José Pueyo Solís nació en Cantillana el 29 de julio de 1901. Hijo de José Pueyo Figueroa y Carmen Solís Márquez. Tenía cinco hermanos: Manuel, Elvira, Pastora, Asunción y Carmen, y vivían en la calle Esperanza, número 3 (actualmente el núm. 8 de la Avda. Andalucía). Le tocó hacer el servicio militar obligatorio en África, cuando los habitantes del Rif, liderados por Abd al-Krim, luchaban por su independencia de España. Era obrero del campo, como su padre y sus abuelo.
Junto a su casa, estaba el Centro Obrero, que todos los mayores recuerdan, revitalizado en 1930, a la vez que la Agrupación Socialista y la Asociación de Obreros Agricultores (FNTT-UGT). Llegó a tener 700 afiliados. José Pueyo, con 29 años, era un líder socialista indiscutible antes y durante la Segunda República. Había recibido la herencia de su padre José y su tío Antonio, que en 1919 formaron parte de la Junta Mixta de Patrono y Obreros, constituida en junio de ese año, debido a un telegrama, de fecha 13 de mayo de 1919, del Gobernador al Alcalde, para que creara la Junta de acuerdo al R.D. de 30 de abril. Ambos pertenecían entonces a la Asociación La Regeneración, creada en 1918, de tendencia socialista.[1] En esta herencia se incluye el gusto por la lectura. Fue un autodidacta que había crecido en un ambiente socialista.
Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 Cantillana dio la mayoría a las candidaturas monár-quicas, que obtuvieron 8 concejales, todos ellos miembros de la élite social y económica de la localidad por ser propietarios de tierras; de los candidatos socialistas y republicanos solo fueron elegidos 5. Estos con-cejales no tomaron posesión de sus cargos, pues las elecciones fueron anuladas por el Gobierno de la República por las protestas o alegaciones contra dichas elecciones en 69 municipios de la provincia de Sevilla. Se repitieron el 31 de mayo del mismo año. Entre ambas fechas, la Comisión Gestora de Cantillana la formaron los socialistas y republicanos, siendo presidida por José Pueyo Solís, el candidato socialista más votado en abril (299 votos). Con su nombramiento, Juan Arias Rivas dejaba de ser alcalde: lo era desde 1930 y había sido el primer candidato monárquico del 12 de abril. Comenzaba un tiempo de cambio, que propició la sustitución de la élite gobernante durante decenios por los alejados del todo poder local hasta ese momento.
El 1º de Mayo fue la gran fiesta obrera, que unió la alegría por el nuevo sistema político y las reivindicaciones obreras. Fue también el Día del Abrazo Fraternal entre cantillaneros y villaverderos. Según El Liberal de Sevilla de6/05/1931, en su página 3, “más de cuatro mil personas, presididas por la bandera de la Agrupación Socialista, recorriendo las calles más céntricas. Al llegar a la Plaza, la manifestación hizo alto, dirigiéndole la palabra el presidente de la Agrupación, José Pueyo, y el compañero Manuel Barrera”. De acuerdo con la Agrupación Socialista de Villaverde, dirigida por Baldolmero González Parrilla,[2] la manifestación continuó hacia “las afueras de la localidad, a un kilómetro del pueblo,” a Los Pajares, donde se juntaron “con la manifestación obrera del citado pueblo; desbordándose el entusiasmo”. Después de los abrazos de fraternidad algunos dirigentes políticos y sindicales de ambos pueblos se dirigieron a los participantes y “fueron cantadas la Marsellesa y el himno de Riego”.
El 13 de mayo representantes de los patronos y de los obreros del campo de Cantillana firmaron las primeras bases de trabajo o convenio colectivo, como se llama ahora. Esta buena noticia fue recogida por El Noticiero Sevillano el día 20. En ellas fijaron los jornales según las actividades agrícolas (remolacha, siega, trilla, arado y otros trabajos), que oscilaban entre las 9 pesetas para actividades los regadores o alimentadores de las máquinas de trillar y las 5,25 pesetas para los aradores. El jornal para los trabajos no tarifados lo estipularon en 6 pesetas. Además de otros aspectos no menos importantes, recogía el pago de 3,50 pesetas en caso de crisis forzosa, por lluvia o calamidad pública, a cada uno de los obreros repartidos entre los patronos. Un hito en la historia sindical de Cantillana.
El día 31 de mayo, en las elecciones municipales, fueron elegidos 9 concejales del PSOE y 4 del PRR (Partido Republicano Radical). José Pueyo Solís se convirtió en Alcalde el día 8 de junio de 1931. Esta vez había obtenido 622 votos. Los otros concejales fueron: Manuel Quevedo Cisneros, Jesús Espinosa Fernández, Santiago Marroco Carrero, Manuel Lozano Hernández, Basilio Camacho Vázquez, Manuel Barrera Macías, Manuel Macías Cruz, Manuel Solís Borrego, Manuel González Fernández, Simplicio Lafuente Tirado, Manuel Palomo Daza y Benjamín Rodríguez Núñez. Los nueve primeros eran socialistas y los cuatro últimos, republicanos (IR-PRR). Todos los concejales socialistas eran obreros agrícolas, excepto uno que era droguero y fabricante de gaseosas; los cuatro republicanos eran pequeños propietarios o artesanos. Ninguno cobró nada del Ayuntamiento, salvo el cobro de viajes y dietas por parte del Alcalde, “porque es un obrero que no tiene otros medios de vida que el jornal, producto de su trabajo”, tal como recoge el acta del pleno municipal.
La libertad tras la proclamación de la II República, daba sus frutos. Se enterraba la época del clientelismo y de sumisión caciquil, tal como había ocurrido en toda la España rural desde la implantación en 1876 del sistema canovista.
Desde su elección hasta septiembre de 1934, el trabajo municipal fue intenso y sus logros cuantificables. Las reuniones eran semanales, los sábados a las diez de la noche. Su actividad fue la propia de un Ayuntamiento democrático que practicó una política reformista, de carácter moderado, muy apegada a los problemas de los vecinos y los obreros del campo, sin rencor, ni revanchismo. De hecho Juan Arias Rivas y otros patronos agrícolas participaron en las comisiones de Colocación Obrera, de Laboreo forzoso, de la Décima Contributiva y el Jurado Mixto local, por ejemplo. Muy pronto tuvieron que nombrar a Blas Infante Pérez, como abogado del Ayuntamiento, con el que mantuvieron una estrecha relación: envío de documentos, reuniones, etc. para resolver contenciosos, representar al ayuntamiento y asesoramiento jurídico.
Entre los principales asuntos tratados en las reuniones del Ayuntamiento, que fueron objeto de debates y acuerdos, destacan: la aprobación de los presupuestos, que entre 1930 (110792,52 ptas.) y 1936 (173737,14) crecieron en un 56,81%; la beneficencia, con un gasto cada vez mayor, pues llegaron a estar inscritos casi 400 vecinos; la “crisis obrera”, a la que más tiempo tuvieron que dedicar por la necesidad imperiosa de buscar soluciones (cobro de un arbitrio del 1,2% sobre productos recolectados de la tierra; el recargo de una décima a la contribuciones territoriales e industriales (la décima contributiva), que permitían los decretos de julio de 1931, para dar trabajo a los que lo necesitasen; la petición de un préstamo al INP y Cajas colaboradores de 240.000 ptas., que pudieron aprobar el diciembre de 1933; la petición, propuesta por la UGT provincial, que elevaron al Gobierno para poder realizar la distribución de obreros en proporción a las tierras que posean cada propietario agrícola, y la concesión de solares en Los Pajares y en La Fuente para obreros sin casa. Precisamente, por la situación de los obreros del campo, el 16 enero de 1932 se produce la dimisión de Manuel Barrera[3], Basilio Camacho, Manuel Solís, Manuel Macías y Jesús Espinosa, al considerar que hacían falta respuestas rápidas y eficaces. Fueron sustituidos, tras elecciones parciales, por tos socialistas Manuel Lozano Quevedo, José Ramos Rodríguez, Antonio Castaño Castaño, Antonio Tirado Santana y Manuel Corro Sánchez, obteniendo mas de mil votos.
Junto a la crisis obrera, la enseñanza fue otra cuestión muy importante, llegando a solicitar al Ministerio de Instrucción Pública la construcción de un Grupo Escolar de Escuelas graduadas, que reuniese a todos los alumnos y alumnas en doce unidades, con cuatro duchas, local de reconocimientos médicos, comedores y casa para el conserje. El proyecto fue aprobado por los Ministerios de Instrucción Pública y el de Hacienda con la concesión para su realización 192.000 ptas. Las 87.000 ptas restantes, necesarias para su construcción, las consiguieron gracias al préstamo de 240.000 pesetas. La distribución de este préstamo (149.000 pesetas para pavimentación de diversas calles por obreros en paro y 87.000 para la construcción del Grupo Escolar) fue sometida a referéndum el 6 de mayo de 1934, según bando municipal publicado en el BOP (Boletín Oficial de la Provincia) del día 13 de abril de dicho año. Este proyecto quedó paralizado en 1934 y no pudo concluirse en 1936. Se hizo realidad en Cantillana en 1963, casi treinta años después de cuando estaba previsto por José Pueyo y los concejales socialistas y republicanos.
El día 24 de septiembre de 1934, José Pueyo fue sustituido en la alcaldía por Manuel Sánchez Ortiz, alias Copete, que era corredor, y no había salido elegido en mayo de 1931. Pertenecía al PRR, ya bastante derechizado. Esta sustitución, impuesta por el Gobernador provincial, siguiendo las instrucciones del ministro Salazar Alonso (PRR), amigo de terratenientes, afectó a todos los pueblos con ayuntamientos de izquierdas, llevándose a cabo el mayor atentado posible contra la democracia que había traído la República: la destitución de los Ayuntamientos elegidos en 1931 y su sustitución por Corporaciones municipales del PRR, de la CEDA o del PAE. Todas las medidas y procesos democráticos emprendidos quedaron paralizados. Esta operación de sustitución de los ayuntamiento comenzó en diciembre de 1933, tomó un fuerte impulso con Rafael Salazar Alonso como Ministro de la Gobernación desde marzo de 1934; se incrementó a partir de julio, a raíz de la huelga de junio, convocada por la UGT en el campo, y culminó con las destituciones realizadas tras el fracaso de la Huelga General Revolucionaria de octubre, que solo se llevó a cabo en Asturias. Estas actuaciones gubernamentales forman parte de las múltiples medidas llevadas a cabo entre 1933 y 1936 por los gobiernos del PRR, con apoyo de la CEDA, siendo llamado el “bienio negro” de la República.
