La iglesia hispalense de San Gregorio Magno, de los PP. Mercedarios, acogió en la tarde del pasado 27 de septiembre la presentación del libro «La Merced en Sevilla y su provincia. Misceláneo de estudios en el VIII centenario de su fundación», editado por la Diputación de Sevilla.

La obra está coordinada por Jorge Alberto Jordán Fernández, al frente de un grupo de  historiadores sevillanos que ponen en común diversos trabajos de investigación de historia e historia del arte acerca de la presencia mercedaria y la merced descalza en la provincia de Sevilla, con la intención de llevar al gran público un mayor conocimiento sobre el devenir histórico y la labor que durante estos ocho siglos han realizado y realizan los mercedarios y las mercedarias.

El libro fue presentado por el padre mercedario Dr. Fr. José Anido Rodríguez, junto al que intervinieron la Dra. María Teresa Ruiz Barrera, en representación de los autores, y Rodrigo Trinidad Araujo, por parte del Servicio de Archivo y Publicaciones de la Diputación de Sevilla.

El primer trabajo de la sección de Historia nos aproxima a la azarosa fundación del colegio mercedario de San Laureano en la ciudad de Sevilla de la mano de Pablo Alberto Mestre Navas, quien trata de ahondar en los pormenores y dificultades que se sucedieron, entre finales del siglo XVI y principios del XVII, para fundar esta institución, para cuya erección se aprovechó parte de un edificio anterior edificado por  Hernando Colón, segundo hijo del descubridor de América.

En el artículo titulado La Casa de Castellar y la Orden de la Merced durante el siglo XVII, de Ángel Martín Roldán, se propone al lector una revisión sobre el mecenazgo artístico que la citada casa nobiliaria ejerció sobre la rama descalza la Merced. Los condes de Castellar que, a su vez fueron señores del Viso, tuvieron una estrecha relación con la orden redentora, dado que el oficio de alfaqueque mayor de Castilla, lo ostentaba un miembro de la familia de los Arias de Saavedra. Pero será durante el siglo XVII cuando la alianza entre los condes de Castellar y la Orden de Nuestra Señora de la Merced alcance su cima, pues Beatriz Ramírez de Mendoza, viuda del IV conde de Castellar, decide abanderar la reforma de la Merced impulsando la fundación de los tres primeros cenobios de la descalcez: la Almoraima, El Viso y Rivas.

El trabajo de Francis J. González Fernández analiza la presencia de la mujer en la orden de la Merced, la cual se hace patente casi desde los inicios históricos de la propia institución en el siglo XIII, siendo a partir del XVI cuando los beaterios que agrupaban a terciarias o beatas mercedarias se transformaron en conventos autónomos de clausura papal. Con la implantación del movimiento descalzo y el inicio firme de la reforma mercedaria, a partir de 1603, surgieron en el entorno de los nuevos cenobios grupos de mujeres que recibieron el hábito mercedario de beatas, convirtiéndose en las predecesoras de la orden femenina descalza. Fue fray Alonso de la Concepción quién apostó decididamente por la posibilidad de convertir a las beatas profesas en las futuras religiosas mercedarias, siguiendo la doctrina recomendada por Pío V, que entonces se abría paso en la iglesia española. De este modo, y de la mano de su inseparable compañero fray Juan de San Ramón, lograron que en el capítulo provincial de Écija de 1616, la orden aprobase convertir a las «beatas» en religiosas profesas de vida contemplativa.

En el trabajo de Manuel Antonio Ramos Suárez sobre el Origen y fundación del convento de Madres Mercedarias de san Andrés de Marchena se analiza cómo la fundación ducal de san Andrés tuvo su origen en una obra fundada por el presbítero Gonzalo Jiménez de Benjumea. Una sencilla capilla y sacristía se transformó en un edificio conventual para albergar a las primeras monjas de la comunidad hasta la actualidad. Además se transcribe el libro protocolo del convento que recoge los primeros momentos vitales del convento.

El artículo de Jorge Alberto Jordán Fernández cierra la sección de Historia, donde se aborda el siempre controvertido tema de las exclaustraciones de los religiosos que tuvieron lugar en la primera mitad del siglo XIX español, especialmente en el caso de los siete conventos de frailes que la descalcez mercedaria tuvo en nuestra provincia, analizando el impacto que las diferentes normativas de exclaustración aplicadas causaron tanto en los frailes como en los conventos.

La sección dedicada a la Historia del Arte se abre con un primero trabajo de la reconocida especialista en arte mercedario Mª Teresa Ruiz Barrera, quien expone, en apretada síntesis, la evolución histórica habida en el patrimonio artístico del convento sevillano de la Asunción, de monjas mercedarias, a lo largo de su historia y hasta nuestros días, añadiendo incluso las últimas aportaciones producidas en este campo. Dicho patrimonio, a pesar de las vicisitudes históricas que lo mermaron en el siglo XIX, conserva una numerosa e interesante nómina de obras artísticas a las que se añadieron algunas procedentes de la casa grande de Sevilla tras la forzada exclaustración en 1835. Desde finales del siglo XIX las religiosas se hallan en parte del antiguo convento y templo de la orden militar de Santiago, joya hasta cierto punto desconocida del gótico mudéjar hispalense.

Cierra esta sección y el volumen, el estudio que Ana María Cabello Ruda dedica análisis del patrimonio artístico que albergó en su día el desaparecido templo conventual de los frailes mercedarios descalzos de Osuna, advocado de San Pedro Nolasco, el cual permaneció abierto al culto hasta que en los años sesenta del paso siglo se produjo el derrumbe accidental de su cúpula central, lo que provocaría importantes daños en el patrimonio de este templo.

El libro, cuya portada la protagoniza un cuadro que presidía el retablo principal del coro bajo de extinto monasterio de la Encarnación de mercedarias descalzas de Fuentes de Andalucía, está a la venta en distintas plataformas digitales y librerías on-line.

El acto contó con la presencia de José Antonio Fílter Rodríguez, presidente de la Asociación Sevillana de Cronistas e Investigadores Locales, entidad a la que pertenecen varios de los autores del libro.

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