Os presentamos el cartel anunciador de la Exposición que celebrará nuestra Hermandad en el Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla del 12 al 20 de octubre del presente año. El lema de la exposición es REGINA APVD DEVM. La devoción de la Virgen de Aguas Santas en Sevilla y su provincia.
La hermandad de la Virgen de Aguas Santas se instalará durante unos días en la sede social del Círculo Mercantil para recordar a los sevillanos la estrecha relación de la capital con la patrona de Villaverde del Río. La imagen mariana ha presidido en otros tiempos, en épocas de epidemias y grandes sequías varias rogativas en la Catedral de Sevilla.
La muestra también servirá para llevar a cabo un recorrido histórico de esta devoción popular, como las leyendas sobre sus apariciones o el origen de la romería y otras fiestas de nuestra localidad.
Del 12 de octubre al 20 de octubre
C/ Sierpes 65. Sevilla
Salón II y Patio
Comisaria: Carmen Sarmiento Benítez
Salvador Hernández González
El pasado sábado 21 de septiembre una representación de nuestra Asociación, compuesta por José Antonio Fílter Rodríguez, Francisco Pérez, Andrés Trevilla, María Teresa Ruiz Barrera, Manuel Morales Morales y el que suscribe, a la que se adhirió José Reina Macías (bibliotecario de la Casa de la Provincia) y Fernando Hidalgo Lerdo de Tejada (historiador y profesional de Genealogía y Documentación), giró visita a las instalaciones en las que con carácter provisional se han reunido los restos del Archivo Municipal de Los Palacios y Villafranca. Como es sabido, el desgraciado incendio acaecido el día 5 de este mes ha supuesto para este fondo documental una verdadera catástrofe, algo impensable en los tiempos en que estamos, donde el patrimonio cultural debe ser una prioridad de cualquier sociedad que se precie de civilizada. Este desgraciado hecho, sea cuales fueren sus causas, nos recuerda otros episodios de la historia contemporánea de España que dejaron su huella nefasta en la destrucción de otras muestras de nuestro patrimonio documental y artístico.
No es fácil describir la conmoción que sentimos cuando llegamos a la nave industrial y nos recibió nuestro compañero Julio Mayo Rodríguez y de inmediato nos introdujo en un escenario verdaderamente dantesco. A lo largo y ancho de aquel espacio se ha habilitado lo que pudiéramos llamar no solamente un depósito de emergencia donde albergar esos despojos documentales, sino también un verdadero “hospital de campaña” en el que pacientemente se está intentando salvar todo lo salvable, valga la redundancia. Pues como nos explicó Julio, hubo una primera operación de rescate en el mismo momento del incendio, en la que él como archivero tuvo que imponer su criterio profesional, como conocedor de la especial naturaleza del material que había que intentar salvar, frente a los dictámenes no siempre acertados de los servicios de emergencia. Su enérgica y decidida actitud, propia de un verdadero profesional de la Archivística, fue vital no sólo para preservar de su destrucción las “piezas estrellas” de los fondos (como el Libro Becerro del siglo XVII o documentación contable del siglo XVIII), sino también para evitar que los daños, con ser ya cuantiosos, fuesen todavía mayores, ya que a la acción del fuego se unió de inmediato la del agua de los bomberos. Fue
go y agua sumados han dado como resultado que el fondo haya sufrido todo tipo de daños, en una escala que va desde bloques de papel absolutamente carbonizados hasta documentos totalmente humedecidos, pasando por una amplia gama de libros y expedientes rotos, carcomidos, con los bordes quemados, etc. Este cúmulo de daños ha afectado a toda la documentación aunque con diverso grado de incidencia, lo que ha determinado que en este que pudiéramos llamar “archivo provisional” se haya procedido a la instalación de los documentos en función de su mejor o peor estado de conservación, no sólo para proceder a su inmediato tratamiento de recuperación, sino al mismo tiempo para su identificación archivística al objeto de poder determinar su procedencia (legajo, serie, sección, etc.) e ir recomponiendo el cuadro de clasificación originario.