En 1936 el Frente Popular no triunfó en Cantillana, pero el 20 de febrero de 1936 se produce la vuelta de José Pueyo Solís y todos concejales socialistas elegidos en 1931 y un concejal republicano, que solo asistirá a las primeras reuniones. Los otros tres concejales republicanos no se incorporaron a las tareas municipales. Entre dicha fecha y el 18 de julio, la actividad fue frenética: como si quisiesen recuperar un tiempo ya irrecuperable. El equipo municipal de José Pueyo reanudó su actividad con las mismas constantes anteriores y un fuerte deseo de dar respuesta al paro, la crisis obrera, haciéndose, a su vez, presentes los problemas por los que atravesaba la República en aquellos momentos, manifestándose un nuevo lenguaje, propio de las circunstancias que se vivían en toda España. Para colmo, las Hermandades de la Asunción y de la Pastora escondieron fuera de la iglesia las imágenes de ambas vírgenes: se manifestaron en contra y decidieron crear una comisión para hablar con el Gobernador, pues creaban una “alarma social innecesaria e injustificada”. El 11 de julio tuvo lugar el último pleno del Ayuntamiento democrático de Cantillana, en el que tomaron importantes acuerdos que se quedaron sin realizar. Les tocaba hacerla el sábado 18 de julio, pero la sublevación militar ya estaba en marcha… Ya no había tiempo para nada, solo era tiempo de actuar frente a lo que se les venía encima. Así, a pesar de los tímidos planes de defensa, puestos en marcha por el Comité Antifascista de Defensa de la República, el 30 de julio de 1936 la columna de la muerte de José Gutiérrez Pérez ocupa militarmente Cantillana, tras tres cañonazos desde El Cortijillo, a dos km del pueblo, y con una violencia extrema desde que entran en el pueblo, provocando la muerte de cinco vecinos en distintas calles, tres de ellos en la calle Esperanza (actual Avda. Andalucía), y un grupo, elegido al azar en el cuartel , fueron asesinados (ejecutados extrajudicialmente) por aplicación del Bando de Guerra en el Barranco.[4] Además, 200 cantillaneros eran convertidos en prisioneros, entre los que estaban José Pueyo Solís y su hermano Manuel.
A continuación, las “autoridades” ocupantes, “delasfuerzasquevienenaEspaña,evitandolaanarquíaqueveníaexistiendo”, como se dice en el borrador de acta del 30 de julio, lo primero que hicieron, “por llamamiento patriótico del Jefe de las fuerzas…” fue nombrar a Juan Arias Rivas como nuevo Alcalde y como gestores a otros diez miembros de la tradicional élite cantillanera, que vuelve al poder municipal tras el paréntesis de la Segunda República, rompiendo todas las esperanzas puestas en ella por el pueblo español.
José Pueyo estuvo preso en la Administración de Consumo, uno de los locales habilitados, en la actual calle Egido para albergar a los presos del día 30 de julio, cuando la cárcel local y los locales de la CNT estaban ya llenos. Allí estuvo hasta la madrugada del día 5 de agosto. En la mañana de aquel día, su sobrina, Francisca Regalo Solís, la Frasca, fue a llevarle el desayuno, como en días anteriores. Al llegar a la cárcel fue informada que allí ya no estaba, que se lo habían llevado por la noche. Ya no se supo más de él: no existe acta de defunción en el Registro Civil de Cantillana, ni en ningún otro registro en el cementerio. Su nombre solo aparece en el Apéndice del Padrón de Habitantes de 1936, en la lista de difuntos de su Sección 1ª (Bajas) del AMC (Archivo Municipal), señalado con una cruz en el margen izquierdo, lo que atestigua que fue asesinado. Lo hicieron en las tapias del cementerio de Sevilla y enterrado, con toda probabilidad, en la fosa común Pico Reja, que llenaron de cadáveres de víctimas de la brutal y cruel represión desatada por Queipo de Llano y sus secuaces, a partir del 18 de julio de 1936, de Sevilla y pueblos de la provincia.
Su hermano Manuel fue asesinado también el 5 de agosto de 1936. José intercedió por su hermano, pero sus verdugos no solo no tuvieron en cuenta sus suplicas, sino que lo asesinaron antes que a él, ante sus propios ojos, rematándolo con tiro de gracia para causar el máximo dolor posible al que había sido hasta entonces el Alcalde de todos los cantillaneros, según comentarios oídos con posterioridad a los hechos. Sus restos han reposado en la fosa Pico Reja del cementerio sevillano, junto a los de su hermano, hasta 2022, año en el terminó la exhumación de dicha fosa. Solo queda esperar a su identificación, si esta se llegase a producir. Además de ellos, otros 65 (hombres y mujeres) fueron asesinados por el mismo procedimiento (Bando de Guerra), estando sus restos mortales en fosas de Sevilla, Alcalá del Río, Brenes, Tocina y otros lugares. La represión en Cantillana acabó en total con la vida de 84 personas.
José Pueyo sigue siendo recordado en Cantillana como un buen alcalde, que se preocupó por todos. Cuentan que era una gran persona, abnegada y entregada a su tarea pública, cercano a los trabajadores y vecinos, sin importarle posibles recompensas. En los días previos a la ocupación militar de Cantillana, me aseguran los que vivieron aquellos días, que “trató bien a los guardias civiles, los cuales decidieron quedarse en el cuartel sin salir, pero después se comportaron mal con él”. No había posibles acusaciones, ningún derechista, ningún patrono habían sufrido malos tratos. Solo un forastero falangista, llegado a Cantillana antes del 18 de julio, había sido detenido y puesto en libertad por el Ayuntamiento el 30 de julio. No obstante, para los nuevos (viejos) jefes locales, usurpadores del poder municipal, José Pueyo había ido a Villanueva del Río por dinamita que serviría para volar el puente del Viar. Una acusación que nunca fue probada. Lo mataron por ser socialista, de izquierdas, como a tanto otros, y haber luchado a favor de la clase obrera como sindicalista y como Alcalde toda su vida. Aunque su asesinato se produjo hace 90 años, su ejemplo y su recuerdo debe permanecer para siempre y ser conocido por las nuevas generaciones.
14 de enero de 2026
Ramón Barragán Reina
FUENTES PRINCIPALES
-BARRAGÁN REINA, Ramón. CANTILLANA II REPÚBLICA. LA ESPERANZA ROTA. La brutal represión franquista en un pueblo sevillano, Ed. Muñoz Moya, Brenes, 2006, pp. 38, 55, 57-59, 62-64, 67, 71-75, 81, 84, 86, 92, 96, 103, 105, 116, 124-127, 136, 143, 146, 150, 165, 269, 272.
-AMC (Archivo Municipal de Cantillana) y ADPS (Archivo de la Diputación Provincias de Sevilla)
ANEXO:
Se considera, según las investigaciones realizadas, que en la fosa de Pico Reja se encuentra los restos mortales de 54 personas de la comarca de la Vega Media del Guadalquivir: 3 de Alcaĺá del Río: Vicente Bastante Olaya, Rafael González Arévalo y Manuel Zambrano González; 15 de La Algaba: Agustín Aguilera Ortega, Emilio y Federico de la Bandera Serero, José Bermudo Bermudo, Antonio Cabrera Agüera, Manuel Castaño Sanabria, José Clavijo Cabrera, José Antonio Cruz Tristán, Miguel Molina Romero, José Penedo Banda, José Antonio Prieto Rodríguez, Diego Romero Banda, Eduardo Seco Jiménez, Antonio Suero Serrano y Ramón Tabares Vega; 4 de Brenes: Dolores Molina Morón, Dolores Ocaña De La Cuadra, José Rodríguez Morón y Encarnación Rodríguez Roldan, secretaria del Sindicato de Aceituneras; 22 de Cantillana: Dolores “La Boleca”, Silveria Blanco González y su hijo Antonio López Blanco, Salvador Carrión Huerto, Francisco Cazorla García, Asunción Díaz Núñez, José Domínguez Rodríguez, Gonzalo Hurtado Manito y sus hijos Mariano y Salvador Hurtado Cabrera, Manuel Lozano Hernández (concejal), José Martínez García, José Montero Moriano, Joaquín Naranjo Rodríguez, Manuel de Jesús Núñez Palomar, Diego Orellana Terrón,José Pueyo Solís (Alcalde) y su hermano Manuel, Antonio Rodríguez Machuca, Dolores Sánchez Sánchez, Manuel Sarmiento Infantes y Manuel Solís Villalón; 9 de la Rinconada: Manuel Ferrero Plata, Antonio González Ruiz, Manuel Guerra Mellado, Antonio Martín Durán, Francisco José Mercado García, Enrique Molina Montoro, Manuel Pachón Fuentes, José Quintana Leal y Cristobal Rodríguez Castaño; y 1 de Tocina: Baldomero García Puyol, maestro.
Las demás victimas mortales de esta comarca, hasta un total de 504, se encuentran en otras fosas o en lugares conocidos o aún desconocidos.
-MÁRQUEZ GARCÍA, José María, LAS VÍCTIMAS DE LA REPRESIÓN MILITAR EN LA PROVINCIA DE SeVILLA (1936-1963), Aconcagua, Sevilla, 2012.
-BARRAGÁN REINA, Ramón, CANTILLANA II REPÚBLICA. LA ESPERANZA ROTA. Muñoz Moya Editores, 2006; y DE LA CLANDESTINIDAD A LA LIBERTAD CONQUISTADA. Antifranquismo y lucha obrera en la Vega Media del Guadalquivir, Ed. Círculo Rojo, El Egido-Almeria, 2014.
[1]. Fue durante las movilizaciones y huelgas entre 1918-1920, en el llamado trienio bolchevique, cuando aparece el sindicalismo socialista de la UGT en el campo andaluz, puesto que hasta entonces la tendencia existente era solo la anarquista (DÍAZ DEL MORAL, Juan. Historia de las agitaciones campesinas andaluzas, Capítulo 10: “El trienio bolchevique (1918-1920)”.
[2]. Baldomero González Parrilla fue Alcalde de Villaverde del Río durante la República. Asesinado, junto a su hermano Manuel y otros villaverderos, en agosto de 1936 en Alcalá del Río, al igual que otros siete vecinos de Cantillana, dos de Alcalá del Río, dos de La Rinconada y una mujer de Castilblanco de los Arroyos. Esta fosa ha sido exhumada parcialmente en 2019, pudiéndose recuperar los esqueletos de 14 víctimas de la represión franquista, estando pendiente su identificación en base al ADN de sus familiares y la continuación de la exhumación. Faltan por localizar a otras 14 víctimas que no han aparecido en las exhumaciones reralizadas.
[3]. Manuel Barrera Macías,se convirtió en el líder de la CNT de Cantillana, en la que también participaron algunos de los otros dimisionarios. Era amigo de Pedro Vallina Martínez (Guadalcanal, 1879-Veracruz (México), 1970). Su madre era cantillanera. En 1923 había creado el Sanatorio Vida cerca de Cantillana para atender a los enfermos de tuberculosis de la provincia. Vivía allí en 1932. También vivía en el Sanatorio, reponiéndose de su enfermedad, Antonio Rosado López (1889-1978) que fue un destacado militante sindicalista, nacido en Morón de la Frontera, y era Secretario de la Federación del Campo de la CNT.
[4]. Aunque los cantillaneros hablan de 10 hombres que fueron llevados al Barranco, solo he podido identificar a 8 que fueron asesinados, uno de ellos uno que pudo escapar, aunque días después corrió la misma suerte junto a las tapias del cementerio de La Rinconada. Llamamos Bando de Guerra al bando dictado por Queipo de Llano al inicio de la represión militar en la provincia y en Andalucía.
