LA MUJER EN LA SEGUNDA REPÚBLICA: DERECHOS CONQUISTADOS Y PARTICIPACIÓN SOCIAL

1859

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Asociación Comarcal Pro Memoria Democrática Vega Media del Guadalquivir realizará en Villaverde del Río un acto público el 22 de febrero, dedicado a la mujer en la Segunda República para poner de manifiesto las conquistas democráticos conseguidos en aquella etapa histórica en el camino hacia hacia la igualdad de hombres y mujeres.

La mujer en la Segunda República: derechos conquistados y participación social
(Un impulso permanente para nuevas conquistas en derechos e igualdad)
Presenta:
Paky Bejarano Albalá, presidenta de la Asociación Comarcal Pro Memoria Democrática Vega Media del Guadalquivir
Ponentes:
Pura Sánchez Sánchez, profesora de Lengua Castellana y Literatura, escritora e investigadora de la Memoria Histṕrica de Andalucía
Alba Moreno Diaz, estudiante de Soiciología y Ciencias Políticas de la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla)

Fecha: Día 22 de febrero a las 19 h.
Lugar: Centro de Mayores de Villaverde del Río
Calle Cardenal Spínola, 14

Esta Asociación de Memoria Democrática se ha propuesto dedicar el año 2018 a la mujer, a sus conquistas republicanas, pero también a la pérdida brutal y despiadada de derechos y vidas por la represión política comenzada en 1936, como consecuencia de la sublevación militar contra la República y el poder constitucional, y continuada por la dictadura franquista. De ahí que el ACTO CENTRAL de este año, que se celebrará el 14 de abril en el Centro Cultural de la Villa de San José de la Rinconada, estará dedicado a las mujeres de nuestra comarca víctimas de la represión entre1936 y 1950.

DOCUMENTO DEL MES: LA DOTE: EL ALGO QUE DA LA MUJER AL MARIDO POR RAZÓN DE SU CASAMIENTO

1309Las Partidas (4,11,1) habían definido la dote como «el algo que da la mujer al marido por razón de casamiento…, con entendimiento de se mantener, e ayuntar al matrimonio con ella»; pero cuando los textos legales posteriores y los documentos de aplicación del derecho hablan de dotes se refieren a las donaciones que los padres, conjuntamente y de sus bienes comunes, hacen a sus hijas en atención a su próximo matrimonio, a cuenta de sus derechos sucesorios, con el fin de colaborar en el mantenimiento de la nueva familia y de garantizar la subsistencia de la hija, y sus posibles descendientes, para el caso de que enviudara.

Los Protocolos Notariales se convierten en una fuente de información básica para el estudio de de la función de la dote en la institución del matrimonio, desde sus dos vertientes, la social y la económica, ambas estrechamente relacionadas. También otras instituciones, como la Casa Hospital de la Misericordia de Sevilla, o instituciones judiciales, han dejado testimonio documental de la importancia de la dote para la mujer desde la edad media hasta su desaparición como institución en época muy reciente, a finales del siglo XX.

La carta de dote es un documento jurídico presentado ante notario que la mujer lleva en el momento de contraer matrimonio. Permite analizar la procedencia social de las mujeres, pertenecientes habitualmente a la pequeña nobleza urbana, a familias de artesanos, trabajadores o pequeños propietarios agrícolas. Su estudio arroja datos sobre la base económica aportada al matrimonio según el grupo social al que pertenece la mujer. Los elementos principales que componen la dote son una cantidad en metálico y el resto en objeto, reflejados de manera genérica como ajuar, ropas, joyas y preseas de casa. Para conocer el detalle de estos objetos hay que acudir a las cartas de recibo o reconocimiento de dotes, las cuales indican además el precio de cuantos utensilios se empleaban en el hogar. La carta de reconocimiento de dote más antigua que conservamos en los Protocolos Notariales de Sevilla se encuentra en el Registro notarial de Fernán García, de 1442, en el que Pedro Martínez de Carmona, vecino de Triana, reconoce, tras doce años de casados, la dote que aportó al matrimonio Marina Alfonso. Esta dote estuvo valorada en 3300 maravedíes, el ajuar de casa, varios animales de labor y cuatro cahíces de tierra.

