Terminaron consiguiendo el perdón de Dios por el duende de su arte. Los gitanos tuvieron el ángel de encontrar su sitio entre los numerosos grupos de danzantes del Corpus Christi de la Sevilla imperial del siglo XVI, en la que llegaron a vivir músicos de alto nivel, debido al prestigio cultural que alcanzó nuestra urbe como capital económica de Europa. Pero no de inferior reconocimiento fueron los novedosos bailes de invención, considerados de mal hacer por romper con normas académicas, que tanto aplaudía la sociedad del Siglo de Oro español. La gran procesión eucarística de nuestro templo Metropolitano y Patriarcal, exhibía un pintoresco cortejo repleto de simbólicas representaciones religiosas y profanas, en el que figuraban estos artistas tan espontáneos danzando y tocando instrumentos sencillos, como el tamboril y las castañuelas. Basándonos en diversas referencias documentales, prácticamente inéditas hasta el momento, trataremos de explicar cómo consiguieron los gitanos integrarse en la sociedad sevillana mediante las celebraciones procesionales de la religión católica.
Los gitanos constituían un grupo marginal perseguido por la justicia, tanto por su origen étnico como por la concepción religiosa tan peculiar que tenían del cristianismo. A mediados del siglo XVI, se habían asentado ya en Sevilla numerosos clanes, a los que la sociedad, genéricamente, despreciaba. Aunque muchas familias consiguieron avecindarse y encontraron trabajo para sus miembros, otras deambulaban errantes, haciendo tratos de ganado, mendigando, y dedicadas a las artes adivinatorias. Una ocupación que, en aquellos tiempos, resultaba algo inmoral. Lamentablemente, los hombres gitanos estaban catalogados como ladrones, y las mujeres como si muchas fueran de vida pública, por lo que, a los ojos de las autoridades religiosas y civiles, no eran muy fiables. Pero, a pesar de ello, obtuvieron cierta aprobación social. Así lo pone de manifiesto el hecho de que fueran requeridos y contratados para realizar estos rituales de alabanza al Augusto Sacramento, que tanto servían, también, de divertimento a todo el pueblo.
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Corpus Christi de Sevilla
En el Renacimiento, la Iglesia (religión, cultura y pueblo) sale en pleno de la Catedral a la calle para que Sevilla sea toda entera el mismo cuerpo de Cristo. De ahí, que muchas de las actividades culturales que desde la baja Edad Media se celebraban en su interior, pasasen a formar parte de un amplísimo cortejo integrado por ingeniosos carros, como la Tarasca, que representaba los vicios y pecados de la sociedad, junto a representaciones alegóricas de distintos personajes mitológicos (Hércules), históricos (Julio César), literarios (El Quijote) y bíblicos (Sansón y Dalila). Todo ello, sin que faltasen los espectáculos teatrales de las vidas de los Santos, Autos Sacramentales y de las Virtudes teologales (Fe, Esperanza y Caridad), ni caracterizaciones de la grandeza política y religiosa de la ciudad, (Giralda, Catedral y Guadalquivir). Esta manifestación religiosa, de carácter renacentista terminó barroquizándose, en las últimas décadas del siglo XVI, y aumentó su teatralidad escénica en la calle, por la necesidad surgida después de Trento, de hacer ver a los protestantes en qué consiste la transustanciación (la conversión de las especies del pan y vino en el Cuerpo y Sangre del Señor). No se trataba únicamente de una festividad litúrgica, sino de la celebración de una auténtica feria, que transcurría durante los días de su octava. Se instalaban puestos de turrones en torno al itinerario, se organizaban juegos de cañas y de toros, y había permisividad para comer y beber, en claro contrapunto a la austeridad penitencial de la Semana Santa. Todas estas circunstancias favorecieron que esta fiesta fuera multitudinariamente seguida.Durante varios siglos, el Corpus fue la solución a la integración de los gitanos en Sevilla. Aquí, la gitanería ha alcanzado un grado de convivencia superior al de otros lugares del país. La admiración que sentimos hacia ellos, ha contribuido a que se admitan muchas de sus costumbres, como buenas. Le debe la cultura sevillana importantes legados, como la influencia de muchas de sus formas festivas y estéticas (atuendo, convivencia, estética de la romería y la expresión musical a través del cante y baile flamenco). Con el tiempo, los gitanos han llegado a compartirlas con nosotros los sevillanos, sin que ellos nunca renunciasen a su propia personalidad. No olvidemos que la raza calé –inspiradora, por ejemplo, de que nuestras mujeres se vistan hoy de gitanas para acudir a las principales fiestas– le ha enseñado a Sevilla la alegría de vivir.
Fuente: http://sevilla.abc.es/sevilla/sevi-bailes-gitanos-corpus-sevilla-201605311600_noticia.html
JULIO MAYO ES HISTORIADOR