Manuel Barrera Macías nació en Cantillana en 1892, hijo de Manuel Barrera Vela y Juana Macías Palma, estaba casado con Antonia Díaz Lozano. Tenían su domicilio en la calle San Bartolomé, núm. 80 y tuvieron cuatro hijos. Trabajaba en el campo como jornalero y líder anarcosindicalista de Cantillana.
La proclamación de la Segunda República tuvo una acogida popular formidable, con gran entusiasmo para la mayoría del pueblo, a pesar que en la elecciones del 12 de abril de 1931 Cantillana dio la mayoría a las candidaturas monárquicas, que obtuvieron ocho concejales, todos ellos miembros de la élite social y económica de la localidad por ser propietarios de tierras; de los candidatos socialistas y republicanos solo fueron elegidos cinco, entre ellos Manuel Barrera. Estos concejales no tomaron posesión de sus cargos, pues las elecciones se repitieron el 31 de mayo del mismo año, tal como ocurrió en 69 municipios de la provincia de Sevilla, que habían planteado protestas o alegaciones contra las elecciones del 12 de abril. Se formó una Comisión Gestora formada por los socialistas y republicanos, siendo presidida por José Pueyo Solís, el candidato socialista más votado en abril (299 votos). Juan Arias Rivas, representante de la élite cantillanera, dejaba de ser alcalde. Comenzaba un tiempo de cambio de libertad y esperanzas.
Cuando llegó el 1º de Mayo, Manuel Barrera participó activamente en la gran fiesta que se celebró, en la que se unieron la celebración del nuevo sistema político con las reivindicaciones obreras. Fue también el Día del Abrazo Fraternal entre cantillaneros y villaverderos. La noticia, aparecida en página 3 de El Liberal de Sevilla el 6 de mayo de 1931, recoge que “la Agrupación Socialista y el sindicato UGT[1] (la Sociedad de Obreros Agricultores), tuvieron la iniciativa de organizar una manifestación pública que pusiera de manifiesto la sensatez y cordura de un pueblo culto. A la hora señalada partió la imponente manifestación, compuesta de más de cuatro mil personas, presididas por la bandera de la Agrupación Socialista. Al llegar a la Plaza, donde dirigieron la palabra el presidente de la Agrupación, José Pueyo, y el compañero Manuel Barrera”. Posteriormente, la manifestación se dirigió hasta Los Pajares, a unos dos kilómetros de Cantillana, donde también llegó la manifestación de los socialistas villaverderos. Después de los abrazos de fraternidad, fueron cantadas la Marsellesa e himno de Riego, improvisándose una tribuna desde la que hablaron José Pueyo Solís y Baldomero Parrilla González, Alcaldes de Cantillana y de Villaverde del Río, junto a otros cantillaneros, entre los que estaba Manuel Barrera, y otros compañeros villaverderos. Termina la noticia con estas palabras: “Este acto fue la nota más brillante de la fiesta. Todos los oradores hicieron resaltar el espíritu propio del obrero manumitido.”
En las segundas elecciones municipales del 31 de mayo, salió elegido de nuevo Manuel Barrera, junto con otros ocho socialistas y cuatro republicanos del PRR. José Pueyo Solís fue elegido alcalde[2]. Definitivamente se produce la sustitución de la élite gobernante durante decenios por los alejados del todo poder local hasta ese momento.
En el nuevo Ayuntamiento, una vez constituido el 6 de junio, Manuel Barrera asistió a todas sus reuniones las eran semanales, los sábados a las diez de la noche, hora habitual de las reuniones. La actividad municipal no puede calificarse de revolucionaria, fue un Ayuntamiento democrático, que practicó una política reformista, de carácter moderado, aunque muy apegada a los problemas de los vecinos, a los que intentaba beneficiar por todos los medios legales o con visos de legalidad, y que sin rencor, ni revanchismo, contó con todos a la hora de gobernar y formar las comisiones municipales, en la que participaron también la patronal agraria.
En las reuniones semanales del Ayuntamiento, el tema de la crisis obrera, por el paro estacional sufrido por los trabajadores del campo, a pesar de ser tratado con mucha frecuencia con las soluciones que eran posibles en cada momento, provocó una crisis en la vida política municipal, debido, posiblemente, a la radicalización de las posturas ante esta situación por la falta de respuestas rápidas y eficaces y por los obstáculos encontrados. El 16 de enero de 1932 dimiten, por éstas y otras causas no expuestas en el acta de ese día, Manuel Barrera, Basilio Camacho, Manuel Solís, Manuel Macías y Jesús Espinosa. Las dimisiones fueron aceptadas en el Pleno del día 23 del mismo mes y, en virtud de la consulta efectuada al Gobernador Civil de la provincia, se realizaron elecciones parciales en día 28 de febrero del mismo año. Fueron elegidos cinco nuevos concejales socialistas.
Los dimisionarios, excepto dos, desvinculados del PSOE, decidieron la reorganización de la CNT en Cantillana. Esta organización sindical, tuvo una fuerte implantación en Cataluña, Levante y Andalucía, y muy especialmente en Sevilla. En Cantillana el anarcosindicalismo estuvo presente desde 1914, al haber constancia de la existencia de una asociación de Agricultores y Oficios Varios “Armonía,” cuyo objeto era “la defensa de intereses de la clase obrera”. Era un Sindicato Único local, tal como correspondía a localidades pequeñas dentro de la organización cenetista. De esta forma a partir de 1916, en Cantillana existirán ya los dos sindicatos, CNT y UGT, pues ese año se organiza en Cantillana la asociación El Progreso, con la finalidad de “mejora de la clase”, de orientación socialista, la cual en 1918 se transforma en el Centro Obrero de Agricultores y Oficios Varios “La Regeneración”, adscrita ya a la UGT. Fue en 1916 cuando la UGT y la CNT convocaron la primera huelga general con la participación delos obreros del campo de esta comarca. En 1919, el anarcosindicalismo estaba implantado en todas las localidades de la Vega Media, por lo que estuvieron presentes en el Congreso de la Comedia de la CNT. Jacques Maurice (1990), con motivo del II Congreso de la CNT en Madrid, proporciona los datos de afiliación a las organizaciones cenetistas en la comarca: Alcalá del Río contaba con 130 afiliados; La Algaba, 140; Brenes, 550; Burguillos, 150; Cantillana, 400; La Rinconada, 140; Tocina, 300, y Villaverde del Río, 400. Posteriormente, la Dictadura de Primo de Rivera llevó a cabo una brutal represión contra la CNT, que lleva a la clandestinidad y desorganización de muchas de sus organizaciones locales, como como fue el caso de Cantillana.
Manuel Barrera, a partir de 1a reorganización de la CNT local en 1932, se convierte en su líder, admirado y querido por el pueblo. Era amigo de Pedro Vallina, médico,[3] y de Antonio Rosado[4], y como ellos, vivió y practicó un anarcosindicalismo de tipo humanista, alejado de toda violencia innecesaria. La CNT tuvo su sede en la Plaza del Reloj (la que después de llamó “de los Caídos”), casi enfrente del Ayuntamiento viejo. Atrajo a muchos que antes frecuentaban el Centro
Obrero socialista o habían pertenecido a las organizaciones cenetistas del pueblo, recuperándose la tradición anarcosindicalista del municipio, llegando a tener 413 afiliados.
Manuel Barrera era un gran orador, según todos los que lo recuerdan. Se reunía frecuentemente con Pedro Vallina y con Antonio Rosado en el Sanatorio Vida, según testimonio de familiares de Rosado, que por aquellas fechas vivían en Cantillana. Otros cenetistas destacados fueron: Francisco Palomar (Paco el Tate), Jesús Espinosa Fernández (Aceituno), Lorenzo Lozano Espinosa (el Pelón), José Plata Pérez (Comino), que en 1936 era el secretario de la organización, y Joaquín Naranjo, que lideraba las Juventudes Libertarias y era panadero. La sede de las Juventudes Libertarias debió estar en el mismo local de la CNT.
Cuando se produjo el intento fallido de golpe de Estado del 18 de julio de 1936, que inicia la guerra civil, y Queipo de Llano se hizo con el control de la capital sevillana, el pueblo de Cantillana, al igual que ocurrió en los demás pueblos, siguió mayoritariamente al Comité Antifascista de Defensa de la República que se constituyó el mismo 18 de julio, cuando llegó la noticia que lo cambiaba todo a partir de aquel momento. Los miembros del Comité fueron: José Pueyo, Manuel Barrera, Jesús Espinosa, Manuel Corro, Lorenzo Lozano, José Marroco, José Plata, Santiago Marroco y Benito Camacho. Hombres comprometidos con el pueblo, que procedían de todas las organizaciones obreras de Cantillana: fue un Comité unitario, que aglutinaba los sentimientos e ideas de todos los demócratas.
Además de la constitución de patrullas para vigilancia y para requisar las armas que pudieran estar en poder de vecinos, especialmente los más ricos, la Ermita de San Bartolomé se convirtió en el economato municipal, pues –ante el temor del momento– las tiendas habían cerrado, por lo que decidieron garantizar el abastecimiento de la población. Antes, el 20 de julio, un grupo numeroso de vecinos sacaron las imágenes de la ermita, consiguiendo Manuel Barrera, dado su prestigio popular, y otros vecinos, entre ellos Antonio Ferrera Ríos y Francisco Merino Campos, que las de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Ntra. Sra. del Consuelo fuesen respetadas y llevadas a las casas de los mayordomos de sus respectivas Hermandades. Otras imágenes, las llevaron a la Alameda, y allí desaparecieron destrozadas o quemadas. Sin embargo ningún derechista, ni miembro de la élite cantillanera sufrió malos tratos, ni fue detenido.
Años más tarde, en 1940, las autoridades municipales franquistas describen el hecho, dándole fecha de 20 de julio de 1940, de la siguiente forma, que copio literalmente sin enmendar las faltas de ortografía: “Por las ordas marxistas fue destruida todas las Imágenes; retablos, objetos de culto, hornamentos y demás enseres de la Ermita de San Bartolomé, que fueron incendiado en el campo a la Espalda de dicha Ermita, sin que sufriese desperfecto el edificio, el cual fue convertido en Economato de las fuerzas revolucionarias para surtir de biberes a la localidad”. Así consta en la llamada Causa General, mandada a hacer por Franco. No se enumeran personas sospechosas, pues se dice expresamente, en el documento citado, que “se ignora”, y no se menciona nada sobre imágenes que fueron respetadas, ni nada sobre los tres cantillaneros que lo consiguieron, aunque, eso sí, habían sido victimas de la represión militar-fascista en 1936.