También los inventarios de bienes nos permiten obtener una información cuantitativa y cualitativa de los distintos componentes del ajuar doméstico de las mujeres. Es el caso de la declaración de Inventario que hace el marqués de Iscar sobre los bienes que llevó a su poder la señora marquesa de Iscar, su esposa difunta, en el año 1829. El marquesado de Íscar fue uno de los títulos más representativos de la Sevilla dieciochesca y decimonónica. En este caso la dote de un miembro de la nobleza permite estudiar un modelo de vivienda andaluza de alto nivel económico y social.

Para el otro extremo de la escala económica, existían instituciones encargadas de gestionar los bienes que diferentes personas, a través patronatos, fundaciones, capellanías o dotaciones, destinaban a dotar doncellas pobres o huérfanas. Los expedientes informativos sobre doncellas y los libros de doncellas dotadas de la Casa Hospital de la Misericordia de Sevilla reflejan esta función desde 1533 hasta 1848.

Por último, muchas mujeres se vieron obligadas a pleitear contra sus maridos, cuando éstos hacían un mal uso de los bienes dotales. Los fondos judiciales proporcionan muchos datos sobre la institución dotal, ya sea en los expedientes de divorcios, o en los inventarios de bienes, o en pleitos entre herederos, al no estar conformes con la partición de bienes hecha en una testamentaría. Valga como ejemplo el pleito interpuesto en 1831 por María Josefa Ramírez contra el coronel retirado Hilario Santos Ramírez, su marido, sobre disipación de dote.

LA PRIMERA MUJER SEVILLANA A LA QUE LLAMARON GIRALDA

Un documento en el archivo del Arzobispado data en 1571 el apodo de «Jiralda» aplicado a Juana Martín

Referencias en los archivos Hasta ahora, la primera referencia que se tenía del nombre de Giralda era un manuscrito fechado en 1592 que se custodia en la Biblioteca Colombina El apodo de una devota sevillana Juana Martín la Giralda aparece mencionada en un expediente de capellanía fundada en la iglesia de Santa María de la Blanca en 1571, el año de su muerte.

HASTA ahora, la referencia escrita más antigua que designa como Giralda a la figura de bronce conocida hoy con el nombre de Giraldillo, data del año 1592 y la proporciona un manuscrito de la Biblioteca Colombina, como ponen de manifiesto Teresa Laguna e Isabel González Ferrín, en el libro «La Giganta de Sevilla». Algunos expertos han llegado a relacionar su significado con cierto mecanismo giratorio, o veleta, semejante al molinito de papel apuntado por el profesor Rogelio Reyes Cano. Otra interpretación distinta sugiere que pudo haber tomado el nombre de un personaje de la literatura cancioneril del Quinientos, reseñado en los romances como Gila Giralda, según los profesores Alfonso Jiménez y Solís de los Santos. Pero un nuevo hallazgo documental permite ahora adelantar la existencia del nombre, veinticinco años antes de la fecha brindada por la crónica, aunque lo asocia en este caso con una mujer de la ciudad. Cuando la victoriosa Giralda se encaramó a la torre el año 1568, era ya anciana una sevillana muy beata, domiciliada cerca de la Catedral, que tenía por nombre Juana Martín, a quien el pueblo curiosamente también llamaba la Giralda.

En el Archivo General del Arzobispado de Sevilla se conserva la portadilla de un expediente de capellanía fundada en la iglesia de Santa María la Blanca en 1571. Allí aparece enunciado que su constituyente había sido Juana Martín «la Jiralda» (sic). El contenido define cómo había de oficiarse la memoria de misas por la salvación de su alma, con el aporte económico de la renta que se obtuviera de una casa del barrio de Santa Cruz, ubicada en la calle del Horno. Además, dejó estipulado que el oficiante de las misas fuese un cura primo hermano suyo, llamado Pedro Delgado, hijo de su tío carnal, Pedro Martín.

Entre los libros del notario Gaspar de León conservados en el Archivo Histórico Provincial, hemos podido localizar varios testamentos que realizó en vida y diversos codicilos otorgados en 1571, año en el que falleció. Gracias a estos, sabemos que hubo de ser una feligresa asidua de Santa María la Blanca y la parroquia del Sagrario, a cuya Sacramental legó cierta cantidad económica. Estableció una importante amistad con algunos de los canónigos y otros ministros eclesiásticos de la Catedral. Su fervor le llevó también a contribuir con algunas religiosas, como lo testimonia el apoyo dispensado a su sobrina Leonor Martín, que terminó profesando como monja, y, sobre todo, a destinar buena parte de la fortuna que amasó a la obra pía que hemos descrito. Contrajo matrimonio dos veces. Su primer marido fue Francisco de Salamanca, con el que tuvo varios hijos. Tras enviudar, formalizó segundas nupcias con Andrés de Talavera, probable artesano de la cerámica. Tengamos en cuenta, que una de las escrituras de adjudicación de tributos suscrita por doña Juana señala el gravamen que ejercitó de una vivienda de la calle de San Jacinto a favor de la fábrica de Santa María la Blanca.

