL SOL. Su portada de estilo clásico fue una muestra de la categoría del comercio ecijano. Lamentablemente,  nuestra generación ha sido testigo de la retirada de esta bella portada que bien pudo quedar catalogada para la antología comercial.

La Ciudad del Sol era un establecimiento de mercería y quincalla, siendo uno de sus propietarios Carlos Freire Jiménez. Como todo el comercio de la época, en su interior se podía comprar cualquier tipo de artículos que iban desde café de Puerto Rico, moka,  caracolillo, conservas y hasta  camas.

En 1910 este establecimiento llegó a contar con su propio periódico, “La Ciudad del Sol”. Publicación que fue idea de  Manuel Rogel y Fernando Garrido, para anunciar éste su establecimiento y aquél su sastrería. Lo administraba y dirigía el librero ecijano Sebastián Nogueras, pero tuvo poca vida. Su objeto no fue otro que el anunciar sus productos, no obstante en sus páginas aparecieron trabajos literarios de don Antonio Martel y del doctor don Manuel Varela, según  escribe el cronista oficial de la ciudad Manuel Ostos y Ostos en el periódico local “Nueva Écija”.

Juan Méndez Varo
Imágenes y Recuerdos de la Ciudad de Écija. (Edición 1.995)

EL NOMENCLÁTOR DEL VIARIO URBANO DE LA CIUDAD DE ÉCIJA

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En 1816 el Duque del Infantado, presidente del Consejo Real de paso para Cádiz hizo escala en Écija, ordenando al corregidor que procediera a la inmediata división de la ciudad en cuatro cuarteles y dieciséis barrios en atención a ser Écija “una de las primeras y más populosas ciudades de Andalucía, y aun del Reyno”.

Según el historiador Juan María Garay y Conde,  en su libro Breves Apuntes históricos descriptivos de la ciudad de Écija, (Imprenta Manuel Salgado) Hasta esa fecha, la nomenclatura de las calles era tradicional y tan confusa que algunas solían  conocerse  por tres y más nombres; así es que la que hoy se denomina de Caballeros, se conocía por éste nombre y además por los de Arco Real del Puente, Misericordia y Juan de Perea y  otras no había azulejos que la designasen. La mal  numeración de las casas era debido a los económicos efectos de una brocha mojada en almagre.

Por fin el referido año 1816 se dividió la ciudad en 4 Cuarteles y cada uno de estos en 4 barrios estableciendo otros tantos alcaldes que ayudasen a la autoridad, llevando a efecto sus disposiciones y bandos de buen gobierno. Se sincoparon los larguísimos nombres de varias calles y se pusieron azulejos que designasen no solo aquellos a la numeración de casas sino también las parroquias, conventos, hospitales y demás edificios públicos y la situación de cada cuartel con sus barrios y se les da nombre oficial a las calles y plazas, colocándose losillas y azulejos en la entrada y salida de cada calle con el nombre de Cuartel, el barrio y calle, poniéndose igualmente número a cada casa.

Hoy en 2020 hace falta otra orden pues un buen número de calles tienen mutilado los nombres  al haberse desprendido más de una letra, lo que hace a veces tener que descifrar un jeroglífico. A todo ello se le añaden el cruce indiscriminado del cableado  de las compañías tanto de electricidad como la de telefonía. Tal es el caso de la calle Vélez de Guevara, calle que se rotula a uno de los más destacados dramaturgos y novelistas. Pero no solo ocurre con la calle dedicada a uno de los hijos mas ilustres de la ciudad,  también presentan un estado lamentable las calles Tarancon,  Cristo de Confalón, etc.  Y a veces no solo es el cableado el que oculta el rótulo de la vía como es el caso de la Plazuela de  Quintana, sino a la céntrica calle Doctrina le han brotado jaramagos y, así lleva años, ante la pasividad de las autoridades competentes.

Juan Méndez Varo
Asociación Amigos de Ecija

TRASLADO INÉDITO DE LA VIRGEN DEL ROCÍO EN 1648

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La Virgen del Rocío cubierta avanza a hombros de los almonteños en el traslado a Almonte de agosto de 2019 – Manuel Gómez

Este Domingo de la Ascensión, 24 de mayo de 2020, a tan solo una semana de la festividad de Pentecostés, era la fecha en la que debía de haberse cumplido el regreso de la Santísima Virgen del Rocío a su Santuario, después de los nueve meses que tendría que haber permanecido en Almonte. La noche del sábado hubiese salido de la parroquia de la Asunción, luciendo galas de Pastora, en dirección al Chaparral, donde su rostro divino hubiese quedado cubierto con el pañito, y el cuerpo de la imagen guarecido bajo el traje del camino, que le protege del polvo de las arenas. Tras dejar Almonte, estaba previsto que llegase a la aldea al caer la tarde, para, a continuación, entrar en el santuario terminando así con ello todo el ritual concerniente al Traslado 2019-2020.