El 30 de julio de 1936 Cantillana fue violentamente ocupada por la columna militar de José Gutiérrez Pérez: la muerte y el terror se hacían presentes en un pueblo donde las autoridades y los vecinos habían respetado la vida de todos, pues ningún derechista, ningún terrateniente habían sufrido malos tratos. En la entrada al pueblo por la Carretera de Lora (calle Esperanza entonces, actual Avda. Andalucía), los soldados matan a dos vecinos, de 12 y 20 años, y dos fueron heridos, de los cuales uno muere en la ambulancia que los llevaba a Sevilla. En calles interiores matan a tiros otros dos, uno de ellos el médico Diego Sarmiento. Mientras ésto ocurría unos 200 detenidos llegaban al cuartel de la Guardia Civil, ubicado junto a la Ermita de la Misericordia, donde eligieron a 10 hombres, siendo asesinados (ejecutados extrajudicialmente) en el Barranco nueve de ellos, pues uno logró escapar, aunque posteriormente sería asesinado en La Rinconada. Todos los demás detenidos fueron encerrados en locales convertidos en cárceles, uno de ellos la sede de la CNT junto a la Torre del Reloj y otro en la Administración de Consumo. El pánico se apoderó de todos los vecinos. Muchos de ellos ya habían huido y otros lo hicieron entonces, uno de los huidos fue Manuel Barrera. Se escondió cerca de Cantillana, en Fuente Luenga. Su hermano Joaquín, conocía el lugar e iba cada dos o tres día a llevarle comida y ropa y le informaba. No obstante, quedarse escondido, sin huir a lugares más lejanos, era una temeridad, porque sabía que lo buscaban. Todos los días grupos armados de Falange, acompañados de cazadores y su perros, recorrían Viar en busca de fugitivos. Y en más de una ocasión lo hicieron junto a falangistas de otros pueblos de la sierra para que la batida tuviese mayor amplitud y profundidad. Oír tiros a lo largo de la ribera del Viar era corriente en aquellos días, según testigos presenciales. Por esas y otras razones, muchos vecinos de Cantillana, más de noventa, se marcharon a los pueblos de la Sierra Norte u otras localidades andaluzas para comenzar desde allí una aventura que les llevó a Madrid y otras localidades de la zona republicana y a la incorporación, en su mayoría, a las Milicias Antifascistas de las organizaciones obreras y al Ejército Popular de la República posteriormente. Manuel, no lo hizo, volvió a Cantillana, después de algunos días de temor y dudas, creyendo que no le iba a ocurrir nada, tal como todos en su familia creían, incluso su hermano, pues los falangistas les habían hecho llegar ese mensaje, pero no fue así: fue encarcelado y, posteriormente, asesinado sin ninguna piedad, aunque todos reconocían su valía y admiraban su personalidad, su forma de ser. Este engaño fue muy doloroso para toda la familia, que nunca comprendieron la villanía y la traición de los que les dijeron que respetarían su vida.
Fue en la madrugada, como era habitual, del día 27 de agosto, cuando le llegó el turno a Manuel Barrera Macías: lo sacan de la cárcel habilitada del pueblo, lo trasladan a Brenes y en el cementerio viejo de dicha localidad lo asesinan por aplicación del Bando de Guerra, dejando su cuerpo expuesto para que lo vieran todos, sin permitir que nadie lo enterrara, ni siquiera a un miembro de su familia, que así lo solicitó. Tenía 44 años. Fue enterrado en en una fosa común junto a otros siete hombres: cinco vecinos de Brenes: Juan Cervera Rueda, Miguel López Robles (natural de Cantillana), José Martínez Rodríguez, Manuel Rodríguez Castellano y Genaro Romero Cortés; otro vecino de Cantillana: José Ferrera Ríos, y uno de La Rinconada: Juan Ramos Mestranza. Actualmente no existe ya ninguna fosa visible, pues todo el solar del cementerio viejo está ocupado por casas y calles que conforman una barrida de Brenes, por lo que es imposible la exhumación de los restos mortales de los que allí fueron enterrados, después de ser asesinados (ejecutados extrajudicialmente) por aplicación del BG.
En su acta de defunción, registrada el 9 de septiembre de 1939, a instancias de su viuda, aunque respetando, como en todos los casos, la fecha de su muerte, de su vil asesinato, constando como causa aquello de “en la lucha nacional contra el marxismo”, tal como aparece en otras actas de defunción. Su mujer, Antonia Díaz, como tantas otras mujeres, tuvo que trabajar para sacar adelante a sus hijos.
Manuel Barrera será siempre recordado en Cantillana como un buen hombre íntegro y cabal, siendo muy querido por el pueblo, por los trabajadores, pues a la defensa de sus intereses consagró su vida, de forma pacífica, con la dialéctica de la palabra: era un excelente orador y su lema era la unidad de la clase obrera: “El día que los obreros estemos unidos, nadie podrá con nosotros”, me dicen que repetía una y otra vez. No solo era querido y admirado en Cantillana, sino en Villaverde, Carmona y otros pueblos, donde lo llamaban para los mítines: sabían de su capacidad de convencimiento, de su claridad de ideas en la lucha a favor de la clase obrera y de lo que había que decir en cada momento.
Cuando se subía al escenario, “hablaba a la gente sin papeles y el escenario se venía abajo”, como muestra del entusiasmo que causaba en los que lo oían. Su valentía y su inteligencia estaban más que probadas: en sus acciones y en sus palabras. En cambio a sus asesinos no le importó nada: era un dirigente sindical, un anarquista. No hubo misericordia ni justicia alguna. Tampoco la hubo para otras 66 víctimas de la barbarie militar-fascista, que fueron asesinadas por aplicación delbando de guerra, sin juicio previo. Además de estos 67 asesinados (62 hombres y 5 mujeres), la represión en Cantillana acabó con la vida de 84 personas, pues a los anteriores hay que sumar 3 desaparecidos o en paradero desconocido, 6 muertos en prisión o al salir de ella, 7 soldados republicanos y uno, por otras circunstancias. Todos ellos merecen nuestro reconocimiento y el recuerdo permanente, pues lucharon y murieron por la libertad y la democracia.
FUENTES PRINCIPALES:
-BARRAGÁN REINA, Ramón. CANTILLANA II REPÚBLICA. LA ESPERANZA ROTA. La brutal represión franquista en un pueblo sevillano, Ed. Muñoz Moya, Brenes, 2006, pp. 55-59,64,71,103-104.130-131, 139, 151, 157, 269, 257, 273-274.
-MAURICE, Jacques, El anarquismo andaluz. Campesinos y sindicalistas, 1868-1936, Crítica, Barcelona, 1990, pp. 52-57.
-VALLINA MARTÍNEZ, Pedro, Mis memorias, Centro Andaluz del Libro, Sevilla, 2000.
-AMC (Archivo Municipal de Cantillana) y ADPS (Archivo de la Diputación Provincias de Sevilla)
[1]. La organización obrera más antigua, que existía desde antes de la proclamación de la II República, es el Centro Obrero de la UGT. Su sede estaba en la calle o barrio de la Esperanza, actual Avenida Andalucía, 6 (Carretera de Lora), su líder fue José Pueyo Solís.
[2]. Ver artículo JOSÉ PUEYO SOLÍS, ALCALDE SOCIALISTA DE CANTILLANA DURANTE LA SEGUNDA REPÚBLICA, VILMENTE ASESINADO EN AGOSTO DE 1936, publicado por TuPeriodicoSoy el 14/01/2026.
[3]. Pedro Vallina Martínez nació en Guadalcanal (Sevilla) el año 1879 y murió en Veracruz (México) en 1970, después de dedicar los últimos veinte años de su vida a curar las enfermedades de los indios mexicanos. Su madre era cantillanera y en Cantilana, en 1923 creó el Sanatorio Vida para atender a los enfermos de tuberculosis de la provincia.
[4]. Antonio Rosado López (1889-1978) fue un destacado militante anarcosindicalista, Secretario de la Federación del Campo de la CNT. Sufrió cárcel en numerosas ocasiones. Fue responsable de la organización de las colectivizaciones andaluzas durante la Guerra Civil. Amigo de Vallina y su familia. Desde 1923 vivía en el Sanatorio con su mujer e hijos, reponiéndose de su enfermedad (flebitis), aunque tenía que desplazarse constantemente por razones del cargo en el sindicato. Vivió allí hasta la ocupación militar de Cantillana en 1936. Huyó con Pedro Vallina. Su última estancia en Cantillana se produjo entre abril y mayo de 1939, en la cárcel vieja, después de terminada la Guerra Civil.
Un estudio histórico analiza la transformación del templo dominico de Sevilla desde su erección como parroquia en 1966, destacando su papel como paradigma de la renovación eclesial y sus conflictos con la religiosidad popular tradicional.
Durante la segunda mitad del siglo XX, el convento de San Jacinto en Triana no fue solo un centro de culto, sino un verdadero campo de experimentación pastoral bajo los nuevos aires del Concilio Vaticano II. Según la investigación de Carlos J. Romero Mensaque, la evolución de este enclave dominico estuvo marcada por una profunda renovación social, el auge de los movimientos juveniles y un sonoro desencuentro con las hermandades locales.
El nacimiento de la parroquia (1966)
Ante el crecimiento demográfico de Triana y la necesidad de dividir las feligresías de Santa Ana y la O, el Cardenal Bueno Monreal erigió la parroquia de San Jacinto el 23 de abril de 1966.
El acuerdo: Se firmó un convenio entre el arzobispo y la Provincia Bética de los Dominicos, nombrando a Fray Agustín López como primer párroco ecónomo.
Primeros cambios: La comunidad tuvo que adaptar su vida conventual a las exigencias parroquiales, buscando compaginar la observancia religiosa con la labor pastoral. Se realizaron mejoras materiales, incluyendo una pila bautismal regalada por la Hermandad de la Estrella.
La “Revolución” Conciliar y el Club de Jóvenes
A finales de los años 60, con la llegada de Fray Pedro León Moreno como prior y párroco, San Jacinto experimentó un cambio radical de paradigma.
Enfoque social: Se pasó de una pastoral de culto y devoción a una centrada en los problemas sociales del barrio y la juventud, inspirada en una incipiente teología de la liberación y el compromiso político del tardofranquismo.
El “Club”: Se creó una comunidad o “club” de jóvenes que organizaba actividades formativas, teatro y un famoso coro con instrumentos modernos, convirtiéndose en el “buque insignia” de la renovación. Las homilías de Pedro León, descritas como “épicas” y directas, atraían a multitudes y, en ocasiones, multas gubernativas.
El conflicto con las Hermandades
Uno de los capítulos más tensos fue la relación con las corporaciones de la feligresía, el Rocío y la Estrella, que no encajaron en el nuevo modelo de “pobreza” y sencillez litúrgica promovido por los frailes.
El caso del Rocío: La tensión estalló en 1970 cuando la parroquia emitió normas prohibiendo altares teatrales que taparan el retablo y exigiendo que la liturgia se centrara en la eucaristía y no en el Simpecado. Tras una fuerte polémica en prensa y la intervención del Cardenal, la Hermandad abandonó San Jacinto en 1982 tras 167 años de estancia.
La Estrella: Aunque la relación fue más cordial, la hermandad optó por construir su propia capilla, trasladándose definitivamente en 1976 para evitar conflictos litúrgicos y ganar autonomía.
Estabilización y propiedad del templo
Tras las convulsiones de los 70, las décadas siguientes trajeron una estabilización pastoral bajo párrocos como Francisco Collantes.
Cesión de propiedad (1990): Un hito fundamental fue la cesión oficial de la propiedad de la iglesia y dependencias a la Orden de Predicadores por parte del arzobispo Fray Carlos Amigo Vallejo, resolviendo una situación jurídica que venía de la desamortización.
Final de siglo: La parroquia se consolidó con consejos pastorales y económicos estructurados, manteniendo una fuerte implicación laical y una comunidad de frailes dedicada a labores sociales, como la atención a personas sin hogar.