A tal efecto Julio nos guió en un recorrido que nos resultó verdaderamente estremecedor, al contemplar miles de papeles y libros ubicados fuera de sus legajos habituales y esparcidos sobre plataformas al objeto de poder proceder a esta ardua tarea. Una labor para la que desde aquí reclamamos que se impliquen todas las administraciones competentes con medios humanos y materiales, pues no es fácil reconstruir todo un archivo municipal desde un amasijo de papeles quemados, rotos y mojados. Aunque la profesionalidad de nuestro compañero Julio ha sido una constante en toda su trayectoria al frente del Archivo Municipal de Los Palacios, pues en su persona se combina la doble faceta de archivero e historiador, o lo que es lo mismo, “el hambre con las ganas de comer”, en estas horas trágicas no dudó en arriesgar su integridad física por intentar salvar estos fondos que él tan bien conoce. Es justamente este conocimiento de unos fondos que fueron la razón de ser de su trayectoria investigadora el que ahora va a resultar vital para su recuperación en la medida de lo posible. La tarea de recuperación ya está en marcha como decimos y en ella Julio se está entregando en cuerpo y alma con su reconocida competencia en materia archivística. Con la limitación de medios que imponen las circunstancias, se está procediendo a la identificación de la documentación y su encuadre en las secciones y series que tan violentamente fueron deshechas, al tiempo que se va transfiriendo a la que pudiéramos llamar “Unidad de Cuidados Intensivos” o “Quirófano” aquellos libros, expedientes o documentos que corren serio peligro de pérdida ya no sólo por la acción previa del fuego o el agua, sino también por la sobrevenida acción de microorganismos que se empeñan en completar la obra destructora previa. A tal efecto se han arbitrado una serie de medios empíricos pero muy eficaces, con los que se está procediendo al tratamiento de los daños a través de procesos de secado, limpieza, desinfección, etc.
Toda una praxis que pone a prueba la teoría archivística de manual y que ciertamente, y así se lo hemos manifestado a Julio, constituye una verdadera experiencia digna de ser presentada en foros o congresos especializados de archivística, como modelo de actuación ante una catástrofe de tamaña envergadura. Señalaremos que por triste ironía del destino, el autor de estas líneas vio en estos mismos días de septiembre, que entre las novedades bibliográficas llegadas a la biblioteca del Departamento de Paleografía y Diplomática de la Universidad de Sevilla figuraba un “Manual de planificación y prevención de desastres en archivos y bibliotecas”. Pero ante la aplastante realidad de la catástrofe, el arrojo y eficiencia de Julio han sido sin duda más eficaces que cualquier prescripción de manual.
Ahora, como decimos, aparte de esa imprescindible ayuda de voluntarios volcados en salvar todo lo que sea posible, hace falta ayuda de personal técnico y medios materiales (mobiliario de archivo, cajas archivadoras, equipos informáticos) para que este archivo, como el ave fénix, renazca de sus cenizas. En medio de tanta destrucción, Julio nos mostró, como todo un símbolo de esperanza de este renacer que todos deseamos, la colección de las Actas de las Jornadas de Historia organizadas por nuestra Asociación, dañadas por el agua y que hasta aquel día nefasto integraban, en su despacho, una pequeña “biblioteca auxiliar” junto con los instrumentos de descripción archivística y demás medios de información para su trabajo diario.
Con la esperanza de que las ayudas lleguen, mantenemos la plena confianza en que esta titánica labor llegará a buen fin gracias a ese magnifico equipo de héroes voluntarios, dirigido por nuestro compañero, al que desde siempre hemos considerado como un archivero con mayúsculas, de esa rara especie de aquéllos que consideraban su trabajo no como una mera tarea administrativa de catalogación y gestión documental, sino como una vivencia de la historia a través de la investigación y la difusión de sus resultados en publicaciones, medios de comunicación, conferencias, jornadas, etc. Pues si siempre Julio necesitó del archivo municipal de su pueblo, como cimiento de su labor investigadora, ahora y más que nunca el archivo necesita de Julio para que la historia de Los Palacios pueda recuperarse y no perezca del todo en la negrura del papel quemado. Estamos seguros de que con su presencia al frente de este trabajo hercúleo se llegará a la meta y de nuevo la Historia triunfará sobre aquellas voraces llamas empeñadas en eliminar todo vestigio del pasado de Los Palacios y Villafranca.
Las Jornadas se proponen examinar la relación entre España y Portugal en el periodo 1968-1978. El papel de las élites dictatoriales y la oposición, la emergencia de la sociedad civil y la inserción de ambos países en el sistema de relaciones internacionales serán los ejes conductores de las distintas conferencias.
Lugar de celebración: Facultad de Filología. Universidad de Sevilla. C/ Palos de la Frantera, s/n. Aula de Grados. Facultad de Filología.
Días 24-25 de septiembre de 2013
DÍPTICO INFORMATIVO E INSCRIPCIÓN
Adiós al archivo municipal de Los Palacios
Tocábamos las campanas y charlábamos, como dos adultos con memoria y poso suficiente para la reflexión, aunque yo no fuera más que un mocoso con una curiosidad por el mundo que iba más allá de lo que aparentaba. Pese a mi juventud, había aprendido que la señal en los entierros de las mujeres era una tin y una tan, mientras que en los de los hombres era dos tan, monótonos, periódicos, cada minuto o así, a lo largo de todo el funeral. Como éramos dos monaguillos, yo disfrutaba cuando la misa le tocaba al otro y podía compartir con Francisco Mayo, que iba para 80 años, la aprovechable velada de sus conocimientos mientras nos turnábamos en el toque.