Sin embargo, no pudo ser así. Todos los actos vinculados a la Llevada de la Virgen, así como los de la propia romería, han quedado pospuestos para el año que viene, debido a la emergencia sanitaria impuesta por el estado de excepcionalidad instaurado a causa de la pandemia del coronavirus.

Entre las motivaciones históricas que han propiciado algunos Traslados, figuran también las distintas epidemias padecidas a lo largo de estos siglos. Especialmente en el Seiscientos, el pueblo de Almonte imploró a la Virgen del Rocío como valiosa Protectora ante la amenaza de las mortíferas pestilencias.

Para la historiografía rociera ha pasado completamente inadvertida la Venida del año 1648, pues no consta entre las contabilizadas a lo largo de aquella centuria. Es cierto que tampoco existen unas fuentes documentales primarias que acrediten la estancia de la Virgen en el templo parroquial, durante las oleadas epidémicas de 1649 y 1650, aunque sí se tiene constancia de ello por otras vías indirectas.

Con anterioridad a la dramática peste de 1649, se produjo una importante incursión del contagio por Huelva en el mes de mayo de 1648, cuyas primeras manifestaciones se produjeron en la localidad de Villablanca.

Defensora de epidemias

Diversas piezas documentales del Archivo ducal de Medina Sidonia, descubren el Traslado de la entonces invocada como Nuestra Señora de las Rocinas al pueblo, a cuyo patrocinio, según refieren estos mismos documentos obrantes en Sanlúcar de Barrameda, atribuyeron los vecinos de Almonte la conservación de la salud de toda la población. En aquellos años, la imagen aún era venerada bajo el título vinculado al mítico paraje en el que se criaban las yeguas (las Rocinas), si bien pasaría muy pocos años más tarde a intitularse ya como Virgen del Rocío. Entonces, cuando el pueblo de Almonte defendía una serie de derechos que poseía en los límites del criadero de yeguas con el coto de Doñana, el icono mariano se convirtió en el principal símbolo de la unidad vecinal frente al poder señorial.

A esta administración ducal correspondía el señorío de Almonte, gobernado por un Corregidor que nombraban los Guzmanes durante el Antiguo Régimen. Y es en su Archivo, uno de los más importantes de Europa, donde se guarda la documentación que prueba fehacientemente la traslación de la devotísima imagen a Almonte aquel año de 1648.

Los expedientes del Archivo ducal revelan que se ordenaron cerrar hasta las iglesias, solo abierta, en el caso de la parroquial, en festividades muy señaladas como las de San Pedro y San Pablo. Y dentro de ella es donde debió recibir culto la Virgen, tras ser desplazada desde su ermita por los caminos hasta el núcleo urbano.

Resultan bastante desconocidos estos expedientes, pese a la difusión efectuada ya de algún que otro dato por la gran investigadora, doña Luisa Isabel Álvarez de Toledo, en su libro «Historia de una conjura (1985)». Por tanto, estos testimonios, además de ser indispensables, han pasado a convertirse en únicos, toda vez que terminaron desapareciendo todos los documentos de aquel periodo histórico del Archivo Municipal de Almonte.

En el fondo documental de Juan Infante Galán que custodia la hermandad Matriz, hemos hallado alusiones a las imperiosas necesidades que los vecinos de Almonte padecieron aquel año de 1648. Fueron tomadas por el referido historiador rociero, de los libros de actas municipales en cuestión. El investigador indicó con gran precisión la fecha de la sesión plenaria, datada en el mes de enero, así como la página exacta. También llegó incluso a acopiar noticias del cabildo celebrado el 23 de mayo de 1649. Sin embargo, no reseña nada sobre una supuesta imploración de rogativas por parte del vecindario a la Santísima Virgen del Rocío. Es muy posible que la imagen permaneciese todavía en la parroquia local, después de haber sido traída en 1648. De todos modos, la estancia prolongada de la imagen entre los años de 1648, 1649 y 1650, de modo ininterrumpido, no está rigurosamente probada.

