Un estudio revela cómo el Rosario pasó de la meditación privada a convertirse en la milicia comunitaria del Barroco

Jul 22, 2026

El historiador y dominico Carlos José Romero Mensaque analiza en Estudios Marianos la evolución del "rosario a coros" entre los siglos XVI y XVIII como seña de identidad del catolicismo postridentino.

Una investigación historiográfica elaborada por el religioso dominico y profesor de la UNED Carlos José Romero Mensaque documenta la profunda metamorfosis que experimentó el Santo Rosario entre los siglos XVI y XVIII. La plegaria mariana por excelencia pasó de concebirse como un ejercicio meditativo e individual de origen medieval a transformarse en una práctica pública, dialogada y comunitaria conocida como el "rosario a coros", convirtiéndose en una de las principales expresiones de la piedad popular del Barroco.

Del Salterio personal al dinamismo comunitario de Trento

Según detalla el estudio, en sus orígenes monásticos el Rosario —asociado al primitivo Salterio de la Virgen— constituía una devoción predominantemente personal articulada alrededor de la contemplación individual de los misterios de Cristo. Sin embargo, tras el Concilio de Trento y en el marco de la Reforma Católica, la oración adquirió una fuerte dimensión litúrgica y misional, integrando activamente al laicado.

A raíz de acontecimientos como la victoria en la batalla de Lepanto, se creó un nuevo imaginario en torno a la devoción mariana. El Rosario comenzó a concebirse como una auténtica "milicia espiritual", sumamente eficaz por la fuerza de la oración común y utilizado como signo identitario del catolicismo frente a la herejía y las crisis de la época.

Roma como epicentro e institucionalización formal

La modalidad del rosario a coros se instituyó formalmente en la basílica de Santa María sopra Minerva de Roma. En 1601, el dominico español fray Alfonso Chacón publicó por primera vez este método dialogado —que alternaba las oraciones entre dos coros al modo del Oficio Divino—, contando con la aprobación expresa del maestro general de la Orden de Predicadores, fray Jerónimo Xavierre.

Posteriormente, en 1626, el maestro general Serafín Secchi emitió el decreto oficial que regulaba la práctica, y en el Capítulo General de Roma de 1629 se ordenó su rezo público a coros en todas las iglesias de la orden tres veces por semana.

Misiones populares y salida a las calles

La investigación destaca la figura de fray Timoteo Ricci (denominado por la historiografía como el «segundo Alano»), quien impulsó el salto de esta devoción más allá de los muros de las iglesias. En Nápoles, el rezo comenzó a realizarse públicamente en calles y plazas mediante comitivas organizadas que integraban a frailes y feligreses. Esto derivó en la creación de nuevas congregaciones y cofradías misionales caracterizadas por la fraternidad y la participación de fieles de toda condición social (nobles, plebeyos, hombres y mujeres).

Un hito reflejado en el artículo fue la magna procesión del Jubileo romano de 1625, donde cerca de 50.000 personas caminaron en quince escuadras representativas de los misterios del Rosario, dirigidas por frailes sacerdotes que entonaban las oraciones a coros y leían los puntos de meditación.

Expansión en España y América

El estudio muestra cómo el rosario a coros se difundió con rapidez por Italia, España y las colonias americanas.

  • Felipe IV y la Corona: En 1655, tras la influencia de figuras como fray Cristóbal de Torres (arzobispo de Santafé de Bogotá y apodado "el restaurador del Rosario"), la monarquía española promovió oficialmente la introducción de esta práctica en todas las parroquias y conventos.
  • Sevilla y los rosarios públicos: En ciudades como Sevilla, tras las misiones jesuíticas de Tirso González y las predicaciones de fray Pedro de Santa María Ulloa a finales del siglo XVII, el rosario a coros dio lugar al fenómeno de los "rosarios públicos", en los que las propias corporaciones laicas salían por las noches en procesión callejera rezando a coros.
  • Fundamentos teóricos: La investigación analiza el tratado publicado en 1652 por el dominico peruano fray Antonio de Luque, quien defendió la superioridad de la "oración común de la multitud" por su eficacia teológica, su valor en la defensa de la fe y su fuerza espiritual compartida.

Conclusión

El trabajo del profesor Romero Mensaque concluye que el rosario a coros supuso la única devoción común elaborada a nivel popular por la Reforma Católica, logrando unir la espiritualidad mariana, la articulación litúrgica y un eficaz dinamismo evangelizador que definió la vida comunitaria de la Edad Modernidad.

Referencia bibliográfica:

  • Romero Mensaque, C. J. (2026). El dinamismo comunitario de la oración mariana en la Historia: el rosario a coros en la modernidad (siglos XVI-XVIII). Estudios Marianos, 92, 1-35.

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