De siempre me pareció un caballero educado y memorioso. No olvidaré jamás el contraste entre su conversación fluida y genial y la de otro viejo que yo había conocido al principio de mi llegada a la parroquia, Pepe el Moreno, el sacristán, que estaba a un paso de la agonía y que se desesperaba cuando me veía barrer tan torpemente. Me arrancaba el escobón de las manos, barría con suavidad, haciendo montoncitos con el arroz de las bodas para irlos a recoger después, mientras mascullaba con su dentadura postiza inadaptada: “Mira que es sencillo barrer”… A Pepe lo conocí poco porque, como digo, yo llegué cuando el Señor empezó a llamarlo, así que me dejó la imagen de hombre serio que no se correspondía tal vez con la realidad de sus buenos años, de esa época en la que, según me contaron luego, tenía graciosas salidas como decir en los entierros: “Yo no quiero que se muera nadie, pero que no se acabe el chorro”. A Francisco me dio más tiempo tratarlo. Me enseñó muchas cosas mientras tocábamos las campanas de los entierros como quien echa un cigarro al atardecer.
En la misma época, yo aprendí mecanografía, informática, taquigrafía y hasta principios básicos de contabilidad en la academia que regentaba una de sus hijas, Rosario. Y conocí a uno de sus nietos, Julio, que apuntaba maneras de historiador y que, con el tiempo, se convertiría en el archivero municipal del pueblo. De modo que intimé con buena parte de su familia. Pero lo más conmovedor es que, también por la misma época, conocí una de las anécdotas que él me contaba mientras tocábamos las campanas que yo nunca hubiera conocido por otra fuente y que me pareció providencial para intimar con la mía sin tratarla siquiera. Francisco hizo la mili y participó en la guerra civil con mi abuelo parterno, Manolo Romero Castellano. Durante varios años fueron compañeros muy unidos. Pero yo, por motivos familiares que no vienen al caso, lo conocía poco. Apenas hablé con él unas cuantas veces. Y tal vez por ello me deslumbró más que Francisco me contara, entre risas que lo rejuvenecían, que durante aquellos difíciles años de la guerra, como mi abuelo tenía novia (mi abuela) y él no, Francisco le cedía el pase que le pertenecía para que se viniera a ver a mi abuela. “Iba a ver a María cuando le tocaba a él y cuando me tocaba a mí”, decía Francisco con una risa que lo hacía retorcerse, con los ojos chiquititos. “Le decía: Toma, Manolo, vete con María, y allá que iba tu abuelo para ver a la novia”, me contaba. Aunque niño, no se me escapaba la causalidad de que gracias a aquellos pases que le cedía a mi abuelo, la relación con mi abuela se consolidó hasta el punto de casarse con ella, tener siete hijos, incluido el penúltimo que fue mi padre y que, consecuentemente, yo mismo viniera al mundo.
Muchos años después, cuando todos murieron, a mí me siguió resonando en la memoria la risa franca y pueril de Francisco Mayo contándome aquellas batallitas y se me disparaba la imaginación para concluir que, de alguna manera, yo nací gracias a su generosidad soldadesca con uno de sus compañeros de pelotón. No se lo conté nunca a su nieto, Julio Mayo, a quien la vida me acercó por el amor común a las letras, y que el otro día, cuando el archivo del que él es responsable salió ardiendo, parecía un chiquillo consternado con el mundo, abrazado al único libro, el del Becerro, del siglo XVII, que salvó de las llamas.
Viéndolo llorar, me acordé de su abuelo, no sólo de cuando tocábamos las campanas, sino de cuando, ya mayor, coincidimos en su casa del campo, delante de una bandeja extraordinaria de tomate del pueblo bien aliñado. Viéndolo llorar, me pareció injusto para el pueblo que las llamas se llevaran en un rato toda la historia de un pueblo a la que él se ha entregado en cuerpo y alma, y no sólo él, sino el espíritu de su familia desde la afición a la historiografía de su propio abuelo. Me pareció injusto que Julito tuviera que llorar delante de un archivo carbonizado que era del pueblo entero pero que, sobre todo, era su archivo. Fíjense si Julito Mayo y el archivo y el pueblo son lo mismo que la dirección de su correo electrónico, antes de la arroba, es archivo41720. Nunca he conocido a nadie que, al margen de la lógica o ilógica vocación por su oficio, no pensara además en su trabajo como forma de llegar a fin de mes, sino como forma de vida. Julio siempre ha dicho que se aficionó a la Historia por su abuelo Francisco, que tenía un diario en el que escribía lo más relevante del acontecer del pueblo. Cada día apuntaba quién se había muerto, quién había nacido, quién se había casado con quién, qué hecho memorable había que recordar. Durante años. Esas libretitas empolvadas las guarda Julio en su casa como oro en paño. Y se han salvado de la quema. Al acordarme de ellas, me acordé también de Francisco, de mi abuelo, del arroz de las bodas, de las campanas, de mi cara de asombro descubriendo el mundo desde el porche de la parroquia… como si las llamas que han destruido el archivo me iluminaran la memoria hacia el origen de cómo empiezan los archivos personales de quienes no pueden vivir sin la Historia, la suya y la de todos.