Giralda, nombre de mujer

Esta documentación descubierta no precisa si Juana recibía el apelativo en razón de su posible altura desmesurada, en caso de la similitud de su esbeltez con la figura de la torre o por tradición familiar. Era muy usual en aquel tiempo utilizar nombres de pila, o incluso alguno de los apellidos, como apodos. Nos hemos propuesto investigar, con rigor, si Giralda había llegado a ser empleado onomásticamente por las féminas en nuestra ciudad como el de Giraldo. Dos cartas de embarque al Nuevo Mundo, del Archivo de Indias, nos sirven para comprobar que Giralda todavía era un nombre femenino, e incluso apellido, en la Sevilla de los años finales del siglo XVI e inicios del XVII. Son los casos de Giralda Flores y Petronila Giralda, madres de personas que marcharon a América en 1602 y 1628, respectivamente. En el Siglo de Oro, pervivía todavía aquí el uso de un nombre cuya ascendencia se retrotraía a época medieval. En el antiguo reino de Aragón se documenta, en 1246, a Ápoca de Giralda Laxafarra, vinculada a un monasterio de Montearagón, del municipio de Quicena, en la provincia de Huesca. O el de Giralda Ciutadella, de la zaragozana localidad de Daroca, en 1389.

Giralda no era nombre de carácter profano sino sagrado como el de San Giraldo, un mártir godo de origen alemán, incluido en el santoral mozárabe hispalense desde los tiempos del rey Fernando III, como documentó hace unos años el canónigo archivero don Pedro Rubio. La Iglesia sevillana conmemoraba su festividad litúrgica el 13 de octubre, pese a hacerlo hoy el día 23 del mismo mes, junto a la de los obispos San Servando, San Germán y San Teodoro, de tan amplia tradición histórica en nuestra ciudad.

El nombre de Giraldo se prodigó en estas latitudes durante la segunda mitad del siglo XVI no con escasa frecuencia. Así lo hemos comprobado en padrones y partidas sacramentales de nacimiento, matrimonio y defunción de la parroquia del Sagrario. Uno de los paradigmas más llamativos lo constituye Giraldo Mayo, un francés casado con una sevillana en 1584 cuyo nombre honra lógicamente al célebre benedictino del país vecino San Geraldo de Aurillac. Su abadía se localiza en la ciudad del mismo nombre, de la región AuverniaRódano-Alpes, a los pies del camino hacia Santiago de Compostela.

La hija de Giraldo Gil –a nuestro entender– de Estupiñán, conquistador de la ciudad colombiana de Buga en 1555, se llamó Giralda Gil, como inmortalizó la coplilla popular antes citada. Esto nos hace pensar que las descendientes de los Geraldos que recibiesen la versión femenina del nombre tuvieron que terminar formalizándose como Gerardas. Esta palabra, que posee un origen etimológico alemán del tiempo de los godos, quiere decir lanza o guerrera audaz. Un significado bastante coincidente con lo que representa la figura de bronce bautizada en sus inicios como Giralda.

Triunfo de la Iglesia

Expresa una partida del Libro de Adventicios de la Catedral correspondiente al año 1568 que fueron necesarios hasta 18 moriscos para transportar desde el taller del fundidor, Bartolomé Morel, el enorme remate que «tiene por nombre la Fe Triunfo de la Iglesia». De este modo tan colosal, conmemoró Sevilla las distintas victorias que la monarquía hispánica había conseguido sobre los enemigos de la religión católica –terminado el Concilio de Trento–, como la cosechada contra los luteranos de la Florida en 1565. Justo el mismo año que se iniciaron las obras de recrecimiento del cuerpo almohade de la torre, bajo la dirección del arquitecto Hernán Ruiz. Sevilla proclamaba así a los cuatro vientos ser la salvaguarda de la fe, donde se habían gestado y promovido, como cabecera de la Armada, todos aquellas contiendas libradas en defensa de la fe católica, frente a una Europa contaminada de protestantismo o a otros lugares en los que se imponía el infiel musulmán.