Un impreso posterior, precisamente las reglas de 1758, rememora que la imagen había sido traída en aquellos años tan calamitosos, transcurridos entre 1649 y 1650, aunque omite que pudiera haber venido en 1648. El texto constitutivo añade que se costeó un vestido para la efigie de tela blanca, muy en consonancia con la simbología de la pureza original de la Virgen María, tan en boga durante aquellos años barrocos de gran fervor mariano e inmaculista. En 1653, fue proclamada patrona de Almonte, con motivo de un traslado extraordinario al templo parroquial, la Santísima Virgen del Rocío.

 

OTRAS EPIDEMIAS: EL ALCALDE DE SEVILLA QUE MURIÓ DE CÓLERA

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Retrato de Juan José García de Vinuesa. Óleo de José María Romero. Siglo XIX. – ABC

 

El alcalde más popular de nuestra ciudad bajo la regencia de Isabel II, don Juan José García de Vinuesa (1859-1865), murió con las botas puestas, en el recto cumplimiento de sus funciones, como ejemplar servidor público que fue. Se contagió visitando a unos enfermos pobres de Triana, donde parece que incubó la bacteria que le causó el funesto desenlace.

Lejos de encerrarse en su despacho, se echó a la calle para palpar la cruenta realidad del cólera en Sevilla. Una reseña necrológica suya refiere que se llevó saliendo, a diario, casi dos meses por la tarde, a cumplir con la labor de visitar personalmente la cárcel, los hospitales y otros establecimientos públicos, en el que se encontraban aislados los enfermos contagiados.

Cuando parecía que el vigor epidémico había cesado, el alcalde Vinuesa editó un bando municipal en la segunda quincena de septiembre de 1865, mediante el que recomendaba, a quienes notasen los primeros síntomas, que acudiesen a los socorros médicos, con el fin de que la deshidratación colérica no minase las fuerzas del organismo humano.

Al malogrado Vinuesa se le veía en todas partes. Se desvivía por establecer las disposiciones más acertadas que ayudasen a evitar el desarrollo del mal del que terminó siendo víctima.

Luchador anticolérico

Qué gran paradoja. Aquel hombre que tanto había luchado por erradicar de las calles de Sevilla excrementos y basuras, terminó siendo presa del contagio de la bacteria del cólera. Y mira que puso medios. Reseña el archivero municipal del siglo XIX, don José Velázquez y Sánchez, en sus Anales epidémicos, que Vinuesa creó campamentos efímeros con las lonas y los armazones de las casetas de feria, pertenecientes a la propiedad del Asilo municipal. Bajo los tenderetes refugió, aquel otoño de 1865, a familias gitanas y humildes que vivían en Triana, a uno y otro lado de la vega, a las que decidió trasladar al Prado de San Sebastián y el descampado del Blanquillo.

Es verdad que, durante la primera quincena de octubre, había bajado bastante el número de fallecidos. Se cifraba solo entre la veintena diarios. Pero a partir de aquella fecha, un rebrote súbito recrudeció la situación y se desorbitaron las defunciones. Pasaron de 20 a 140 muertes diarias.

De la punta epidémica de 1865 ascendieron los contagiados a 5.000 personas, de las que fenecieron 3.000. Se trataba del tercer brote de cólera de cierta relevancia entre los suscitados a lo largo del siglo XIX. Este lance aflictivo originó unas repercusiones sociales, económicas y demográficas muy significativas. El higienista sevillano, don Manuel Pizarro Jiménez, padeció el contagio de aquel año, se ofreció para realizar una topografía médica de Sevilla y pudo realizar valoraciones estadísticas con una periodicidad semanal.

Infectado de cólera

La prensa local anunció que el alcalde se hallaba en cama, padeciendo una ligera invasión de la bacteria, lo que hizo cundir el pánico entre la población. Ya no era solo a las clases más humildes. El ataque también estaba perjudicando también a vecinos del centro urbano.

García de Vinuesa sintió la primera sintomatología el domingo 22 de octubre, para terminar entrando en una fase importante de gravedad el jueves día 26 hasta consumarse la defunción el viernes 27 de octubre de 1865, a las siete de la mañana.

Con motivo del inesperado suceso, el diario madrileño «El Contemporáneo» recogió algunas reflexiones sobre las funestas consecuencias de la epidemia padecida en Sevilla, en el plano económico. Predecía que afectaría a distintos ramos de la industria, e iba a provocar la paralización completa de un buen número de trabajadores braceros, así como buena parte de productos y todo el mercado. Sugería que se le solicitara a la reina que, en unión con otros países vecinos, se promoviesen medidas preventivas que impidiesen la aparición, periódica, de aquella plaga que tanto daño causaba a la Europa moderna. El cólera ocasionaba un grave obstáculo para el progreso de España.