El estudio concluye señalando que, tras 2015, se inició una nueva etapa de acercamiento y normalización de relaciones con las hermandades históricas del barrio.
Después de la muerte del dictador el 20 de noviembre de 1975, según el anuncio oficial, se abrió un tiempo nuevo, incierto y peligroso, arriesgado, más complicado de lo que cualquiera pudiese prever, pues no estuvo exento de violencia y muertes, lográndose importantes victorias sindicales y políticas.
CRISIS ECONÓMICA: La “herencia” económica de Franco
A la crisis de la propia dictadura, cuya agonía se percibía desde el comienzo de los años setenta, pero cuyo final se demoraba demasiado, se unía, en todo su apogeo, la crisis económica (la crisis del petróleo), consecuencia de la Guerra del Yom Kipur de octubre de 1973, que agudizaba los problemas estructurales de la economía española. En 1976, el PIB sólo alcanzó el 3%, siendo menor, entre el 0,2 y el 2%, durante bastantes años después. El IPC, siempre alto en España. se acercó al 17% en 1976 y continuará alto en los años siguientes; las reservas de oro y divisas disminuían progresivamente y la balanza de pagos se tornaba negativa con -4.294 millones de dólares por el descenso de las exportaciones, el encarecimiento de las importaciones y el retraimiento del turismo en un 30% en sus ingresos. Junto a todo lo anterior se produjo una disminución de un 35% en la recaudación de Hacienda, por ser la opción elegida por el gobierno para “compensar” el aumento del precio del crudo, lo que provocará un aumento del déficit del Estado y de su incapacidad crónica para atender las necesidades básicas de la población; y una situación de paro obrero en aumento, que alcanzaba en 1976 a 714.000 trabajadores, el 5,25% de la población activa nacional, que en Sevilla eran más de 50.000, el 11,47%, sin posibilidades de emigrar como en años anteriores. En 1977 superará, en porcentajes, la media de paro de los países de la OCDE. Mientras, el dinero, “siempre miedoso” volaba fuera de España, alcanzando 60.000 millones de pesetas la evasión de capitales. Al mismo tiempo, se agravaron las crisis agrícolas, tanto la agricultura tradicional como la moderna, en medio de una prolongada e intensa sequía. La consecuencia inmediata fue el aumento del paro agrícola. En Sevilla, en 1976, el paro ya alcanzaba el 14,83% de la población activa del sector, afectando a 13.200 trabajadores y trabajadoras del campo, y en Andalucía estaban en paro (media anual) 38.200 trabajadores eventuales del campo, el 7,4% del total de la población activa agrícola. Este aumento del paro agrícola incrementará la lucha por el trabajo diario en los pueblos, introducirá de nuevo el lema “la tierra para quien la trabaja” y revivirá más adelante el debate sobre la Reforma Agraria.
FRANCO SIN FRANCO: continuidad política y medidas insuficientes
La pomposa proclamación de Juan Carlos de Borbón como rey no trajo cambios: Arias Navarro, el Carnicerito de Málaga (responsable de la represión política en Málaga a partir de febrero de 1937, tras la conquista de la ciudad por los militares fascistas sublevados, que costó la vida a 4.300 personas y provocó la Desbandá, la larga marcha de miles de republicanos que huyeron de Málaga con el objetivo de llegar a Almería), fue confirmado en su cargo de presidente del Gobierno. Según él, “quedaba clavado” al sillón del cargo hasta 1979, tal como había sido nombrado por Franco. Los acontecimientos posteriorres lo desclavarán antes de lo que él creía y quería. Su gobierno ahondó aún más la contradicción dictadura-democracia.
Como gesto de “buena voluntad” y para aliviar la tensión social, el rey firmó un indulto, el último al estilo de la dictadura, que sirvió para que muchos antifranquistas salieran de las cárceles y para empujar la reclamación de la amnistía laboral y política, que estuvo presente en todas las movilizaciones del año 1976, pues la oposición vio muy insuficiente dicho indulto. El lema “Libertad, Amnistía y Estatuto de Autotomía” se repitió sin cesar en las manifestaciones posteriores. Sin embargo, del indulto se beneficiaron muchos presos políticos, entre ellos los rinconeros Antonio Igle sias y Antonio Galván y los sindicalistas de CCOO del Proceso 1001, hasta un total de 770. También alcanzó a más de 11.000 presos comunes.
LAS MOVILIZACIONES OBRERAS: marcando el camino a la democracia de forma imparable
Fue la clase obrera española, intensificando las movilizaciones iniciadas en años anteriores, la que tuvo que hacer frente a las consecuencias negativas de la crisis (que como todas las crisis, no había provocado) y al continuismo del Gobierno de Arias, empeñado en mantener las esencias franquistas con retoques seudo aperturistas. Se produjo “la más poderosa ofensiva obrera y ciudadana conocida bajo el régimen actual”, tal como reconocía la Coordinadora General de CCOO en su reunión de enero de 1976.
A su vez, desde comienzo del año, la prensa informaba habitualmente de los conflictos obreros, las manifestaciones y de la actividad, reuniones, actos y comunicados de los partidos políticos ilegales, de unos más que de otros, dando los nombres de sus dirigentes, lo cual era actuar a la luz del día. Sin duda alguna, la libertad se abría camino, aunque el Estado franquista y sus aparatos represivos se mantenían vivos y operativos.
Las huelgas obreras combinaron con acierto las reivindicaciones laborales: negociación de los convenios colectivos, con un claro rechazo de las medidas económicas del gobierno de Arias Navarro, cuya medida estelar era la congelación salarial, ratificada por el Ministro de Hacienda, Villar Mir, así como la supresión de las horas extras y exigencia de soluciones al paro obrero, con las reivindicaciones políticas de libertades democráticas, con plenos derechos de reunión, asociación y huelga, y amnistía de todos los presos políticos y sindicales, trabajadores despedidos y españoles exiliados. Los trabajadores españoles fueron conscientes de que la conflictividad de aquellos momentos presionaban en la dirección de un cambio político democrático. Las movilizaciones obreras se saldaron con más de 18.300 huelgas entre diciembre de 1975 y marzo de 1976, que suponían una media de 150 huelgas al día, con innumerables manifestaciones, numerosos encierros en iglesias y miles de asambleas celebradas en toda España, aunque también con muchos despidos, detenidos y ocho obreros muertos por disparos de la policía en Elda, Vitoria, Tarragona o Basauri. En todos los casos murió un trabajador, excepto en el caso de Vitoria, donde fueron cinco los trabajadores acribillados por la policía en el interior de la iglesia de San Francisco de Asís, donde se celebraba una asamblea obrera. Fraga Iribarne dijo: “La responsabilidad de las recientes muertes la tienen los que quieren obtener por la fuerza un cambio político.”
LOS PUEBLOS DE LA VEGA DEL GUADALQUIVIR: participación de en las movilizaciones obreras
Los pueblos de la Vega Media y sus trabajadores no se quedarán atrás, como no lo habían hecho desde el inicio de la dictadura de forma clandestina organizados en el PCE, aunque con más fuerza y militantes en la década de los 60 y los primeros años de los 70, en los que ya se produjeron más acciones obreras y vecinales en esta comarca. Con la muerte de Franco, particitiparán activamente en el cambio y en la dirección del mismo hacia la libertad y la democracia, partiendo de las reivindicaciones concretas para la mejora de las condiciones de trabajo en el campo, siendo impulsadas por la CC.OO. de cada localidad. Ya en noviembre, pocos días después de la muerte de Franco, hubo una manifestación no autorizada en la plaza de la Tenencia de Alcaldía de San José de la Rinconada, pidiendo las libertades democráticas. Contó con la presencia de los comunistas de la localidad y de los guardias civiles, armados con sus subfusiles o “metralletas”. Las mujeres llevaron a sus hijos. De esa forma les parecía que no atacarían, que se aguantarían las ganas de usar las armas. Se disolvió pacíficamente. El 13 de diciembre de 1975 se produjo una marcha pacífica a Sevilla de unos cien vecinos de La Algaba contra la subida de los autobuses. El precio del billete había subido de 13 a 14 pesetas y había entrado en vigor dos días antes. Esta subida, junto a la congelación salarial que se padecía, hizo que la situación para muchas familias fuese inaguantable. La acción fue organizada por la Asociación de Vecinos García Lorca, que aún era ilegal. En el campo sevillano la movilización obrera se realizará, con más intensidad, a lo largo de los primeros meses de 1976, y participaran con fuerza todos los pueblos de la Vega Media. Previamente, en enero, se habían reunido “varios presidentes, vicepresidentes y vocales de las UTT locales (Unión de Ténicos y Trabajadores del Sindicato Vertical), elegidos en las últimas elecciones sindicales, entre los que estaban los de Gerena, Fuentes de Andalucía, Osuna, Lebrija, Villaverde del Río, Brenes, Lora del Río, Dos Hermanas, Burguillos, Badolatosa de y otras localidades.” En esta reunión acordaron una Plataforma Reivindicativa de CC.OO. del Campo, cuyos principales puntos eran: jornal mínimo de 700 ptas., puesto de trabajo diario, seguro de desempleo, entrega de las tierras mal cultivadas o sin cultivar (aplicación de la Ley de Reforma y Desarrollo Agrario de 1973, que fijaba las obligaciones para el cumplimiento de la función social de la propiedad de fincas rurales, percepción del salario integro en caso de enfermedad o paro, jubilación a los 60 años, convenios colectivos para todas las campañas y cultivos, y un sindicato único, democrático, independiente de los patronos, del Estado y de los partidos políticos, así como auténticas garantías y libertad para los representantes sindicales. La plataforma de CC.OO. sería concretada en las asambleas a realizar en cada comarca. En la comarca de la Vega Media, la reunión de coordinación se produjo en Mesa Redonda (término municipal de Villaverde del Río), cerca de la Ermita de Aguas Santas, lugar habitual de reuniones clandestinas comarcales, con la asistencia de representantes de sus organizaciones locales: Juan Carlos Velasco, Antonio Alvarado, Vicente Campos, Antonio Coca, Antonio García Cristino, José Barragán, Francisco Álvarez, Manuel Guerra, Carmelo Toledano y otros. Durante el mes de febrero, las huelgas en el campo se fueron realizando de forma ininterrumpida, coincidiendo con las faenas agrícolas de recogida de aceitunas, la entresaca y escarda de la remolacha o la tala de frutales, según los pueblos. Se extendieron también por algunos pueblos de la provincia de Córdoba. En la provincia de Sevilla, las huelgas finalizaron con más de catorce convenios locales firmados. De la comarca de la Vega Media lo consiguieron en Cantillana, Villaverde del Río, La Rinconada, Esquivel y Brenes. En Brenes, el día 31 de enero los trabajadores del Empleo Comunitario se concentraron en el lugar de trabajo y realizaron una asamblea, después de recibir la noticia del fin de sus trabajos. Acordaron entregar