Los atributos que exhibe la efigie giratoria no simbolizan las virtudes teologales propias de la fe (no lleva el cirio encendido, una iglesia por tiara, los Evangelios o las Tablas de la Ley en las manos ni el cáliz), sino que muestran otras cualidades relacionadas con la guerra, representadas por el casco y la coraza guerrera, reforzada con símbolos de fortaleza como las figuras de león que adornan el calzado. San Pablo lo dijo: «Revestíos de la armadura de Dios», invitando con ello a tomar las armas guerreras para defender la fe. Entiéndase bajo una clave espiritual para la Iglesia militante que tanto prevaleció en aquel momento posconciliar. La profesora Morón de Castro defiende que el Cabildo Catedral trató de convertir una figura que es, a su juicio, una alegoría de la virtud de la Fortaleza, en una imagen de «Fe triunfante». Argumenta que esta fue la razón por la que se pintó, ya luego, una vez terminada de fundir, un cáliz sobre el escudo que se ha borrado con el tiempo.

No pueden pasar desapercibidos los atributos bélicos que con tanta maestría encarnan en esta «Mujer guerrera» una perseverante actitud combatiente, muy bien estudiados por la profesora María Jesús Sanz. Su plasmación se inspira claramente en la mitología clásica, tan común en las pinturas de la corte de Felipe II, y nos muestra a la diosa Palas Atenea muy similar al de una estampa de Marcantonio Raimondi, que identificó en su momento el profesor Juan Miguel Serrera. Pero la figura de la Giralda tampoco se aparta demasiado de la alegoría femenina que simboliza a la monarquía hispánica en el cuadro de Tiziano, titulado «La religión socorrida por España», en el que luce una coraza (sustituida por la túnica en el grabado de Giulio Fontana). Por tanto, aquí solo caben dos interpretaciones: que simbolice el triunfo de un catolicismo combatiente o la victoria del imperio universal español sobre otras creencias. Orgulloso tuvo que sentirse el propio rey, Felipe II, cuando vino a Sevilla en 1570 y subió a la torre donde aparece inscrito como «Dueño del mundo».

Faro del río

Los relieves que decoran la torre están orientados hacia los 32 vientos que conocían los navegantes del siglo XVI. En aquella Sevilla portuaria, dependiente del río, la funcionalidad de esta veleta monumental resultó crucial. Desde muchas millas, se avistaba el anuncio de la Giralda y la marinería podía prever la orientación dominante, pues se hizo giratoria hacia todas las regiones para detectar la tempestad del cielo, como significa la propia inscripción laudatoria de la torre.

Pero lo que no deja de ser sorprendente es que al Giraldillo lo conociesen en sus orígenes con el sobrenombre popular de «la Santa Juana». ¿Tendrá que ver algo con nuestra Juana Martín, aquella sevillana que, por los mismos días en que se modelaba, también llamaron la Giralda?.

Fuente: http://sevilla.abc.es/sevilla/sevi-primera-mujer-sevillana-llamaron-giralda-201707170944_noticia.html

OTRA MUJER EN LA VIDA DE CERVANTES

0868Miguel de Cervantes tuvo «una relación personal especial» con Magdalena Enríquez, bizcochera, vecina de Sevilla, casada y madre de dos hijos, según dice a Efe José Cabello Núñez, archivero municipal de la Puebla de Cazalla (Sevilla), quien ha investigado esta figura tras hallarla en un documento cervantino.

Magdalena Enríquez figura en las biografías del autor del Quijote, pero su relación con Cervantes fue de tanta confianza que el autor le concedió poder notarial para que le cobrara su sueldo como recaudador de impuestos.

El nombre de la mujer figura en dos de los seis documentos cervantinos -uno con firma del autor del Quijote- que Cabello Núñez ha descubierto en los dos últimos años en archivos históricos de Sevilla, hallazgo que ha ido completando con otros nuevos relacionados con Enríquez que ha localizado en el de Indias y en el de Protocolos Notariales de Sevilla, todos ellos aun inéditos.

El investigador se puso sobre la pista de Magdalena Enríquez gracias a un poder notarial fechado en Sevilla en julio de 1593, otorgado por el autor del Quijote a esta mujer con la que nunca antes se le había relacionado.

