Julio Mayo

Uno de los principales responsables de que el tesoro no saliese para Madrid, tras su casual hallazgo el 30 de septiembre de 1958, fue Joaquín Romero Murube, que estuvo entre las primeras autoridades competentes en acudir al escenario de los hechos, como máximo responsable del patrimonio en Sevilla. Le acompañó el profesor don Juan de Mata Carriazo y Arroquia, entonces Delegado del Servicio Nacional de Excavaciones. Ambos quedaron retratados en estas páginas visitando el yacimiento.

El descubrimiento se produjo en unos pequeños cerros del término municipal de Camas, conocidos como carambolos, a tres kilómetros de Sevilla y muy cerca de la antigua Itálica (Santiponce). Los terrenos eran propiedad de la Real Sociedad de Tiro de Pichón de Sevilla, que desarrollaba unas obras de ampliación de la pista. El albañil, Alonso Hinojo del Pino, rompió con el pico una vasija que se hallaba enterrada en el suelo.

Según la ley de 7 de julio de 1911 del Reglamento de excavaciones y antigüedades, la propiedad de todo el material descubierto tenía que pasar obligatoriamente al Tesoro Nacional. En virtud de esta disposición, lo que hizo el ayuntamiento sevillano fue solicitar la custodia de las piezas, al Ministerio de Educación Nacional, una vez que se hiciese cargo el Estado de ellas. Joaquín Romero Murube y los profesores universitarios de Arte, don José Hernández Díaz y don Antonio Sancho Corbacho, convencieron al marqués de Contadero para efectuar la negociación.

El 10 de octubre se expusieron en el Ayuntamiento todas las piezas, y el acuerdo de la comisión municipal permanente tuvo lugar en la sesión celebrada el 15 de octubre de 1958. El arqueólogo Fernando Amores alaba la heroica consecución. En su libro dedicado al estudio de la colección arqueológica municipal (2014), cataloga la gestión como verdadero acto de valentía «frente al aparato del Estado en pleno franquismo».

Al concluir la campaña de prospección se elaboró un detallado inventario de todo lo encontrado, que se elevó a escritura pública ante notario. Después, las joyas pasaron a depositarse, con grandes medidas de seguridad, en la entidad bancaria descrita por Joaquín Romero Murube en su artículo «La ironía de El Carambolo». La primera fotografía de las piezas reunidas la hizo Serrano para nuestro periódico, que la difundió el 11 de octubre de 1958, después de la presentación oficial. El traspaso del tesoro al Estado no se cumplimentó legalmente hasta el sábado 24 de febrero de 1962.

El acto de entrega se formalizó en el despacho de la alcaldía, donde el presidente de la Sociedad de Tiro de «El Carambolo» hizo entrega de las joyas al director general de Bellas Artes, don Gratiniano Nieto Gallo. Pero, realmente, era para depositarlas en el Museo Arqueológico. El ayuntamiento hizo constar en acta la petición de obtener el derecho de adquisición del tesoro al Estado. Hasta 1963, no concluirían las obras de reforma del pabellón de la plaza de América, donde Joaquín Romero Murube había propuesto que se instalara el museo en 1947, cuando ejercía como comisario para la Defensa del Patrimonio Artístico Nacional (P.A.N.) en Sevilla.

El eminente medievalista, Mata Carriazo, refiere en su obra «Protohistoria de Sevilla (1980)» que pudo analizar la figurita pequeña de bronce que representa a la diosa Astarté, cuando paraba en manos de Joaquín Romero Murube, antes de ser llevada ya al Museo Arqueológico. La diminuta efigie, al parecer encontrada por otro obrero en el Carambolo, en opinión de don Juan, no correspondía al conjunto que nos ocupa por tratarse de una pieza de evidente importación. También pasó al mismo museo el conocido como «bronce Carriazo», tras ser encontrado en el Mercado del Jueves, pues representa a la divinidad fenicia Astarté, cuya gigante recreación luce ahora en la entrada de Camas como diosa de las marismas, muy cerquita de mi verdadero alhajamiento.

Defensor del patrimonio

Joaquín Romero Murube comenzó a desempeñar el cargo de comisario de la Defensa del Patrimonio Artístico Nacional en el área de Sevilla, en 1938, cuando todavía no había concluido la Guerra Civil. Su encomienda era la de obtener información detallada de todos los elementos patrimoniales que integraban el tesoro artístico de este sector. Luego, lo fue también para la zona occidental de Andalucía. En el año del hambre, 1940, mantuvo una intensa actividad en esta comisaría. Entre sus actuaciones pueden destacarse la remodelación del Museo de Bellas Artes, cuyo edificio mejoró con el traslado de la portada barroca de la desaparecida iglesia a la parte de su fachada, como luce hoy. Además, consiguió que el ayuntamiento arreglase la plaza delantera.

Itálica

En febrero de 1940, comunicó al director general de Bellas Artes su propósito de trasladar la sección de arqueología a la plaza de América. Se preocupó muchísimo por el estado de las ruinas de Itálica. Precisamente, a finales de 1940, se descubrió la Venus, después de que el alcalde de Santiponce pusiera en conocimiento de Joaquín que había parecido en un corral de su pueblo «una muñeca de mármol, muy grande y en cueros». Aquella anécdota la recoge en su libro sobre Francisco de Bruna y Ahumada (1964), en el que ha dejado magistralmente narrada la mañana que apareció una de las esculturas más bellas que se conservan en el Museo Arqueológico. Hasta los gastos del levantamiento y traslado de la estatua tuvieron que correr por cuenta suya, debido al escaso fondo con el que contaba la comisaría.

Aquellos años en los que se encargó de la Delegación de Patrimonio, simultaneándolos también con la concejalía de Fiestas, consiguió traer de Madrid los tapices de la conquista de Túnez y el cuadro de la Virgen de los Mareantes para el Alcázar. Hizo las gestiones para la recuperación del cuadro de Santa Isabel de Hungría, pintado por Murillo, que se habían llevado los franceses de la iglesia de la Caridad a Madrid, e impulsó la creación de la Escuela Superior de Bellas Artes de Sevilla.

Fuente: https://sevilla.abc.es/sevilla/sevi-joaquin-romero-murube-artifice-custodia-carambolo-201911180737_noticia.html

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