un escrito al Alcalde y a la Hermandad de Labradores, exigiendo puesto de trabajo y aumento de salario, y se encerraron en la iglesia. Una comisión obrera hizo entrega del escrito. Las autoridades propusieron estudiarlo en un plazo de tres días. Decidieron desalojar la iglesia. Pasados los días acordados, los parados volvieron a reunirse en asamblea, a la que se unieron otros 150 obreros del campo, que no fueron al trabajo. Decidieron no ir a trabajar por menos de 700 ptas. Continuaron manifestándose y concentrándose, recabando la solidaridad de todos los trabajadores y sus familias. Llegaron a participar unas 500 personas, incluidas las mujeres y los niños. Consiguieron que se iniciaron las negociaciones entre patronos y obreros para un convenio colectivo local. A partir de ese día los trabajadores de Brenes salieron al campo ganando 700 ptas, aunque no se firmase el convenio. En marzo continuaron las asambleas, manifestaciones y convocatoria de huelga para que lo pactado se firmase. En una de las asmbleas, la G. Civil detuvo a once obreros que fueron llevados al cuartel de Brenes. De ellos, siete fueron trasladados a la Jefatura Superior de Policía en Sevilla: Carmelo Toledano Marchena, Alonso y Pedro Vargas López, Alejandro Jareño Quiñonero, Juan Atero Afán de Rivera y los hermanos Eugenio y Manuel Carrero Gómez. Estuvieron 45 días en la PPSE (La Ranilla), pues se negaron a pagar las 50.000 pesetas que el Gobernador Civil les impuso de multa a cada uno. No atendió un escrito firmado por las mujeres de Brenes. En Villaverde del Río se produjo el 7 de febrero una manifestación de 250 trabajadores en paro pidiendo trabajo y un salario de 750 ptas/día. Fue dispersada por la Guardia Civil, tomando los datos personales de los titulares de la UTT y de otros obreros. Días después, los militantes de CCOO presentaron la plataforma reivindicativa, realizaron asambleas y declararon la huelga. Consiguieron un convenio local, con un salario de 699 ptas/día. El 16 de febrero 200 obreros celebraron una asamblea en San José de la Rinconada y eligieron una Comisión Obrera para presentar el proyecto de convenio a los patronos. Declararon la huelga, que pronto se generalizó por todo el municipio y afectó a todas las labores agrícolas, siguiendo el ejemplo de los otros pueblos para conseguir las 700 ptas/día y las demás mejoras. El mismo día 3 de marzo, en San José de la Rinconada y en Villaverde del Río, los trabajadores acordaron ir a la huelga en solidaridad con los breneros en señal de protesta por las detenciones. Al día siguiente la huelga continuaba y se extendía a los municipios de La Algaba, Alcalá del Río, Cantillana y Burguillos. En Alcalá del Río y en Burguillos, se produjeron concentraciones ante el Cuartel de la Guardia Civil para que los detenidos fuesen liberados y lo consiguieron. El día 4 se produjeron tiros de la Guardia Civil en el municipio de La Rinconada. Los miembros de un piquete informativo, estando en Salinas, fueron sorprendidos por la Guardia Civil, por lo que tuvieron que huir. Perseguidos a tiros por los guardias, llegaron hasta el arroyo El Bodegón, cerca ya de Brenes. Allí detuvieron a seis militantes de CCOO, y fueron llevados a Brenes, donde recibieron palizas y otros malos tratos como era habitual. Llegaron el día después que los breneros detenidos habían sido llevados a Sevilla. Entre los detenidos estaban: Carmelo Acuña Mendía, Juan Cortés Muñoz, Andrés Núñez Hidalgo, Arcadio Soto Prada y dos más, que –según la prensa– fueron detenidos en sus propios domicilios a primeras horas de la tarde. Al día siguiente los trasladaron a La Ranilla, aunque antes les dieron un paseo por Cuatro Caminos, en el centro de Brenes, donde había más vecinos reunidos para causar miedo en ellos. Estuvieron 17 días en prisión. Por último recojo dos actos provinciales a los que asistieron trabajadores y vecinos de los pueblos de la provincia:
El 28 de marzo, se llevó a cabo en Sevilla la Jornada Pro-Amnistía, entendiendo por amnistía la libertad de todos los presos políticos y la readmisión de los despedidos en las luchas anteriores, y para protestar por las muertes de trabajadores en Elda, Vitoria, Tarragona y Basauri. Fue convocada por CCOO, a través de las UTT que controlaba, y apoyada por toda la oposición democrática sevillana (partidos de derecha y de izquierda). Esta jornada, cuyo acto central fue una manifestación (no autorizada) en los Jardines Cristina, se saldó con numerosos obreros heridos, treinta y seis detenidos y abultadas multas gubernativas, que ascendieron a 800.000 ptas. La policía entró incluso en la catedral de Sevilla con tiros al aire para desalojar a los manifestantes.
El 1º de Mayo tuvo un carácter unitario, puesto que fue convocado por CCOO y UGT, recogiendo el espíritu de la unidad política alcanzada en marzo y de la presión de la clase obrera española por la unidad. La manifestación supuso un gran paso en la lucha por la libertad y la amnistía política, sindical y laboral. En julio crean la Coordinadora de Organizaciones Sindicales (COS), integrada por CC.OO.,UGT y la USO.
CONSECUENCIAS DE LAS MOVILIZACIONES OBRERAS
Al hilo de las múltiples movilizaciones sociales y obreras que se estaban produciendo en toda España, en el ámbito político se produjo la creación de Coordinación Democrática o Platajunta (unión de la Junta Democratica y la Plataforma de Convergencia Democrática). Se presentó oficialmente el 27 de marzo de 1976: PCE y PSOE, junto a las otras organizaciones que parte la Junta o la Plataforma, decidieron plantear conjuntamente la necesidad de la ruptura o alternativa democrática de carácter pacífico, con la exigencia de libertades políticas y sindicales plenas en un Estado democrático, reforzando las protestas contra el continuismo franquista del gobierno de Arias Navarro. Posteriormente, en octubre, crearán la Plataforma de Organismos Democráticos (POD) para fortalecer la oposición frente al Gobierno y sus intentos de negociación Pero lo más relevante fue que las movilizaciones obreras de los primeros meses de 1976 hirieron de muerte al Gobierno de Arias Navarro, que el 2 de julio tuvo que dimitir, poniéndose freno definitivo al reformismo continuista de acuerdo con el proyecto de Fraga, que consistía en controlar la “reforma” desde el poder, manteniendo las instituciones de la dictadura, aunque con ciertos retoques en cuanto al derecho de reunión y asociación política, con modificación del Código Penal, y la reforma de las Leyes Fundamentales del Movimiento, llamada, eso sí, “reforma constitucional.” El rey vio que su puesto estaba en peligro…
Se puede afirmar que la libertad y los derechos laborales y democráticos se conquistaron en las fábricas, en los campos, en las Universidades, en las escuelas, en las calles de las ciudades y sus barrios y de los pueblos, por más que Manuel Fraga la reivindicara como suya. “La calle es mía”, dijo cuando intentaba justificar la represión de las manifestaciones obreras y populares, tras el asesinato de cinco trabajadores en Vitoria por la policía. Sin embargo, la calle empezaba a ser un espacio de libertad, al igual que el cine, la radio o la prensa y la democracia se ejercía en las asambleas en los lugares de trabajo y en las asociaciones de vecinos creadas en Cantillana, San José de la Rinconada, Villaverde del Río, Alcalá del Río, Burguillos, Los Rosales y El Viar. Por ello, el año 1976 marca la línea divisoria entre la dictadura franquista y la democracia en España. El camino para la Transición quedó abierto, transitarlo fue duro y difícil repleto de dificultades y problemas, pero el objetivo quedaba claro: libertad y democracia.
El cambio de gobierno, asumido por Adolfo Suárez, no paralizó los conflictos laborales, que proliferaron, a pesar de la represión sufrida, durante todo el año, alcanzándose -eso sí- las más altas cotas de derechos laborales individuales y colectivos. En todo el año, en España, se produjeron 40.179 conflictos (110 al día), con una participación de más de tres millones y medio de trabajadores, si bien las huelgas fueron disminuyendo paulatinamente en los últimos meses. También, continuaron las manifestaciones, fuesen autorizadas o no, con importante participación de trabajadores y vecinos de los pueblos sevillanos y de la ciudad, como ocurrió el 11 de julio, en la que se gritó: “Suárez escucha, el pueblo está en lucha”. Y todo ello, a pesar de la violencia institucional a lo largo de 1976: 11 trabajadores fueron asesinados a manos de la G. Civil o la Policía Armada (los grises), ocho lo fueron durante el Gobierno de Arias Navarro, a los que ya me he referido, y tres en Almería, Fuenterrabía y Madrid con el Gobierno de Adolfo Suárez. Además en 1976, ETA causó 17 víctimas mortales y el grupo ultra Guerrilleros de Cristo Rey mataron a 3 personas en el País Vasco. No serían los únicos atentados: la violencia terrorista continuó golpeando con fuerza a la sociedad española, a la vez que el ejército se mantenía expectante: el “ruido de sables” no cesó en todo el proceso.
Igualmente, las movilizaciones colaboraron decisivamente en la descomposición organizativa e ideológica del franquismo, instando claramente a la conquista de un régimen democrático. De hecho, en los seis primeros meses del año, se produjeron cambios en la opinión de los españoles: más de los dos tercios eran ya partidarios de un sistema democrático con libertades y derechos plenos. En 1966 el apoyo de los ciudadanos a los principios democráticos (libertad de prensa, libertad religiosa, libertad sindical, libertad de asociación y de partidos políticos y celebración de elecciones libres con sufragio universal) era muy bajo, el 35% de la población, pero en 1974 había subido al 60% y en mayo de 1976 alcanzaba ya al 78%. La libertad religiosa y sindical estaban ampliamente apoyadas por la sociedad española desde hacía tiempo y en 1975, en el momento de la muerte de Franco, un 72 por 100 de los españoles querían la libertad de expresión y el 70 por 100 deseaban un sufragio universal libre y secreto (según el Informe FOESSA, ya en 1975, el 82% de los encuestados estaban convencidos de la necesidad de que los cargos públicos fueran elegidos y no nombrados); pero no era así en cuanto a la libre creación de partidos y a la creencia de que los partidos políticos eran beneficiosos para la sociedad, que fue creciendo poco a poco del 12% en 1971 a su generalización en 1976, superando la idea franquista de que los partidos habían sido los causantes de todos los males durante la República. Eso no eliminaba el franquismo, que seguirá teniendo, entonces y ahora, una importante base social, imbuida ideológicamente del pensamiento y la doctrina del franquismo e instalada cómodamente en su estatus social y económico. Por último, debemos tener en cuenta que la sociedad española no era mayoritariamente favorable a una ruptura o enfrentamiento directo con el régimen franquista, lo cual era conocido por dirigentes de la oposición democrática. Quería cambios democráticos , pero sin violentar la situación.