«Ante escribano público, Cervantes la facultaba para que en su nombre cobrara el salario que la Casa de la Contratación de le debía -19.200 maravedís- por sus servicios como comisario real de abastos», según Cabello Núñez.

El primero de los nuevos documentos localizados recientemente -igualmente inédito hasta ahora-, es la carta de pago que el 28 de marzo de 1594 otorgó Magdalena Enríquez a favor de la Casa de la Contratación, acreditativa de haber cobrado el salario de Cervantes, nombre que también figura en el documento.

Transcurrieron ocho meses desde la fecha de aquel poder notarial de 8 de julio de 1593 y el justificante o recibo de 1594 en el que Magdalena reconoce haber recibido el salario de Cervantes.

Durante ese periodo de tiempo, Cervantes siguió ejerciendo como recaudador en pueblos sevillanos, y supo de la muerte de su madre, Leonor de Cortinas, acaecida en Madrid el 10 de octubre de 1593.

Ese nuevo documento notarial ha permitido al investigador adentrarse y profundizar en la vida y personalidad de esta mujer, fijando su domicilio, su estado civil y su nivel de formación, «desvelando parte del misterio que hasta ahora rodeaba a su persona».

La relación entre Magdalena y Miguel «fue mucho más allá de la puramente comercial, formando parte de un privilegiado círculo de amistades que Cervantes cultivó en Sevilla, como fue el caso de Tomás Gutiérrez de Castro, cómico y dueño de una de las posadas más afamadas de Sevilla, en la calle Bayona -actual Federico Sánchez Bedoya- donde también tenía Magdalena su domicilio».

Magdalena, años más tarde, ya casada en segundas nupcias con el bizcochero Francisco de Montesdoca, quien también fue comisario real de abastos como Cervantes, actuará como madrina del bautizo de un hijo de Tomás Gutiérrez, acto social que recogió el académico Norberto González Aurioles en «Cervantes y el Monasterio de Santa Paula de Sevilla», publicado en 1912.

Según las primeras conclusiones de Cabello Núñez, cuando Cervantes le otorga poder notarial para que cobre su salario, Magdalena era una mujer casada, y mantenía aún su estado civil en 1596 -su primer marido, con el que consta vínculo matrimonial desde al menos el año 1579, fue Cristóbal Bermúdez-.

En 1589, dos años después de que Cervantes comenzara su andadura andaluza como comisario real, Magdalena ya era madre de dos hijos, nacidos del matrimonio con Bermúdez: Ana María Enríquez y Francisco Enríquez, cuyas edades aún no ha podido precisar.

Magdalena aparece como una próspera comerciante, proveedora habitual de la Casa de Contratación de Sevilla, a la que suministraba importantes cantidades de bizcocho para las tripulaciones de los galeones de la Armada y Flota de las Indias, como lo acreditan numerosos asientos y contratos.

Cabello Núñez ha destacado que entre 1579 y 1591 Magdalena no firmaba los documentos porque manifestaba que no sabía escribir, pero que, en cambio, sí los firmará de su puño y letra desde al menos enero de 1593, meses antes de que Cervantes le otorgara su poder notarial, firmando esta carta de pago de 28 de marzo de 1594 en la que nuevamente figura el nombre de Cervantes.

Ante ese hecho, se pregunta «si la amistad de Magdalena con Cervantes y el conocimiento que ella pudiera tener de su faceta de escritor, y la amistad compartida con su vecino y comediante Tomás Gutiérrez, y de éste a su vez con autores de comedias como Mateo de Salcedo, hubieran despertado en Magdalena interés por disfrutar de la obra de Cervantes, motivándola para que aprendiera a leer y escribir».

Su marido firmaba documentos desde al menos 1579 y no parece haber mostrado interés durante esos años para que su esposa aprendiera a hacerlo, a pesar de que era Magdalena quien llevaba, desde hacía más de veinte años, las riendas de sus negocios.

ANDALUCÍA VISTA CON OJOS DE MUJER

0699Acto de presentación del libro Andalucía vista con ojos de mujer. Estudio sobre testimonios de viajeras francófonas del siglo XIX del que son autores Elena Suárez Sánchez, Olivier Piveteau y Antonio Fernández Navarro, que tendrá lugar el martes 5 de mayo a las 20,00 h. en el salón de actos de la Casa de la Provincia (Plaza del Triunfo, 3) Sevilla y correrá a cargo de Carmen Gamero Pérez, catedrática de Filología Francesa de la Universidad de Sevilla.