Según recoge Francisco Collantes de Terán y Caamaño en su Historia de Morón de la Frontera (escrita a fines del XIX y publicada en 1990), nos describe qué según Balbuena, la villa en 1670 contaba sobre tres mil vecinos, entre ellos quince de títulos de Castilla. Fue tal el refinamiento de los caballeros que ninguno tomaba esposa en el pueblo, sino que las habían de traer de fuera, y esto con tanto luego y ostentación que sus caudales no podían soportar los gastos que se le originaban, habiendo llegado a tal extremo esta manía, que ya en los últimos tiempos, no las iban a buscar, sino que las hacían traer a sus casas, en lo cual consistían el gran puesto de su caballería.

Estas calamidades, conllevó en ese mismo año, por falta de cosecha, las autoridades se vieron precisadas a poner una horca en la Plaza de la Carrera, para contener los desórdenes de la gente pobre que salían a robar el pan y los ganados de todas clases, pues llegó a valer la hogaza de pan cuatro reales siguiendo en aumento al precio del trigo. En el año 1679, se presentó una buena cosecha, pero una lluvia que cayó a mediados de junio, seguida de un sol abrasador hizo que se perdiera todo, quedando los trigos negros prolongándose la falta de pan al año siguiente, en el cual los pobres atropellaban las casas buscando de comer y para contenerlos, así como para remediar tan extrema necesidad, acordaron las autoridades nombrar diputaciones que pidiesen por todas partes dinero, trigo, frutos y efectos, y en un depósito que se estableció en la calle del Recaudador, se empezó a distribuir socorros el día 17 de mayo habiendo acudido en este día 1899 vecinos.

Ya en el año 1680, ante la necesidad y sin llover, comienzan las rogativas a la Iglesia, realizándose una novena a Nuestra Señora del Rosario, que se concluyó el 24 de marzo, y no cayó ni una gota de agua. Entonces el Señor Vicario “…Mañana es día de la Encarnación del Hijo de Dios prevénganse todos confesados y comulgando, ayunen a pan y agua, y a la tarde haremos una procesión, iremos por Nuestro Padre Jesús Nazareno y lo traeremos a la Parroquia, mediante estas diligencias usará Dios de su misericordia…”

Llegó la tarde deseada, el Sr. Vicario al clero, se encerraron en la Sacristía, se descalzaron todos de pies y manos, pusieron sogas al cuello y con sólo la sotana tomó cada uno su cruz sobre sus hombros y empezó a salir la procesión con gentío, todos vestidos de negro, los vecinos los vieron de esta manera que empezaron a dar gritos, retirándose para no ver a su sacerdote en aquella disposición. Siguió la procesión por la calle del Pósito para llegar a la Fuensanta, entonces cuatro sacerdotes que iban sin cruces tomaron a Jesús y lo sacaron de la ermita.

Caminó la procesión hasta la Plaza del Cabildo, en onde esperaba la Virgen del Rosario: “Señora, ahí tenéis a vuestro Santísimo Hijo, suplicadle que nos envíe el agua”, y al momento comenzó a nublarse el cielo y a caer algunas gotas; llegaron a la Parroquia y enseguida subió al pulpito un sacerdote religioso de San Francisco, que predicó un elocuente sermón, y cuando concluyó no se podía salir de la Iglesia, por lo mucho que llovía. Continuó después lloviendo por espacio de trece días, hubo absolución general y se cantó, el “Te Deum”.

Imagen de la bendición del actual titular en el año 1940, procedente de la colección local de la sección de fotografías de la B.P.M. Morón de la Frontera.

Manuel Jesús García Amador

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