CONCLUSIONES
Superar la clandestinidad no fue fácil con todo el aparato represivo de la Dictadura en pleno uso y abuso, más aún aún dadas las nulas perspectivas de cambio real después de la muerte del dictador. Sólo fue posible por el arrojo de miles de militantes antifranquistas y por el ambiente creado por las movilizaciones obreras y vecinales en las ciudades, los barrios y en el campo, tras la muerte del dictador. La Transición, con la consiguiente conquista definitiva de la libertad, no fue un proceso solamente institucional, en el que sólo intervinieron Juan Carlos I, Suárez y los dirigentes de los partidos políticos; fue un proceso popular, buscado, trabajado y sufrido por los militantes del entonces ilegal PCE, de las CCOO, de USO, de UGT, de los militantes socialistas y de los demás partidos y sindicatos de la izquierda, inmersos en las huelgas, manifestaciones y asambleas en 1976, protagonizadas por miles de trabajadores españoles. Todos ellos fueron los protagonistas anónimos de la lucha por la libertad, los costaleros de la democracia, como les llama Nicolás Sartorius, que no son sólo los de 1976, sino muchos más de los años anteriores y algunos posteriores. La libertad conquistada se vivía, no sin sobresaltos y con algunos miedos muy presentes, en las organizaciones y en la calle. Si durante el franquismo la libertad se había colado por las rendijas del régimen dictatorial, ahora fluía por todas las arterias de la sociedad, sin que el Estado, cuya “legitimidad” era una guerra y la violencia represiva durante cuarenta años, pudiera impedirlo. El proceso que llevará a la Constitución democrática de 1978 (cuyo análisis debe ser objeto de otro artículo) es inseparable de las luchas obreras y antifranquistas, de toda la lucha por la libertad del pueblo español, que le fue arrebatada y usurpada por el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, la guerra que le siguió durante tres crueles y trágicos años y la dictadura durante cerca de cuarenta años. En esta lucha, los pueblos, los trabajadores del campo, también participaron y sufrieron sus consecuencias en el duro camino que va desde la clandestinidad impuesta durante la dictadura franquista a la libertad conquistada día a día sin desmayo, pasando el testigo de unos a otros. Ese será el mejor reconocimiento, el mejor homenaje y la mejor recuperación de la memoria de todas las víctimas de la represión franquista, de todos los asesinados, encarcelados, torturados, exiliados o desaparecidos tras la sublevación militar-fascista de 1936.
13 de octubre de 2025
FUENTES Bibliografía
BARRAGÁN REINA, Ramón., DE LA CLANDESTINIDAD A LA LIBERTAD CONQUISTADA. ANTIFRANQUISMO Y LUCHA OBRERA EN LA VEGA MEDIA DE GUADALQUIVIR, Ed. Círculo Rojo, Almeria, 2014. pp. 415-436. SERRANO SANZ, José Mª, Crisis económica y transición política, en Ayer nº 15, 1994, pp. 138 y 145; SUDRIÀ TRIAY, Carles, (2012) artículo en El País; INEbase: Encuesta de Población Activa /Estimación de las series de paro 1976-2000; LVE, 15.07.1976, p. 24 SUMPSI VIÑAS, José Mª, La crisis de la agricultura moderna, en Agricultura y Sociedad nº 25, octubre-diciembre 1982, pp. 187-191, y HERNÁNDEZ ARMENTEROS, S., Estadísticas del siglo XX en Andalucía. 2 Población, pp. 86,90 y 94. Las cifras dadas de parados son la media anual, pues según las estaciones las cifras cambian, siendo mayores en los meses invernales o de pocas faenas agrícolas, en los que superaba los 100.000 trabajadores en paro. MARTINEZ FORONDA, A. (coord.), La conquista de la libertad, Historia de las CCOO de Andalucía (1962-2000), Fundación de Estudios Sindicales Archivo Histórico de CCOO-A, 2003, p. 416 (Evolución conflictividad laboral). MARAVALL, José M., Los resultados de la democracia, Alianza Editorial, Madrid, 1995; MONTERO, José R. y TORCAL, Mariano, “La cultura política de los españoles”, en Sistema, núm. 99, noviembre 1990, pp. 39-74; MORÁN, Mª Luz y BENEDICTO, Jorge, La cultura política de los españoles. Un ensayo de reinterpretación, Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas, 1995. SARTORIUS, N., y SABIO, A., El final de la Dictadura, Temas de Hoy/Historia, Madrid, 2007
TUSELL , Javier. Gobierno y oposición (1969-1975). El tardofranquismo, en Historia de España Menéndez Pidal: La época de Franco (1939-1975). Política, ejército, Iglesia, economía y administración. Vol. 41, Espasa-Calpe, Madrid, 1996, p. 187. Cambios en la opinión sobre los partidos poíticos
Archivos
AHCCOO-A, CCOO del Campo. Plataforma, reuniones y organización. AH-CCOO-A, Comisiones Obreras del Campo: Instancia de las esposas de obreros de Brenes, Signatura 10.5/6.
Hemerotecas
En las hemerotecas, ya sean municipales o de los propios periódicos, pueden leerse muchas noticias de los conflictos laborales y de las actividades de los partidos políticos en año 1976 desde enero a diciembre. Estas fueron utilizadas para este artículo: LVE, 14.12.1975, p. 9 (La Vanguardia) ABC Sevilla, 14.12.1975; ABC Sevilla, 16.03.1976, ABC Sevilla, 8.05.1976, p. 42. El Correo de Andalucía,17.02.1976, p. 31. El Correo de Andalucía, 8.02.1976, p. 12. El Correo de Andalucía,18.02.1976, p.12. El Correo de Andalucía, 14.02.1976, p. 11 El Correo de Andalucía, 4.03.1976, p. 8. El Correo de Andalucía, 5.03.1976, p. 9. El Correo de Andalucía, 6.03.1976, p. 10: El Correo de Andalucía, 28.03.1976, p. 6.
El historiador y teólogo Carlos José Romero Mensaque ha sacado a la luz un valioso hallazgo documental: la cédula de fundación de la primitiva Cofradía del Rosario de Fregenal de la Sierra, fechada en 1576. El documento, conservado en pergamino y emitido por la Orden de Predicadores desde Roma, confirma la creación oficial de la hermandad bajo la advocación de la Virgen del Rosario en la parroquia de Santa María.
Patente de fundación de la Cofradía del Rosario de Fregenal de la Sierra. 1576 (Foto del autor)
La patente, firmada por fray Sixto Fabri, vicario general de la Orden dominicana, otorga a la nueva cofradía el derecho de acoger a fieles de ambos sexos, vivos y difuntos, y les concede indulgencias y privilegios espirituales. Además, establece la celebración anual de la fiesta del Rosario el primer domingo de octubre, en recuerdo de la victoria de Lepanto (1571).
El pergamino presenta una rica decoración en orlas doradas, motivos vegetales y escenas religiosas, aunque conserva daños por el paso del tiempo. Se trata de un testimonio único que enlaza la tradición rosariana con la actual Hermandad de la Soledad, heredera de aquella primitiva corporación.
Este descubrimiento no solo aporta nueva luz a la historia religiosa de la villa, sino que también confirma la temprana implantación de la devoción al Rosario en Extremadura, ligada a la expansión dominicana tras Lepanto.
El Canal del Viar circula por el norte de la comarca de la Vega del Guadalquivir. Nace, aguas abajo, a unos 15 kilómetros del Pantano de El Pintado, en la Presa de Derivación construida en el río Viar, junto a la desembocadura del arroyo Tamujar, recorriendo en dirección norte-sur sus primeros 28 km., casi en paralelo a su río madre, y bordeando la zona montañosa que lo limita a su derecha. Es en el municipio de Cantillana, al rodear el cerro del Comendador, donde estuvo el Sanatorio Vida, construido por Pedro Vallina, cuando comienza su singladura zigzagueante hacia el oeste o sur-oeste, según los tramos, para morir en el río Rivera de Huelva, después de haber atravesado los municipios de Villaverde del Río y Burguillos y pasar cerca San Ignacio del Viar (municipio de Alcalá del Río) y Torre de la Reina (Guillena). Son 84 los kilómetros que recorre, a los que hay que añadir una red de acequias de 150 km. Su construcción comenzó en 1932, con la II República, por iniciativa estatal, empleando a obreros de la comarca y otros que llegaron de Extremadura y Córdoba. Las obras quedaron suspendidas al comenzar la Guerra Civil, aunque fueron reanudadas en 1937 y años posteriores, con algunas interrupciones. No entró en funcionamiento hasta 1953. Sus aguas riegan actualmente unas 12.000 hectáreas de los términos municipales de Cantillana, Villaverde del Río, Brenes, Alcalá del Río, Burguillos, Guillena, La Algaba y Salteras. Cuatro poblados de colonización fueron construidos en esta Zona Regable del Viar en los años cincuenta: Torre de la Reina, San Ignacio del Viar, Esquivel y El Viar.
Canal del Viar
A partir de noviembre de 1937, presos políticos fueron sometidos, dentro de la política de “redención de pena por trabajo”, a trabajos forzados, en la continuación de la construcción del canal del Viar para lo que utilizaron el Cortijo El Caballero, propiedad de Agustín Vázquez Armero, como campo de concentración, en el término municipal de Guillena. Este campo de concentración estuvo operativo hasta noviembre de 1938.
Participaron en las obras del canal los 250 presos del campo de concentración del cortijo El Caballero. En 1938, cuando agotaron la consignación de la que disponía la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), paralizaron las obras. Posteriormente, continuaron su construcción con presos políticos del campo de exterminio de Las Arenas (Algaba), donde 174 murieron por el hambre, el maltrato y enfermedades. En 1943 estaba prácticamente acabado el canal principal. En febrero de 1946 el Ministro de Obras Públicas, señor Fernández Ladreda, militar y ex diputado de la CEDA en 1933, visitó las obras. En ese momento, además de los 70 km del canal ya construidos, estaban en construcción otros 17, según datos de la prensa sevillana. Las obras costaron al Estado, para beneficio de los grandes terratenientes, 123,4 millones de pesetas. La Zona Regable del Viar fue declarada de “Alto Interés Nacional” por el Decreto de 14 de mayo de 1948, y el Plan Coordinado de Obras, en 1950, fue desarrollado por el Instituto Nacional de Colonización y la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. A mediados de los años cuarenta regaba ya 500 ha. En total, su radio de acción abarcaría, una vez finalizadas todas las obras, 13.383 ha de los términos municipales ya mencionados, de las que 12.000 serían beneficiarias del Plan de Regadío del Viar.
De CANTILLANA: Manuel Pino Dorado, 25 años, campo, soltero, Juventudes Socialistas, absuelto el 6.10.1937, ingresó en campo de concentración de Guillena para construcción canal del Viar, en 1838 volvió a Prisión Provincial de Sevilla. En libertad condicional desde mayo de 1940, y Antonio Castaño Castaño, concejal socialistas durante la IIª República, formó parte de la defensa antifascista del pueblo en una de las muchas patrullas que se formaron después del 18 de julio de 1936. Cuando Cantillana fue ocupada militarmente el 30 de julio, estuvo detenido en la cárcel habilitada de la Administración de Consumo. De allí pasó, en 1937, al campo de concentración del cortijo El Caballero, participando obligatoriamente en la construcción del Canal del Viar, según testimonio de sus familiares.
EN EL CANAL DE MONTIJO
El Canal de Montijo fue construido por presos políticos de la 2ª Agrupación de la Colonia Penitenciaria Militarizada (CPM) de Montijo (Badajoz). Ellos, junto a obreros libres contratados, llevaron a cabo la construcción del Canal de Montijo y de la presa del mismo nombre. Las obras realizadas sirvieron como germen del conocido como Plan Badajoz que comenzó en 1952.