Y mientras el pueblo dictaba sus sentencias, haciendo coincidir los indicios con los incendiarios; mientras los políticos se dedicaban a su estéril pelea… mientras crepitaban tantos disparates en el fuego amasado del odio y la hipocresía, yo me acordaba de los diarios de Francisco Mayo, a los que ahora tendrá que acudir su nieto para empezar a reconstruir la memoria de tantos desmemoriados. Que Dios le ayude. Y su abuelo desde la Gloria.
Por Alvaro Romero
Doctor en periodismo y profesor de literatura
Fuente: El correo de Andalucía
La revista ‘Écija en Feria’ celebra en 2013 el 50 Aniversario de su primera publicación. Se trata de una entrega habitual cada feria y que consiste en una recopilación de artículos escritos ‘ex profeso’ por algunos ecijanos que nos traen a la memoria pasajes de nuestra historia ya pasada así como de la actualidad local.
“Écija, Feria y Fiestas” se publicó por primera vez en mayo de 1963. Sería Rafael Cano Rodríguez quien pusiera en marcha este proyecto hasta el año 2001.La revista se imprimía en la extinta imprenta Canograf , en un principio imprenta San Pablo, un taller que el editor primitivo de la publicación regentaría hasta el año 2000 en calle Arroyo.
Antaño esta revista se publicaba tanto en las ferias de mayo como en la de septiembre. A partir de 1989, año este en el que desaparece la feria de primavera, se ve reducida a una sola edición.
A pesar de los avatares de la historia la revista de feria ha persistido en el tiempo y a partir de 2008 la actual edición, la única que se publica en la ciudad dedicada a esta fiesta local, pasa a denominarse “Écija en Feria” bajo la dirección de Rosario Cano Guerrero y su familia conservando la misma esencia y estilo con el que nació hace ahora cincuenta años.
La publicación cuenta con artículos relacionados con temas que han sido noticia a lo largo del último año, a cargo de la editora de la revista, Rosario Cano. Por su parte, Fali Silvestre nos acerca a los baños que antiguamente se daban los ecijanos en el Río Genil, albercas y piscinas para combatir el calor de la época. De igual forma el Cronista oficial de Écija, José Enrique Caldero, nos ofrece detalle de la significación de Santa Florentina en la localidad, Manuel Olmedo Díaz escribe acerca de los más populares quioscos y sobre el desaparecido “Bar Nautilus” regentado entonces por Juan Concepción Romero. Por último, destacar el artículo de Juan Méndez Varo sobre el populoso centro cultural creado en los años sesenta para los jóvenes bajo la denominación de “Teleclub”.
El índice de artículos recoge también la presencia de la fiesta taurina, del fútbol, de la Patrona de la Ciudad la Virgen del Valle, el aceite o ecijanas que han sido protagonistas en Écija.
‘Écija en Feria’ es la revista local que desde hace cincuenta años recoge y difunde el legado de los ecijanos de manera impresa. Esta publicación, además, promociona y difunde cada año la programación completa de las actividades que desde la Delegación de Fiestas Mayores se organizan para celebrar la Feria de Septiembre.
Dos dotaciones de Bomberos de la Provincia de Sevilla, un total de 6 efectivos y 1 mando, van a permanecer destacados en la sede del Ayuntamiento de la localidad sevillana de Los Palacios durante toda la noche, a fin de evitar la posible reavivación de algún nuevo foco de incendio en las dependencias del Archivo, en la primera planta del edificio.
Una veintena de bomberos de los parques de Los Palacios, Utrera, Dos Hermanas, Lebrija y del Parque Central, permanecían esta tarde en el lugar de los hechos, donde, a partir de las 16’59 horas, se iniciaban las tareas de recuperación de los documentos más importantes y antiguos del Archivo, tras haber habilitado una puerta lateral de acceso al edificio.
Los Bomberos de la Provincia han estado, desde entonces, trasladando carpetas con documentos, para abrirlas, sacar el papel de su interior, que se airea y refresca, a fin de evitar que vuelva a surgir llama.
Hay que recordar que el incendio del Archivo Municipal de Los Palacios se iniciaba esta madrugada y que quedaba controlado alrededor a las 12’47 horas, aunque los efectivos de los parques intervinientes han seguido con su trabajo de prevenir que surjan nuevos focos y de refrescar la documentación afectada, trasladándola y tratándola fuera de las dependencias siniestradas.