Y estando aún de cuerpo presente, el Ayuntamiento celebró un pleno extraordinario, bajo la presidencia accidental del gobernador civil. A la histórica sesión asistieron los tenientes de alcalde García Balao y Pagés del Corro, con quienes le unía una gran amistad, junto a los concejales Moreno y Molina, Gutiérrez, Munilla, Alonso de Caso, Torezano y Parra, entre otros. Todos ellos acordaron rotular con su nombre la antigua calle del Mar, que era donde vivía el alcalde fallecido.

Además de su domicilio particular, ubicado en el número 6, poseía establecida en otra vivienda de la misma vía la razón social de su compañía de navegación fluvial, cuya línea de vapor unía a Sevilla con Marsella. El servicio semanal proporcionaba cobertura comercial a toda Andalucía, Extremadura y Valencia. Vinuesa era hombre de la banca y fue consiliario del Banco de Sevilla, establecido en la calle Pajaritos.

Al entierro acudieron muchas personas y formaron parte del cortejo fúnebre las principales autoridades locales, así como otras personalidades tan relevantes como el acreditado ingeniero, don Manuel Pastor y Landero, junto al que Vinuesa trabajó tan estrechamente.

La corporación municipal aprobó también, en el transcurso del mismo pleno, costear la erección de un mausoleo dentro del cementerio de San Fernando, para acoger los restos del finado, y proporcionarle una paga a la viuda. Con el tiempo, este monumento funerario fue a parar a manos de doña Carmen Moreno Santamaría y García de Vinuesa, por cuya vía terminó enterrándose el también alcalde, don Mariano Pérez de Ayala y Vaca. Por tanto, en el mismo panteón se hayan enterrados dos alcaldes de Sevilla, según nos ha contado el nieto de este último, hoy presidente de Cáritas Andalucía.

Modernización de Sevilla

Los años en que fue alcalde coinciden con un gran auge experimentado en Sevilla, que acogía la estancia de la familia real de los Montpensier. Descentralizó los servicios municipales en distritos y, durante sus años de alcalde, promovió la ejecución de numerosas obras públicas, con el claro afán de modernizar Sevilla y subirla al carro del desarrollo industrial. Bajo su mandato se inauguró el ferrocarril, por lo que mejoraron muchísimo las comunicaciones. Con gran acierto logró conectar la línea férrea y el puerto del río, cuyos desbordamientos consiguió achicar gracias a diversas actuaciones. Realizó importantes mejoras urbanísticas de ensanche y embellecimiento de la mano del arquitecto Balbino Marrón, allegado a los duques de Montpensier. Transformó las calles estrechas, tan poco higiénicas, en amplias vías de comunicación. Se le ha culpado del derrumbe de casi todas las Puertas de la ciudad, y eso no fue así. Cuando visitaron Sevilla la reina Isabel II y el príncipe Alfonso XII, en 1862, mandó adornar la Puerta de Triana con vidrios de color. Y sí fue el responsable de las destrucciones de las Puertas de Jerez, San Juan (calle Torneo) y el Arenal, en 1864.

Pese al anticlericalismo imperante, la religiosidad popular no había perdido vigencia ante la crisis que vivía la Iglesia. De hecho, se organizó la preceptiva procesión de rogativas para implorar la aflicción divina en honor de la Virgen de los Reyes, cuya imagen también volvió a procesionar, en acción de gracias, tras el cese del contagio. Lo ha estudiado pormenorizadamente nuestro colega de investigación, don Rafael Jiménez Sampedro, en un artículo interesantísimo que publicó el pasado año en el Boletín de las Cofradías que dirige.

Por encima de todas las mejoras instauradas por García de Vinuesa, permanecerán sus continuos desvelos, absoluta entrega y dedicación brindada, en cuerpo y alma, en beneficio de la ciudad. Varios periódicos nacionales narraron que Vinuesa le daba a los necesitados todo el dinero que recibía del Ayuntamiento como retribución de su cargo. Se mostraba incansable en el ruego al vecindario para que no dejaran de ofrecer donativos con los que poder combatir el desarrollo de la epidemia. Ese espíritu filantrópico suyo es el que ha posibilitado que su memoria nunca haya muerto. Por ello, pervive en el recuerdo como uno de los alcaldes con mayor corazón, y el más humano, de toda la Historia Contemporánea de Sevilla.

 

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