Originalmente el campamento principal de esta colonia estaba formado por varios barracones que daban cobijo a los presos, con un edificio que albergaba diversas dependencias. Los barracones se presentaban en torno a una plaza central, su interior estaba repleto de literas de tres pisos y poseían un tejado de uralita, elemento que no protegía del excesivo calor que azota a la comarca de Vegas Bajas en verano. Todo el recinto se encontraba rodeado en su perímetro por alambre de espino y desde varias garitas colocadas estratégicamente controlando a los presos. En total, llegaron a trabajar unos 1.470 presos republicanos en esta Segunda Agrupación de Colonias Militarizadas en Montijo. A la 2ª Agrupación de Colonias Militarizadas en Montijo fueron llevados prisioneros de casi todo el Estado: los prisioneros más numerosos fueron los andaluces unos 427 (29,5 %), seguidos de los extremeños que eran unos 281 (19,4 %), detrás se encontraban los castellano manchegos unos 190 (13,1 %) y los catalanes eran unos 178 prisioneros (12,4 %). Estuvieron realizando forzados en una situación de esclavitud hasta 1946.
De BURGUILLOS: José Fernández González, 50 años, azucarero, casado, UGT, condenado a reclusión perpetua, enviado el 15.07.1942 al CPM de Montijo, en libertad condicional (c.). desde abril de 1944.4
De LA RINCONADA Y SAN JOSÉ: Aurelio Alfonso Prieto, 38 años, campo, casado, CNT, condenado a 15 años, enviado el 8.07.1942 al CPM de Montijo, en libertad c. desde julio de 1943, y Miguel Álvarez Gutiérrez, 39 años, azucarero, casado, condenado a 20 años, enviado el 10.11.1942 a la CPM de Montijo, en libertad c. desde agosto de 1943;
De TOCINA-LOS ROSALES: Guillermo Melo Miranda, 36 años, campo, casado, CNT, condenado a 15 años, trasladado el 8.07.1942 a la 2ª Agrupación CPM de Montijo 5
De VILLAVERDE DEL RÍO: Antonio Álvarez Cabeza, PCE, ingresó en la Prisión Provincial de Sevilla en julio de 1939, condenado a 18 años, en julio de 1942 lo trasladaron a la 2ª Agrupación CPM de Montijo, en mayo de 1943, le concedieron la libertad c. con destierro, y Francisco Morán Alés, 32 años, campo, soltero, CNT, condenado a 16 años, trasladado a la CPM de Montijo el 20.07.1942, en libertad c. desde junio de 1943, indultado el 12.11.1949.
EN EL CANAL DEL ALBERCHE
Entre 1940 y 1950, miles de prisioneros republicanos trabajaron en una obra que ha tenido importantes y exitosas repercusiones en la comarca de Talavera de la Reina. Se trata de la Presa y el Canal Bajo del Alberche, de 36 Kilómetros de longitud. Con esta hidráulica consiguieron la conversión de hasta 16.000 hectáreas de secano en tierra de regadío de los municipios de Talavera de la Reina y Calera y Chozas y se crearon las localidades de Alberche del Caudillo, Calera y Chozas y Talavera la Nueva. El objetivo del canal era favorecer a los agricultores de la comarca.
La situación de los presos políticos era prácticamente de esclavitud, trabajando en este tipo de obras de manera forzosa. A lo largo de diez años trabajaron varios batallones de mil personas y fue un total de unas 6.000. Miles de personas que sobrevivieron con poca y mala co, y semida y alojamientos penosos: pasaban mucho frío y humedad, mientras que en verano muchísimo calor. Todo estaba bajo la vigilancia y organización del Destacamento Penal Presa del Alberche, dependiente del Minis-terio de Justicia y la 3ª Agrupación del Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas en Talavera de la Reina (Toledo).
De LA RINCONADA-SAN JOSÉ: Manuel Castillo Sánchez, 28 años, chofer, casado, CNT-FAI, condenado a 14 años-8 meses, enviado el 8.05.1941 a CPM de Talavera de la Reina (Toledo), en libertad c. desde mayo de 1943.
EN LA CARRETERA IGAL-VIDÁNGOZ-RONCAL (NAVARRA)
La carretera para unir a Igal-Vidángoz-Roncal en el Pirineo navarro fue construida a partir de 1939 y trabajaron en ella 2.354 prisioneros políticos, como esclavos. Durante 4 años estuvieron abriendo la caja de esta carretera y terminaron en 1941. LoS prisioneros, procedentes de diversas provincias españolas, fueron destinados a trabajos forzosos, encuadrados en el Batallón Disciplinario de Soldados Trabajadores (BDST) nº 6.
Desde hace 20 años, el Memoriaren Bideak organiza un homenaje a los prisioneros del franquismo en el Alto de Igal, como forma de renovar su compromiso memorialista ante el monolito que les recuerda. Es el reconocimiento a los esclavos del franquismo y a sus familiares. Una jornada cargada de Memoria, emoción y denuncia.
De ALCALÁ DEL RÍO: José Hervás Sánchez, José, 23 años, chofer, soltero, UGT, declarado prófugo el 1.03.37, absuelto, pero enviado al Batallón Disciplinario de Soldados (BDST) nº 6, en Igal-Navarra.
De LA RINCONDA-SAN JOSÉ: Francisco Cano Mercado, campo, enviado a BDST nº 6, en Igal-Navarra., y Andrés Molina Ruiz, 23 años, campo, enviado a BDST nº 6, en Igal-Navarra.
Homenaje a los presos políticos en el Alto de Igal (Navarra)
PRESOS POLÍTICOS EN REGIONES DEVASTADAS
La ciudad de Toledo sufrió severamente durante la Guerra Civil Española, tanto en vidas humanas como en bienes. Fueron muchos los edificios dañados durante las acciones bélicas, que reconstruyeron o restauraron entre los años 1939 y 1957, por medio de la Dirección General de Regiones Devastadas, empleando para ello presos políticos de los Destacamentos Penales. Entre los trabajos realizados están los del Alcázar, los edificios de la plaza de Zocodover, iglesias de San Marcos y de San Miguel y del hospital Tavera. Realizaron obras importantes en el monasterio de San Juan de los Reyes, en el convento de las Concepcionistas y en el palacio de Benacazón. Y, además, se encargó de la construcción de la capilla del Seminario Metropolitano, de los “Bloques” de viviendas de la avenida de la Reconquista y de los “chalets” de la Escuela de Gimnasia.
De BRENES: Antonio Márquez Navarro, 27 años, albañil, soltero, CNT, condenado a 14 años-8 meses, enviado a Ceuta el 12.11.1939 y al Destacamento Penal de Toledo el 30.01.1942, en libertad c. desde junio de 1943.
De CANTILLANA: Elías Soto Morón, 37 años, herrero, casado, PSOE-UGT, condenado a 12 años, trasladado a Toledo, en libertad desde 1943.
EN BURGO DE OSMA (SORIA)
El campo de concentración de Burgo de Osma, creado en 1937, estaba formado por varios edificios, entre los que destacan el seminario de Santo Domingo de Guzmán, con capacidad posible para unos 3.500 prisioneros, y algunos centros escolares, que podían alojar a más de 3.000, A finales de diciembre de 1938, contaba con una población reclusa de 257 hombres y en enero de 1939 llegaron 2.000 nuevos presos. En marzo de 1939 ya eran los 4.000 presos. A partir de esa fecha fue disminuyendo la cantidad de reclusos. Esos presos políticos fueron dedicados a realizar todo tipo de trabajos forzados, especialmente la construcción de viviendas. Las condiciones de vida de los prisioneros fueron muy duras, ya que vivían hacinados y sufrieron malos tratos por sus vigilantes y tuvieron mala y escasa comida. Pasaron mucha hambre, frío y enfermedades. Los prisioneros eran obligados a realizar trabajos en condiciones peligrosas y agotadoras, tales como trabajos agrícolas, de limpieza o cualquier otra tarea. Su jornada laboral duraba entre 10 y 12 horas. Tras completar las faenas, regresaban al lugar donde estaban presos.
De LA RINCONADA-SAN JOSÉ: Joaquín Sánchez López, 30 años, campo, trasladado a Burgo de Osma (Soria) en marzo de 1942. Vecino de La Rinconada-San José, y Servando Sánchez López, ya mencionado en el primer artículo dedicado a los presos políticos que construyeron el Canal de los Presos (Canal del Bajo Guadalquivir).
NOTA FINAL
Con esta tercera parte dedicada a 15 Esclavos de Franco de la Vega Media del Guadalquivir finaliza este recorrido por distintos lugares de España donde como los presos político realizaron trabajos forzados. Al igal que los ptresos de los articulos anteriores merecen nuestro recuerdo y el reconocimiento de todos, pues lucharon por la libertad y la democracia republicana. En total han sido 91 presos de la posguerra española los mencionados en los tres artículos escritos.
FUENTES DOCUMENTALES
AHP: expedientes de presos de la Prisión Provincial de Sevilla y ATMTS-SE: sumarios de los juicios militares contra presos políticos nombrados en el artículo.
OTRAS FUENTES
BARRAGÁN REINA, Ramón., CANTILLANA II REPÚBLICA. LA BRUTAL REPRESIÓN FRANQUISTA EN UN PUEBLO SEVILLANO, Ed. Muñoz Moya, Brenes. 2006, y DE LA CLANDESTINIDAD A LA LIBERTAD CONQUISTADA. ANTIFRANQUISMO Y LUCHA OBRERA EN LA VEGA MEDIA DE GUADALQUIVIR, Ed. Círculo Rojo, Almeria, 2014. pp. 158-159; 106-124. CASALÁ, J. L., COLONIAS PENITENCIARIAS MILITARIZADAS DE MONTIJO. REPRESIÓN FRANQUISTA EN LA COMARCA DE MÉRIDA. Mérida, Editorial Regional Extremadura, 2003. GONZÁLEZ CORTÉS, José R., Represión, esclavitud y exclusión. Un análisis a escala de la violencia franquista, en Entelequia. Revista Interdisciplinar: Monográfico, nº 7, septiembre 2008, pp. 153-171. BRAVO MIRANDA, FRANCISCA Los presos republicanos del canal del Alberche, un reconocimiento que llega 70 años después, en elDiario.es 31 de octubre de 2017 MENDIOLA GONZALO, F. y BEAUMONT ESANDI, E., ESCLAVOS DEL FRANQUISMO EN EL PIRINEO. LA CA-RRETERA IGAL-VIDÁNGOZ-RONCAl (1939-1941), Txalaparta, Tafalla (Nafarroa), 2007, p. 465, 469 y 471. ZOZAYA, MARIAN, Noticuas de Navarra, 22·06·24 LA RECONSTRUCCIÓN DE TOLEDO TRAS LA GUERRA CIVIL, en Ayuntamiento de Toledo BACHILLER, CARMEN, La Academia de Infantería de Toledo que construyeron miles de presos políticos del franquismo, en TODOS LOS NOMBRES, 17/04/2024. BOO, ALBERTO. Campos de concentración en la Guerra Civil. Burgo de Osma, 1938-1939, Revista DESPERTA FERRO, 11 enero, 2025.
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